El grueso de la producción fílmica mexica está enfocado a la comedia (en cualquiera de sus formas) y el melodrama. Sin ellas (dos o tres películas al año se encargan de subir los números), la taquilla luciría como un páramo desértico, dichas películas son el mayor gancho de una industria que apenas parece gatear. Sueño en otro idioma (2017), de Ernesto Contreras (Las oscuras primaveras), es una de las pocas cintas que combina la intención de ofrecer al público un cine entretenido con la presencia de temas, en apariencia, más profundos.

Las acciones de la película inician cuando un lingüista, Martín (Fernando Álvarez Rebeil), llega a un pequeño pueblo con la misión de contactar a los últimos hablantes de zikril, una antigua lengua al borde de la extinción. Su tarea lo obliga a buscar y reconciliar a Don Isauro (José Manuel Poncelis) y Don Evaristo (Eligio Meléndez), quienes durante su adolescencia eran grandes amigos y no se han dirigido la palabra desde entonces. La salvación del zikril depende de sanar su relación, sin embargo, una historia llena de amor, traiciones y represiones le espera a nuestro protagonista.

El trabajo más reciente de Ernesto Contreras busca cruzar varias metas al mismo tiempo: entregar una comedia romántica, realizar un retrato de costumbres, entregar un mensaje de autoayuda y concientizar sobre la importancia de las lenguas indígenas en nuestro país. En la mayoría cumple a satisfacción, por eso la noticia de su triunfo en el Festival de Sundance, con un premio del público, resulta bastante lógica.

Aunque su tema central (el olvido de las tradiciones en la premura de la modernidad) la pone en un plano similar a películas como El abrazo de la serpiente (2015), Sueño en otro idioma nunca toma un camino más poético para abordar su trama. La presentación está pensada para todo público. Lo más interesante quizá, por lo poco que se ha acercado el cine nacional a dicho tópico, sea la manera en que Contreras habla del tabú que la homosexualidad sigue representando en las comunidades de provincia (acercándose así a cintas como El lugar sin límites, de Arturo Ripstein, o La región salvaje, de Escalante) y cómo la muerte significa la última barrera para aceptarnos. El futuro llegará para borrar todo y convertirnos en un recuerdo.

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Para Contreras la comunicación (verbal o corporal) y el amor son dos temas íntimamente ligados, recuerden su anterior trabajo, Las oscuras primaveras, donde los protagonistas veían sus relaciones amorosas desmoronarse por su incapacidad de entenderse, mientras otras iniciaban por la facilidad con que se iniciaba la cercanía. Los personajes de José María Yazpik e Irene Azuela vivían con la urgencia de encontrarse en el contacto de sus cuerpos. En Sueño en otro idioma, sucede algo similar entre todos los involucrados. Sin lenguaje el amor está muerto.

Sueño en otro idioma es un paso adelante en la carrera de Contreras y la confirmación de que el cine pensado para las grandes audiencias puede permitirse dejarle algo más de carne al hueso y entregar un producto entretenido.

 

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