GE de Mexico

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GE evalúa la posibilidad de instalar en México una planta de palas para torres eólicas, como parte del nuevo enfoque de la compañía en las energías renovables y la reestructura de sus negocios globales. El gigante estadounidense dejó de lado los negocios de abasto de equipos a la industria petrolera y ferroviaria, para concentrarse en cuatro áreas: generación eléctrica, aviación, salud y renovables.

Al mismo tiempo, GE se adentra en la digitalización y la impresión 3D, a fin de no perder terreno con la transformación industrial de la manufactura. Las compras de GE México en el país se han reducido a la mitad, pero la firma ve promisorio el crecimiento de la demanda de energía, el desarrollo acelerado de la industria aeronáutica local y la intención del Gobierno Federal de mantener la funcionalidad del sector salud.

“El país crece en la parte comercial, y manufactura es un gran complemento para nuestras plantas, no sólo en Estados Unidos, sino en el mundo”, dice Vladimiro de la Mora, presidente y director general de GE México. “Esperemos que se apruebe el T-MEC. La manufactura en México tiene una gran oportunidad; esperemos aprovechar esa ventaja, [ya que se] requiere energía eléctrica”.

¿Cómo está organizada la manufactura de GE en México? ¿Con plantas hermanas en Estados Unidos, como ocurre con otras industrias?

Más que plantas hermanas… En materia de salud, tenemos una planta en Ciudad Juárez, en la que hacemos equipos de ultrasonido. Ese equipo se embarca en Estados Unidos, se distribuye en algunos mercados de ese país o se manda a algún sitio del mercado global. Pero también puede ser que parte del equipo sea terminado en Estados Unidos y, de ahí, se distribuya globalmente, o bien, que regresen a México. Lo manufacturamos en nuestra planta de Monterrey; ahí hacemos el gradiente: un tubo donde va un material de cobre recubierto, que es donde se genera el campo magnético para generar la toma del cuerpo humano. De Monterrey, mandamos el gradiente a nuestra planta en Estados Unidos; lo terminan allá y, luego, nosotros lo vendemos aquí. También tenemos una planta en Saltillo, donde hacemos arneses para aviones, es decir, los cables que van por fuera del motor y que requieren trabajo manual.

Otra de nuestras plantas en Monterrey es parte del negocio de energía; ahí, hacemos algunas partes de los blades o aspas. Se embarcan a nuestra planta de Greenville, Carolina del Sur, donde se reciben partes de estos equipos desde muchos países, se ensamblan y se prueban. Y, en nuestro Centro de Ingeniería [General Electric Infrastructure Querétaro, GEIQ], hacemos diseños en aviación para uso global. En plantas de energía, tenemos un equipo que se enfoca en el mercado mexicano y latinoamericano, para los distintos tipos de combustible. [Éste define] la altura en la que estarán ubicadas y si es de ciclo combinado o sencillo.

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El CEO global, Lawrence Culp, definió éste como un año de reinicio. ¿Cómo entra México en ese plan global?

Antes, nos enfocábamos en el petróleo y el transporte, [tanto] a escala global [como] en México. Hoy, en cambio, tenemos un enfoque puesto en las energías renovables, la aviación y la salud. Nuestra División de Renovables juega un papel muy importante. Siempre vas a requerir lo que llamamos “carga base”, que entra cuando no sopla el viento o no hay luz solar. Alguien tiene que dar esa energía y, qué mejor manera de producirla que con turbinas de gas, porque tenemos una gran ventaja: el gas proveniente de Texas tiene uno de los precios más competitivos del mundo. Las nuevas turbinas de gas son bastante amigables con el medio ambiente, y las emisiones se han reducido.

A nivel global, ¿cambia el papel de México dentro de la corporación? México siempre ha sido visto como] una geografía importante por GE. La generación de electricidad es un sector en crecimiento; la aviación crece tres veces lo que crece el país; en salud, hay una gran oportunidad de poder ofrecer equipo y, en
renovables, se trata de jugar con la transformación del portafolios energético.

El país también crece en lo comercial; y, en manufactura, es un gran complemento para nuestras plantas, no sólo en Estados Unidos, sino en el resto del mundo. Este centro [GEIQ] ya tiene 20 años.

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La operación en México estaba o está catalogada como la segunda más grande fuera de Estados Unidos. ¿Lo está en manufactura?

En manufactura, sí; en ventas, no: tenemos países que venden mucho más que México. En América Latina, sí es el segundo
país más importante para GE.

En este reenfoque de la compañía, hay negocios que se fueron y otros que llegaron. ¿Cuál es el balance?

Entre los negocios que antes teníamos en el país estaba iluminación, pero se vendió, y, si me voy un poco más atrás, tengo que mencionar los electrodomésticos [appliances], que son por los que mucha gente nos conocía: refrigeradores, estufas, etcétera, pero se vendió también. Salimos [asimismo] del negocio financiero [GE Capital] y, recientemente, de los negocios de transporte [locomotoras] y petróleo [con la separación de Baker Hughes, recién
concluida]. En estos dos últimos mantenemos una participación minoritaria; una persona de GE se sienta en el board de estas empresas, pero ya no las operamos; son independientes.

¿En qué nos enfocamos? En renovables, nuestras inversiones van a dos tipos de turbinas. Y tenemos nuevas tecnologías, como la adición [impresión en 3D].

Éramos usuarios de esta tecnología, pero la necesitábamos para nuestro negocio de aviación. Se decide invertir [en ello] y sumarlo al proyecto de nuestro laboratorio de Niskayuna, un centro de ingeniería que, además, tiene investigación en Ingeniería Básica. Se llama Global Research Center [GRC] y trabaja en el desarrollo de materiales, en los polvos que pueden utilizar estas máquinas [de adición] y en cómo pueden imprimir a una mayor velocidad. Se espera que está tecnología se vuelva un nuevo negocio en sí para GE en los próximos años.

Los cuatro pilares de nuestro negocio consumen productos de esta tecnología. Health Care utiliza pads y ya están imprimiendo prótesis: previo escaneo, hacen prótesis a la medida para, por ejemplo, dientes… implantes dentales.

El sector de aviación y energía también lo utiliza para turbinas (entre aviación y energía hay mucho cruce de tecnología). Otra vía por la que llega la tecnología es la digital. ¿Cómo saco ventaja de tomar los datos de las máquinas y lo sumo a mi conocimiento físico de las mismas?

Con los datos, podemos generar un algoritmo que ayude a predecir el comportamiento de la máquina.

En los negocios de GE, Energía está en negativos a escala global. ¿Cómo está ese negocio en México? ¿Quiénes son los clientes importantes?

Con CFE, había un proyecto de hace dos años para reducir costos a través de la información y el uso de datos. Después vino el cambio de gobierno. El mercado de energía está en una transformación del portafolio, moviéndose mucho a renovables, y la parte de base se cayó casi a la mitad. ¿Qué impacto tiene eso? Se tiene que ajustar tu negocio al tamaño del mercado, pero invirtiendo todavía en tecnología. El negocio de energía en México es muy importante, por la necesidad, en los próximos años, de [contar con] más de 20 gigawatts nuevos en todo el portafolios: renovables, gas, etcétera. Sólo en [materia de] gas, estimamos cerca de 11 gigawatts adicionales en los próximos cinco o seis años. Es una oportunidad para nosotros. Hemos estado aquí muchos años. De ahí la gran cantidad de máquinas que tenemos instaladas: México es el tercer país para GE con tecnologías clase F, y ahora también clase H, la última tecnología.

¿Cómo está repartido el mercado entre renovables y convencionales para GE?

Convencionales es muchísimo más grande, de 10 a uno; en renovables, nuestra participación es pequeña, porque las primeras granjas eólicas que se instalaron en México fueron en el sureste y los productos que nosotros teníamos no eran adecuados para ese tipo de vientos, llamados clase 1. Ahora ya se empiezan a abrir granjas en el norte del país y nuestro producto ya tiene una mejor propuesta para esas condiciones. Empezamos a abrir nuevas granjas, junto con clientes: les vendemos la tecnología y la instalamos, pero las operan los clientes.

CFE es su gran cliente, antes y, ahora. ¿Qué proyectos trabajan con ellos?

CFE ha sido nuestro cliente por muchos años; tiene mucho equipo nuestro. Acaba de anunciar la licitación de una planta de ciclo combinado en Salamanca [Guanajuato] y, claro, ofertamos equipo a diferentes desarrolladores; no vamos directo al proyecto, sino con las firmas que lo realizan. En el pasado, eran muchas firmas españolas, mexicanas, estadounidenses. Son las famosas EPCC [engeenering project construction companies]. Vamos con varios de esos constructores, no sólo con uno.

¿Trabajaron, en 2017, con CFE para hacer más digitalizada su operación de plantas y reducir costos?
Platicamos con la administración pasada para tratar de utilizar la parte digital y hemos dado mantenimiento a algunas subestaciones; tenemos kits de reemplazo de máquinas viejas. Cambiamos partes importantes de combustóleo y metemos controles digitales para aumentar la eficiencia. Eso sí lo hemos hecho.

La nueva administración está haciendo su plan de mantenimiento y lo someten a concurso, porque somos muchos los que podemos darlo. En eso sí concursamos directamente; tenemos, como ventaja, que la máquina es nuestra y la conocemos mejor. Y está Laguna Verde [energía nuclear, en Veracruz]. Los dos reactores son de GE; la turbina de vapor, de Alstom; cuando compramos la parte de Alstom, nos encargamos de la turbina y su mantenimiento.

CFE GE Mexico

Foto: CFE

¿Qué porcentaje constituye el negocio de energía?

Andamos por el 50%, tanto en servicios como en nuevas unidades.

El gobierno no parece impulsar mucho las renovables. ¿Les afecta eso?

En renovables, vamos mucho con privados, que han invertido y encontrado una oportunidad de negocio con los proyectos ganados en las últimas subastas. Hemos hecho proyectos que no se subastaron, sino que fueron inversiones de privados para ofrecer energía a los industriales bajo un contrato. Mientras el mercado esté abierto, hay mucha oportunidad, para CFE y para privados.

Tendrán que instalar más capacidad.

Tenemos una fuerte conexión con EU, esperemos que se apruebe el T-MEC; la manufactura en México tiene una gran oportunidad, esperemos tomar esa ventaja, [ya que] se requiere energía eléctrica.

México no es fabricante de aviones. ¿El negocio local es de servicio?
De los dos. En la planta de manufactura hacemos los arneses, y a los clientes les vendemos motores y servicios. El soporte se da aquí, y la parte comercial también.

¿Cómo evoluciona el mercado para ustedes, desde sus datos?

Ese mercado ha crecido, en los últimos años, cerca de tres veces lo que crece el país. En cuanto a nosotros, es difícil de medir, porque depende de si una aerolínea compra o no aviones en cierto año. Le llamamos campañas, cuando alguna firma trae nuevos aviones; hay una gran oportunidad y, si la pierdes, no vas a ver otra en tres o hasta cinco años. En motores, Aeroméxico es un cliente muy importante: cerca del 100% de su flota vuela con motores nuestros. Los aviones de Interjet también utilizan dos tipos de nuestros motores. En México hacen compras e inversiones significativas.

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Antes, cuando teníamos todo el portafolios, comprábamos unos 800 millones de dólares (mdd) adicionales a otro tanto que exportaban nuestras plantas. Hoy podríamos andar en 400 mdd, pues nos quedamos con más de la mitad de los negocios. En cuanto a inversiones, eso depende mucho del crecimiento. Si empezamos a crecer en ventas, [entonces] invertimos; buscamos traer alguna otra planta que complemente esas ventas. No es una estrategia, pero se ha ido dando en los últimos años el tener un balance entre lo que vendemos, compramos y manufacturamos en
el país. Eso nos ha funcionado muy bien.

¿Cuánto invierten en este GEIQ? ¿Cuánto costó?

Cuando lo ampliamos, invertimos más de 30 mdd. Pero en equipo, la máquina de impresión 3D cuesta cerca de 1 millón de dólares, y hay otras dos de ese tipo que tenemos en un consorcio que formamos con el Cidesi [Centro de Ingeniería y Desarrollo Industrial] y Cinvestav, pues buscamos que esta tecnología sea accesible a la pequeña y mediana empresa. De lo que invertimos en México no tenemos un número, pero, para 2020, estamos viendo oportunidades en plantas de manufactura para nuestro sector de renovables. A veces, traen las palas [de torres eólicas] de China. Así que la pregunta es: ¿Puedo hacer la pala en México? La respuesta es sí y, a lo mejor, se puede complementar el mercado de Estados Unidos con el mercado mexicano. Así buscamos las estrategias en todos los negocios, viendo continuamente qué partes podemos hacer.

En equipos de salud, ¿cuál es el panorama y dónde entran con más fuerza?
El sector salud es muy importante en cuanto a equipos de ultrasonidos, imagen y resonancias, y para meter la parte digital, tanto en el uso de las máquinas como en el almacenaje de datos, para ayudar a los médicos a tomar decisiones.

En anteriores gobiernos, las asociaciones público-privadas (APP) permitieron la construcción de hospitales y también la compra de equipo, si bien muchos proyectos no se terminaron o dejaron cascarones. ¿Fue una etapa de altas compras de equipos?

Sí, hubo compra de equipo, y también proyectos que se dejaron o detuvieron. La nueva administración parece que quiere buscar algún otro modelo. En compra de equipo, lo que hemos visto [va] directo al sector salud, no [es] este tipo de asociaciones que había antes.

 

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