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Por Andrés Arell-Báez

Marlon Moreno Solarte ha arrancado el 2016 bastante ajetreado. Después de filmar en Brasil el largometraje I Believe in Butterflies y en Colombia la producción noruega Handle With Care –en que comparte pantalla con el actor más importante de noruega, Kristoffer Joner, de aparición en The Revenant– se halla ahora en su lugar de residencia actual, Los Ángeles, organizando sus nuevos proyectos.

Por supuesto, Moreno Solarte es conocido en gran parte del continente por su actuación en la serie El capo, en que interpretó al recordado personaje de Pedro Pablo León Jaramillo. No obstante, en su natal Colombia resuena más por sus dos décadas de trabajo en la pantalla chica y sus 18 largometrajes, entre éstos uno de los más taquilleros del país, Soñar no cuesta nada, y otro con el que alcanzó reconocimiento internacional, Perro come perro, cuyo performance fue celebrado con el Premio al Mejor Actor en el Festival de Cine de Gramado (Brasil), en 2008, y el Premio al Mejor Actor en el Festival Internacional de Cine en Guadalajara (México), el mismo año.

Posteriormente, en 2013, obtuvo el Premio al Mejor Actor en el Festival de Cine Iberoamericano de Huelva (España) por su papel en la película Cazando luciérnagas.

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Con pocas personas se puede hablar de manera tan profunda sobre el cine y la televisión internacional como con Marlon. Es un apasionado del arte audiovisual, ya sea creando para la pantalla chica o la grande.

De ahí su fuerte posición sobre la industria que ama y su actual coyuntura: “En mi humilde opinión, no hay nada bueno ni malo en cuanto a producciones se refiere: simplemente la humanidad va desarrollando gustos e influencias en donde unos entramos y otros no. ¿A qué me refiero? Existe una inmensa minoría que disfruta con House of Cards. Para quienes la vemos, esa serie es prácticamente una reivindicación de la televisión, pero la verdad es que no es del gusto de un público mayoritario. Uno ve el éxito de Fast and Furious y la cantidad de gente que lleva a las salas y tiene que admitir que hay un público inmenso para ese tipo de entretenimiento. Por ende, ambas son válidas. En ese esquema también caben los realities, que son un fenómeno que empezó en Inglaterra, en medio de una crisis en donde las cadenas no tenían cómo pagarle a sus actores. Consecuencia de esa situación, se ingenian este formato, buscando encontrar otros medios de explotación para el morbo, el chisme y la violencia que necesitaban exhibir en la pantalla, pudiendo mantener las audiencias con presupuestos más bajos, convirtiéndose ya en una realidad de mucho éxito a nivel planetario.”

En cualquier ámbito, no se puede hablar de televisión y cine sin mencionar los nuevos cambios impuestos por las nuevas plataformas digitales. Según el último informe de Datxis, el VOD y el OTT de América Latina alcanzó los 10.2 millones de suscripciones en 2015.

“Hoy –comenta Marlon sobre esto–, los canales de televisión no saben qué hacer frente al fenómeno de Netflix, que generó que otras grandes empresas produjeran bajo ese mismo modelo: Hulu, Amazon, HBO, a lo que hay que sumarle la aparición de los youtubers como nuevos atractivos para la audiencia. Todo eso ha hecho que el modelo de la televisión tradicional entre en crisis, porque la verdad es que nadie quiere volver a ver comerciales, la base del negocio históricamente. Y esa crisis ha llevado a una baja en los presupuestos televisivos, contrayendo una pérdida en la calidad actoral y técnica en las producciones.”

Pareciera, entonces, que el camino que le queda a la televisión regional es adaptarse a los nuevos tiempos, pero entendiendo que, al hacerlo, deben barrer por completo con su tradicional mecanismo para atraer ingresos: las grandes audiencias que atraigan grandes anunciantes.

Según Aaron Sorkin, creador de la serie de HBO The Newsroom, a esa cadena “no le importa en lo más mínimo cuánta gente ve sus series. Lo que les interesa es que los medios hablen de ellas a profundidad, porque de esa manera atraen a los suscriptores”.

Sorkin concluye su comentario diciendo: “No se imaginan la poca gente que realmente ve las series más comentadas.”

Marlon complementa esa visión: “Hoy, lo que se volvió popular son cosas que causan burlas, bromas. Tenemos cantantes y artistas que llenan estadios porque se volvieron populares en YouTube. A la par vemos que los éxitos de crítica en la televisión internacional son muy bajos en el tamaño de la audiencia. Series como Breaking Bad o The Sopranos no tienen un público enorme. Podemos decir que las audiencias, entre un producto bueno o uno mediocre, muchas veces prefieren el segundo.”

Y en eso tiene mucha razón Moreno Solarte. Según un artículo publicado en el magazine cultural Jot Down titulado “¿Por qué vivimos una edad de oro de las series?”, los grandes dramatizados televisivos son más costosos, más exigentes, más arriesgados, pero nada de eso se traduce en un recibimiento positivo. Hasta hoy, en América Latina los intentos de las cadenas por hacer grandes series locales no parecen haberles traído el éxito deseado.

En lo que pareciera ser una posición contradictoria, Moreno no cree que la televisión deba tomar ese camino. “Las grandes series son fenómenos aislados y muy difíciles de repetir. Las historias que a los realizadores nos pueden llegar a gustar, no necesariamente conectan de manera masiva.” Vale preguntarse, entonces, ¿qué se podría hacer?

Henry Ford dijo alguna vez: “Si le hubiera preguntado a la gente qué quería, me hubiera dicho un caballo más veloz.” Ese análisis se puede compartir frente a qué se debe realizar en cine y televisión, porque como mencionó el recordado guionista ganador del Oscar William Goldman, en este mundo “nadie sabe nada”.

Para Marlon, “cada generación va creando una resistencia frente a lo que se le ofrece como contenido, y de esa resistencia nacen los gustos del futuro. Hace unas décadas, por ejemplo, en Colombia los seriados eran producciones con alta calidad y tenían como base las grandes obras de la literatura universal. De ahí nació una necesidad del público, una resistencia de nosotros hacia este tipo de televisión, exigiendo que se contaran historias más cercanas a nuestra realidad, a nuestras problemáticas. Se hizo luego ese tipo de televisión y de ahí pasamos a tener un gusto por las historias del narcotráfico. Hoy, de nuevo, se está creando una resistencia frente a las narconovelas y salen nuevos productos como contraprestación a ese nuevo deseo. Por ejemplo, en Colombia la respuesta fue crear historias sobre nuestros cantantes locales más reconocidos, y ésos son los productos que están salvando los ratings”.

En el programa que hizo Charlie Rose sobre la edad dorada de la televisión en Estados Unidos, David Carr, columnista del New York Times, dijo que ésta “es la época perfecta para tener un guión debajo del brazo”. Se refería a la creciente demanda que por contenido hay en la actualidad, con tantos oferentes de programación buscando nuevo material.

En nuestra región está pasando algo similar y eso proyecta un mejor futuro. “Estamos viviendo el fenómeno de talentos nuevos y arriesgados –completa Marlon–, como por ejemplo el caso de Ciro Guerra, un talento increíble quien recibe una nominación al Oscar este año. Hay también jóvenes productores que se están abriendo espacio en todos los medios y festivales, realizando productos audiovisuales muy variados, los que van encontrando su espacio. Eso genera una oferta muy prometedora, la que se está expandiendo a pasos agigantados, en un momento en que la industria se afana por recibirlos, dada la gran cantidad de canales y plataformas disponibles. Con todo eso, entramos a una posición en que el espectador no tendrá derecho a quejarse, porque si ve algo que no le gusta, tendrá acceso a todo tipo de productos audiovisuales, todos al alcance de su mano.”

Hace poco, en Twitter, una de las publicaciones más comentadas era una que decía: “A todos nos va llegar algún día nuestro Uber.” En la televisión y el cine llegó hace mucho. Marlon lo sabe:

“Había un tagline en una película en los ochenta que decía ‘Nosotros somos el futuro. Párennos si pueden.’ Digamos frente a eso que hoy hay peleas como la de los taxistas y Uber, y las que hay entre los canales y Netflix. Son peleas sin sentido. Sólo se puede competir contra estos nuevos servicios con calidad. La idea de ponerle restricciones sólo traerá más problemas. Uber es más cómodo, más amable; Netflix nos liberó de la algarabía de los comerciales y del ruido. Los canales tradicionales hoy quieren llamar la atención con ruido, con gritería. Se parecen a los locales que atraen a los clientes con un megáfono. Hoy ya no se cautiva al espectador así, con esas medidas. Se hace con calidad. La pregunta es: ¿cuándo nos daremos cuenta de eso?, ¿cuándo empezará a cambiar el panorama? Y ese cambio se debe hacer sabiendo que el nuevo modelo de negocio afecta a todos. Hoy se debe pensar más en producciones bajo el mecanismo de cooperativa, transformándonos todos en productores, arriesgando cada uno para que el proyecto salga, de forma que cada vez se hagan proyectos más ambiciosos e impactantes.”

Recordando a Bill Gates podríamos decir que en América Latina también se aplica la sentencia dicha en los años noventa por el fundador de Microsoft de que “el contenido es rey”.

Pero cuando se hace un análisis de este medio, no se puede pasar por encima la parte más importante del mismo: la audiencia. En un artículo escrito en estas mismas páginas, hace un tiempo, mencionábamos que el audiovisual es “un mercado de competencia perfecta”. Y, frente a la audiencia, Marlon comparte tal afirmación:

“Yo creo que las críticas encaminadas a demeritar el gusto de los demás son de tipo fascista. No me parece válido ponernos en una posición de decir que lo que el otro ve es malo, que lo mío es lo inteligente y lo de los demás es inculto. La televisión es una respuesta, una necesidad de la audiencia. La oferta está respondiendo a la demanda, una demanda que, creo, tiene que ver con el hecho de que tenemos una generación con una visión de ‘no futuro’. Si recordamos las grandes producciones mexicanas y venezolanas del pasado, eran basadas en hacerle soñar a los espectadores que se podía tener un futuro mejor, eran obras aspiracionales, por decirlo en términos de marketing. Hoy no. Frente al hecho de vivir una cotidianidad llena de noticias apocalípticas sobre la energía, el agua, la sobrepoblación, las crisis económicas… se está creando un subconsciente colectivo que dice que aquí no hay nada más que hacer que reírnos y no pensar mucho. En los países del primer mundo, los jóvenes no quieren estudiar o trabajar. Su visión es la de comer, vivir, dormir… y ya. Y de ahí que la televisión tiene éxito.”

Es indudable que la industria audiovisual pasa por un momento definitorio, uno en que las reglas están por establecerse y el futuro se hace incierto, pero también excitante. Por ahora hay más preguntas que respuestas, pero tal vez Marlon tenga razón cuando dice que lo único que queda es arriesgarnos y competir con calidad. Eso están haciendo los grandes de afuera.


Andrés Arell-Báez es escritor, productor y director de cine. CEO de GOW Filmes.

 

Contacto:

Twitter: @andresarellanob

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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