En época de Vendimia, ¿que mejor propósito que conocer más sobre la industria del vino nacional, probar sus riquísimos vinos y, al mismo tiempo, fomentar el consumo de productos locales y generar cada vez más empleos? Basta visitar los paraísos vinícolas del país para cumplir este objetivo.

A lo largo de los últimos 17 años, el panorama vitivinícola nacional ha pasado de ser prácticamente desconocido a contar con galardones y reconocimiento en los más reconocidos concursos internacionales, por lo que este año es el momento perfecto para explorar la deliciosa oferta del vino mexicano.

Estas son las cuatro bodegas vinícolas mexicanas que debes conocer cuanto antes:

1. Bodegas del Viento. Sierra de Arteaga, Coahuila

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En medio del escarpado terreno de la Sierra de Arteaga, cerca de la ciudad de Saltillo, se encuentran los viñedos de Bodegas del Viento rodeados del inigualable paisaje montañoso de la Sierra Madre Oriental. Este proyecto de la familia Dávila Villarroel comienza en el año 2011 bajo la dirección enológica del ingeniero José Trillo Rivas.

Su privilegiada localización, a 2,100 metros sobre el nivel del mar, le aporta a sus vinos una frescura envidiable, ya que a esa altitud los días son cálidos favoreciendo a la maduración, y las noches frescas, ideales para conservar la acidez de las uvas, dando como resultado vinos con cuerpo, estructurados y muy frescos, lo que les permite plantar y vinificar con éxito variedades de climas fríos, como la Pinot Noir.

Sus vinos son realmente sorprendentes por su equilibrio y elegancia, claro ejemplo del potencial enológico de esta tierra. El uso de uvas propias, producciones controladas y la doble selección manual de racimos, aseguran al consumidor final que lo que bebe es un producto de la más alta calidad y elaborado con mucha pasión.

Algunos de sus vinos para disfrutar este temporada: Bodegas del Viento Pinot Noir, Bodegas del Viento Merlot y Ru. Es una de las bodegas vinícolas que hay que tener en la mira.

2. Cuna de Tierra. Dolores Hidalgo, Guanajuato

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Cuna de Tierra comienza su historia en la viticultura del Bajío con uvas destinadas a la producción de Brandy; años después, se comenzó plantando uvas tintas y experimentando con su terruño utilizando diferentes variedades internacionales, y en 2009 sacan sus primeras etiquetas al mercado. A partir de entonces no han parado de recibir galardones y elogios por la calidad de sus vinos.

Juan Manchón, su enólogo, cuida cada detalle tanto del cultivo como de la vinificación, para producir 70,000 botellas anuales, en su espectacular bodega -que también ha recibido un gran reconocimiento en publicaciones y concursos de arquitectura- la cual alberga su parque de barricas de 200 unidades (50% de roble francés 25% de roble húngaro y 25% de roble americano).

Algunos de sus vinos son Cuna de Tierra Nebbiolo y Pago de Vega.

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3. La Lomita. Valle de Guadalupe, Baja California

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La Lomita es el primer emprendimiento en el mundo del vino de la familia Perez Castro, tiempo antes de comenzar con Finca La Carrodilla, quienes se instalaron en esta tierra buscando una casa para retirarse en un entorno idílico.

La Lomita es la casa familiar, con sus perros corriendo entre vides… y seamos sinceros: hay pocas cosas que pueden hacer mejor la experiencia de visitar una bodega… y conocer a las mascotas que viven entre sus vides es una de ellas. Fernando Pérez Castro, quien está a cargo de ambas bodegas, comienza la aventura de La Lomita con la vendimia de 2009.

Al día de hoy, sus vinos muestran el aprendizaje y la evolución del proyecto, puliendo, mejorando y desarrollando cada detalle, desde el lento proceso a convertirse en un viñedo orgánico certificado hasta el cambio de dirección enológica, hoy en día a cargo de Gustavo González. La Lomita es amor al diseño, al arte y a la tierra convertido en vinos elaborados bajo los más estrictos parámetros de calidad.

Algunos de sus vinos son Discreto Encanto, Sacro y Singular.

4. Bodegas Henri Lurton. Valle de Guadalupe, Baja California

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Bodegas Henri Lurton es una de las bodegas mexicanas más jóvenes y ya cuenta con importantes reconocimientos a nivel internacional. Su enóloga, Lourdes Martínez Ojeda, originaria de Ensenada, regresa a México después de años trabajando en Château Brane-Cantenac, un 2º Grand Cru Classé de Margaux, Burdeos; propiedad de Henri Lurton, quien decide invertir en el potencial del Valle de Guadalupe como región productora de vinos de calidad. Lourdes trabaja con uvas de diferentes zonas del Valle en la producción de vinos armónicos, elegantísimos y desbordantes de identidad. Es una de las bodegas vinícolas imperdibles en el país.

Algunos de sus vinos: Chenin Centenario y Le Nebbiolo.

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