Los partidos están discutiendo en este momento quién se queda con el control de las dirigencias, obviamente los políticos desplazados quieren expulsar a patadas a los candidatos perdedores. En el PRI ya hicieron su cambio; el PAN se encuentra justo en ese pleito; el PRD no sabe ni por dónde resolverlo, incluso temen ser absorbidos por Morena; y el Verde, que apenas la libró, no ha dicho esta boca es mía, pero, dato curioso, la excandidata a Jefa de Gobierno de la CDMX, Mariana Boy, ya hizo alianza con Claudia Sheinbaum.

Por otra parte, los partidos que perdieron el registro hacen circo maroma y teatro para buscar maneras de sobrevivir estatalmente y el Partido del Trabajo enfrenta un obligado cambio de dirigencia luego de más de veinte años de tener al mismo.

Parte de la tarea de refundación de los partidos se centra en tratar de recuperar a sus bases (si es que algo quedó) y, como ya se mencionó, definir su ideología y principios. Es importante entender que durante muchos años el PRI estuvo en el centro de la geometría política, y, de acuerdo con su estrategia, que iba de centro izquierda a centro derecha, los demás partidos decidían la suya, los de derecha y los de izquierda. Después del 1 de julio, Morena toma el lugar que desempeñaba el PRI, aunque obviamente más cargado a la centroizquierda. Suponemos que el PT quedará dentro de la izquierda, pero más allegado a Morena.

Lo interesante es saber qué posición va a tomar lo poco que queda del PRD, cuando su alianza con el PAN lo desplazó también hacia la centroizquierda, ¿darán un giro ideológico para radicalizarse y fungir como oposición para intentar llevar la balanza en contra de Morena y su mayoría? En ese mismo contexto, ¿el PAN se radicalizará más a la derecha?, cuando debido a su alianza con el PRD también se movió hacia el centro.

Finalmente, la otra gran duda con que nos topamos es: ¿qué hará el PRI? ¿Se quedará a cohabitar en la centroizquierda?, ¿Cómo podría funcionar como una oposición real en ese esquema si podrían surgir coincidencias en temas y posiciones con Morena, y, además, sin siquiera tener la posibilidad de convertirse en partido bisagra?

El otro gran tema después de definir su ideología es ¿qué narrativa crearán para, por una parte, recuperar a su militancia?, y/o ¿a cuál historia tendrán que recurrir para volver a conectarse con la población? Porque asumir que ya pasada la elección ya no habrá linchamiento de los partidos, es una fantasía. Para bien o para mal, la gente está esperando mucho de López Obrador y su partido y va a tardar mucho tiempo en que se decepcionen o se topen con una realidad que pueda cambiar el escenario, por lo cual, refundar los partidos políticos en este contexto es una cuestión realmente complicada.

 

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