A pesar de los enormes sacrificios de los países rescatados, el Viejo Continente aún no ve la luz al final del túnel. Merkel piensa en el largo plazo. Sin embargo, podría requerirse de mucha más cooperación del bloque, o un cambio radical de perspectiva para que la Unión salga a flote.

 

Por: Abraham Isaac Vergara Contreras*

 

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Hace algunos días la canciller alemana, Angela Merkel, comentó ante estudiantes universitarios de su país que para superar la crisis se requieren de años y no de días. Seguramente sus palabras causaron desmotivación entre los oyentes en primer instancia y posteriormente en los lectores y escuchas de noticias.

¿A qué se deben sus comentarios? ¿Qué nos está queriendo decir? Por un lado nos dice que se ha encontrado el camino hacia la recuperación económica y que es cuestión de tiempo. O por otro lado negativo nos indica que existen condiciones económicas y financieras en el ambiente de algunos países ejes que causarán el hundimiento de la Unión Europea.

Lo que es una realidad en la crisis de la zona europea son los comunes denominadores que los países con problemas han enfrentado, las principales características comunes han ido desde una burbuja inmobiliaria, pasando por el debilitamiento de bancos que han participado en la inversión de deudas soberanas de varios países, problemas estructurales en sus sistemas financieros, altos niveles de desempleo, programas sociales establecidos por los gobernantes que van más allá de las posibilidades financieras de los países, hasta un déficit público elevado y sin crecimiento económico. La debacle.

La mayor paradoja de la situación económica y financiera actual de los países de la zona euro es que algunos presentaban tasas de crecimiento económico positivas y sostenidas durante algunos años, inversiones constantes, aparentemente sin problemas de empleo, tasas de rendimiento positivas para los ahorradores, los adultos mayores vivían bien con sus recursos ahorrados en sus pensiones, los mercados financieros ofrecían ganancias con riesgo moderado. El paraíso.

Al despertar, la crisis. El ejemplo más reciente de esa inadecuada toma de decisiones por parte de los gobernantes: Chipre. Una vez más aparecieron las características de la debacle europea, y una vez más apareció la troika para rescatar a otro país, esta vez uno pequeño que hizo temblar a toda la Unión. El rescate trajo como consecuencia una reducción significativa del tamaño de la banca chipriota y un deterioro en los bolsillos de los chipriotas.

A diferencia de otros rescates, un detalle que resulta trascendente, distinto, que orienta las decisiones hacia un nuevo esquema: por fin el dinero del rescate no se destina a la recapitalización de la banca, además accionistas, tenedores de bonos y depositantes con más de 100,000 euros asumen pérdidas para rescatar al sistema financiero.

El país líder de la zona europea respira, tiene pleno convencimiento de haber encontrado el camino para orientar los apoyos (rescates) financieros para países que un futuro presenten problemas económicos. Al parecer se empiezan a castigar las malas decisiones de gobernantes, empresarios y grandes inversionistas. Sin embargo, cabe preguntarse, ¿se aplicarán las mismas condiciones en países con economías con mayor peso dentro de la Unión Europea?

La canciller alemana apela al tiempo en años, ¿tendrá razón? Tiene sus motivos para pensar así, principalmente porque uno de los países que iniciaron con la crisis está en vías de “recuperación”.

Irlanda después de más de dos años en crisis presenta un crecimiento económico menor al 0.5%, se espera que para el esperando 2014 el crecimiento se triplique, eso sí, el logro se fundamentó en el plan “Merkel” de austeridad, una serie de siete ajustes presupuestarios para reducir el déficit de un 32% (2010) a 7.7% (2012).

También se recortaron sueldos a funcionarios gubernamentales, así como se eliminaron plazas, se elevó el IVA, se incrementó la edad de la jubilación, se modificaron los planes de pensiones. En paralelo se desarrolló un plan para reducir el desempleo, el cual actualmente oscila en un 14%. Con los recursos del rescate la banca irlandesa fue reestructurada y con esto se obliga a los bancos a dar créditos a empresas solventes. La cereza del pastel en este camino de recuperación es la disminución de la prima de riesgo y el acceder de nueva cuenta al financiamiento en los mercados. Los inversionistas empiezan a sentir confianza en el país. ¿Viene en camino de nueva cuenta al paraíso?

Considerando estas circunstancias, la canciller tiene parte de razón al indicar que salir de la crisis lleva años, al menos la experiencia irlandesa se la da. En el horizonte de este año las veladoras están puestas en Portugal, la luz se ve lejana pero ya se ve. Los lusos poco a poco han venido recobrando la confianza entre sus socios e inversionistas internacionales.

Las medidas para solventar la crisis, en general las mismas que en Irlanda. La principal: austeridad, y con ella lograr la reducción del déficit público. En la economía de Portugal destaca el incremento en siete puntos de la cotización de los trabajadores en la Seguridad Social, que ahora es del 18%, para las empresas se redujo del 23.75% al 18%. El objetivo de las medidas es restaurar la sostenibilidad de las finanzas públicas y a partir del segundo semestre de este 2013 se alcance cierto crecimiento en el país. Toda Europa está orando.

Con este horizonte basado en Irlanda y Portugal y aceptando la hipótesis de tiempo de la canciller, se solicitan mayores sacrificios al resto de países con problemas para continuar con el plan austeridad y superar de manera definitiva la crisis en los años que están por venir.

A Italia, España y Grecia se les pide mejorar sustancialmente el tema de desempleo, por lo que es importante generar procesos que activen la liberalización del mercado laboral, con la cual es fundamental realizar reformas que conlleven a estos países a superar la rigidez dentro de sus mercados laborales.

Por su lado, para sortear la crisis Francia debe centrar sus esfuerzos en los planes de consolidación pero no únicamente enfocándose en el aumento de los ingresos, sino también en la reducción del gasto público.

Hoy con un euro estable y aceptando que la crisis se llevará algunos años, es necesario que se vayan dando resultados paulatinos para mejorar a la brevedad la calidad de vida y situación de empobrecimiento que han enfrentado irlandeses, griegos, portugueses, españoles, chipriotas e italianos. Los beneficios macroeconómicos deben reflejarse en los bolsillos de la gente para restablecer la confianza en los líderes europeos y en los gobernantes.

 

*Académico del Departamento de Estudios Empresariales de la Universidad Iberoamericana.

 

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