Una puede tener colgada en la pared muchos tipos de belleza. Yo escojo esta porque no está hecha, sino que se hace cuando la miro, cada vez que la miro; y siempre es distinta como lo soy yo a cada instante que pasa. Me implica, no me canso de contemplarla.

En ese mismo instante, o quizá en el siguiente no sabría decirlo, siento que al contrario de lo que me sucede con el recuerdo de la Gioconda o de la Meninas, jamás poseeré esta obra en mi memoria. No de la misma manera. ¿Qué ángulo recordaría? ¿Qué mirada? ¿Qué momento? ¿Qué luz? ¿Qué color? Aquí, la obra cambia a cada paso que doy.

Cuenta Cruz-Diez que un día, en París, un panadero le pide que explique a su mujer por qué Picasso es un genio y no un farsante. Interrumpir mucho tiempo a un grupo de franceses esperando por su baguette no es una buena idea así que el artista improvisa una de esas frases que prueban la solidez conceptual de su trabajo: “Picasso inventó un nuevo lenguaje en la pintura… de ahí que haya personas que no le entiendan”.

El lenguaje que creó el artista venezolano está basado en el color, y lo creó para resolver un problema del arte que le preocupaba: La imitación en una realidad estática -el cuadro-, de lo que es dinámico -la vida-. Desde la segunda mitad de los 50, Cruz-Diez crea una serie de aproximaciones artísticas al color a través de su riguroso conocimiento: Color Aditivo  basado en la radiación del color-, Inducción Cromática basada -como el cine- en la retención de la imagen por el ojo humano, Cromosaturación -basada en la saturación del ojo humano con colores que dejan ausentes a otros por completo, algo que puede llegar a producir incluso alucinaciones-… Entre estas líneas de trabajo están las Fisicromías.

Para Cruz-Diez, las Fisicromías son “trampas de luz”, y están formadas por una serie de elementos que forman el “fondo” de la obra y, otras verticales, de color translúcido, que al recibir la luz bañan ese fondo y transforman sus colores de forma que podemos ver incluso colores que no están en la pintura física.

Fisicromía Nº 554 pertenece a la tercera década, y es una obra madura y reflexiva que enamora porque implica a quien la mira, como enamoran los reflejos del agua o los destellos de la llama que, sin sometimiento la forma, nos hipnotiza. Había sitios donde la figuración no podía ir. A esos sitios remite esta Fisicromía reflejo, no sólo de un fuerte proceso intelectual y creativo, sino también de una reflexión sobre el espíritu del ser humano.

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