El nombramiento de la Ciudad de México como Capital Mundial del Diseño en 2018 promete tener un impacto en la industria si sabe transformar el city branding en una oportunidad de negocio. Hablamos con Kari Korkman, fundador de Helsinki Design Week y una autoridad a nivel global, sobre esta oportunidad.

Existe una sutil conexión entre la Ciudad de México y Helsinki, dos capitales geográficamente muy alejadas entre sí, pero con grandes similitudes en algunos ámbitos, como las industrias creativas. La capital de Finlandia fue nombrada World Design Capital en 2012 y, desde entonces, se ha convertido en una de las mecas globales hacia las que se dirigen todas las miradas. Eso es, precisamente, lo que quiere que se produzca, el año que viene, Emilio Cabrero, director de Design Week México, y uno de los principales impulsores del nombramiento de la Ciudad de México como Capital Mundial del Diseño en 2018.

Finlandia es un caso único en Europa (y en el mundo). El diseño es uno de los sectores económicos más dinámicos de este país (hay quien habla de un 20% del PIB), cuyos grandes activos son la madera, los metales, la ingeniería, las telecomunicaciones y la electrónica. Kari Korkman, fundador y ceo de Helsinki Design Week, y una de las figuras más reconocidas a nivel mundial en el ámbito del diseño, nos desvela, en exclusiva, lo que supuso para Helsinki ser elegida como Capital Mundial del Diseño y el impacto que tal designación tendrá en la industria mexicana. “El principal propósito que debe tener una ciudad cuando se plantea ser Capital Mundial del Diseño es hacer city branding. Para Helsinki, el significado fue la oportunidad de unificar todos los elementos que forman parte de esa industria: diseñadores, escuelas, instituciones, gobierno, compañías… De algún modo, se convirtió en un movimiento y eso es lo que va a pasar en México”, augura.

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“Espero que los diseñadores y marcas de México sepan utilizar y sacar provecho del momento, en términos de negocio”, Kari Korkman

La “Capital Mundial del Diseño” es un título que se concede cada dos años a una ciudad que utiliza creativamente el diseño como herramienta de desarrollo social, económico y cultural. La distinción es otorgada por el Consejo Internacional de Sociedades de Diseño Industrial (ICSID), quien selecciona a la ganadora entre una terna final de tres capitales. La más reciente, en 2016, fue Taipei. “Espero que diseñadores y marcas sepan sacar provecho del momento. Tienen que ser fuertes. Es algo que Emilio está haciendo muy bien, al unir arquitectura y diseño”, señala Korkman.

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Emilio Cabrero está de acuerdo en que la clave es unificar a todos los actores e implicarlos en un proyecto común, 100% mexicano. “Al conectar creatividad, diseño, educación, tecnología e innovación, queremos comunicar que la comunidad de diseño es una sola. Queremos hablar de la importancia que existe en vincular a las industrias creativas con la economía naranja… Aunque esto ya está reconocido en países como Brasil, Perú, Argentina y Colombia, donde hay iniciativas claras por parte de los gobiernos locales y federales para apoyar a estas industrias, queremos dejar clara la importancia que puede tener para la economía mexicana”.

Kari Korkman

Pero, ¿cómo trasladar la creatividad a una idea de negocio? Cabrero es consciente de que “en otros países, la creatividad se transforma en propiedad industrial, en una serie de marcas que tienen apoyos locales, federales y de inversionistas, con startups para crear negocio”. Lo importante, añade, “es que estas marcas tengan una plataforma que no sea artesanal, que es lo que está sucediendo aquí: los diseñadores mexicanos producen de manera artesanal e, incluso, una gran parte de lo que se hace tiene un vínculo muy fuerte con los artesanos. Hay que crear una plataforma industrial para que los diseñadores mexicanos puedan vender más aquí y afuera”.

Por su parte, Korkman señala que un año es un período muy corto. “El plazo es tan breve que hay que aprovecharlo al máximo con decisiones que trasciendan ese periodo, como la fundación que surgió en Helsinki y que hizo a todos mirar afuera de la caja. Por eso, hay mucho trabajo por hacer”. Cabrero coincide en que lo más importante es que la “capitalidad” se traduzca en “un legado importante: desde tener una sede hasta un centro de investigación y estudio que permanezca después de 2018. Sobre todo, vincularnos con el siguiente gobierno para que todo esto sea más global”.

EL MILAGRO FINLANDÉS

Tras la II Guerra Mundial, en los años 50 y 60, Finlandia se estaba recuperando de la posguerra. Ésa fue la edad de oro del diseño finlandés, con nombres como los de Eero Aarnio y Alvar Aalto, o marcas como Marimekko, Iittala o Artek. “Era un diseño muy pragmático, que hizo que los finlandeses apreciemos la importancia del producto. Ahora estamos en otra fase, en la que, más que de productos, hablamos de procesos y servicios. Una vez que tenemos ese conocimiento, confiamos más en nosotros mismos y cada vez son más los ceo y directores que aprecian esto. Es sólo cuestión de tiempo para que los diseñadores terminen ocupando cargos con capacidad de decisión dentro de estas organizaciones”, vaticina Kari Korkman.

En la actualidad, Helsinki cuenta con un Design District que constituye un núcleo de creatividad en el centro de la capital: en sólo un kilómetro cuadrado se distribuyen más de 180 comercios, galerías y restaurantes de moda. El área alberga el Museo del Diseño, el Museo de Arquitectura y el Design Forum Finland.

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