¿Y si cambiáramos de perspectiva? Hay infinidad de cosas que nadie quiere hacer y que representan un gran mercado, un mercado que está desatendido y, mejor aún, que está pidiendo a gritos que alguien lo atienda.

 

Hay cosas que no nos gusta hacer y estaríamos dispuestos a pagar para que alguien más las hiciera. Al pensar en ellas arrugamos la nariz, fruncimos el ceño y ponemos las manos al frente como un escudo de protección. También hay temas que no nos gusta abordar y que nos encantaría meter debajo del tapete porque nos ponen la piel de gallina, nos retuercen el hígado o sencillamente porque no sabemos cómo abordarlos. Para nuestra fortuna, no estamos solos: hay miles que, al igual que nosotros, sienten ese deseo de dejar para después ciertas actividades o de adjudicar a alguien más eso que nadie quiere hacer. Sin embargo, puede ser que estemos perdiendo de vista grandes oportunidades que esas tareas nos presentan.

Por lo general, cuando se nos ponen al frente este tipo de situaciones, pensamos en llamar a un tercero que nos saque del atolladero y nos libre del desasosiego que nos provoca ese pendiente que, por otro lado, no nos deja descansar. Evidentemente se trata de temas importantes que se deben resolver, pero lo suficientemente irrelevantes como para posponerlos cada vez que nos acordamos. ¿Y si cambiáramos de perspectiva? Hay una infinidad de cosas que nadie quiere hacer y que representan un gran mercado, un mercado que está desatendido y, mejor aún, que está pidiendo a gritos que alguien lo atienda.

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Cuando fallan las musas y la inspiración no nos da para que se nos ocurra una buena idea de negocio, basta con estar atentos para que se nos abra una ventana de oportunidad. Una forma para detectar mercados desatendidos o nichos que no han sido descubiertos es mirar a las cosas que nosotros mismos dejamos para después. Las compañías que han seguido esta práctica han alcanzado un éxito mayúsculo.

La compañía PetCo es un buen ejemplo de ello. Inició operaciones como proveedor de productos veterinarios de bajo costo; sin embargo, el crecimiento de esta empresa se detonó cuando empezaron a hacer lo que otros no querían. Detectaron que el mercado de animales domésticos estaba creciendo y que las mascotas eran vistas como compañeros de vida, como integrantes de la familia, pero que a la hora de viajar no estaban incluidos en el plan. ¿Quién se queda con Fido o con Misifús? Los voluntarios, lo sabemos, son difíciles de encontrar, y los incautos a los que se les puede endilgar semejante honor resultan ser muy escasos. PetCo levantó la mano: “yo me quedo con ellos”. Luego no sólo fue eso, pues dijo: “yo los baño, les corto el pelo, los dejo guapos”. Hoy, la compañía se ostenta como una cadena con 1,200 puntos de venta y sigue creciendo.

Hacer lo que nadie quiere hacer plantea un reto: detectar un problema que requiere una solución. Desde luego, hay que estar atento a esas situaciones que demandan de acciones para resolver una molestia a la que nadie quiere meterle mano. Lo mismo sucede en la vida laboral: en las empresas hay muchas funciones que todos evaden, que resultan más fáciles de rodear y que esperan el momento de ser atendidas. Son todos esos temas que saltan en la lista de cotejo de las auditorías año tras año. ¿Y si en lugar de postergarlas, las hicieras tú? Es posible que al hacerlas se abra un camino dorado para impulsar tu carrera. Una persona que ofrece soluciones, en vez de pretextos, tiene en su mano la llave del éxito.

Por años oí a mi padre decir que si un corredor pusiera el mismo esfuerzo en solucionar los problemas que el que se pone en dar pretextos, en vez de estar en la línea de salida, estaría cruzando la meta. Lo que aplica para las competencias es conducente en otros terrenos, tanto personales como profesionales. Pero parece que sobre estos asuntos que nadie quiere atender, se tiende una sombra de apatía, de irritabilidad, de los ¿yo por qué? Es un juego de papas calientes en el que aparentemente el más distraído es el que se queda con el tigre de la rifa. Pero podría ser al revés. Podría ser que el que pone atención encuentre la clave del cofre del tesoro.

Las oportunidades son regalos que llegan envueltos en las formas más extrañas que nos podemos imaginar. Estas envolturas son camuflajes que nos pueden engañar, pero que si ponemos atención y nos atrevemos a abrir la caja de sorpresas, podemos toparnos con verdaderas pepitas de oro.

Niggaz Wit Attitude, mejor conocido como N.W.A., representó el brazo más atrevido del rap de la costa oeste de Estados Unidos. Sus rimas rítmicas tocaban los temas de los que nadie quería hablar, porque eran políticamente incorrectos. Se referían a la vida pandilleril de las ciudades estadounidenses y hablaban de las costumbres de los barrios bravos, de la vida marginal y de la violencia. Sirvieron de válvula de escape y como una crítica severa del sueño americano. En una California soleada también hay tensiones y focos de muerte. Sus miembros llegaron a ser los más influyentes del subgénero gangsta rap y de los más acaudalados en la industria de la música.

Muchas historias de éxito empiezan cuando alguien se hace cargo, cuando alguien toma entre sus manos las tareas que a otros les resultan fastidiosas. Claro, a primera vista parece más sencillo darle la vuelta a ciertas tareas o rodear algunos temas; sin embargo, eso es lo que la mayoría de las personas hacen. ¿Y si en vez de eso, te atrevieras a darle un giro inesperado? En este momento estamos necesitando a observadores que tengan buena disposición, que sean capaces de descubrir oportunidades en vez de ponerse nerviosos ante las circunstancias. En este momento es preciso adoptar una postura creativa y tomar la iniciativa.

Hay una gran oportunidad que se abre frente a estos impacientes que buscan a alguien que les resuelva un problema y no encuentran quien se los resuelva. Es cuestión de estar alerta y darnos cuenta que delante de ese aburrido que se sienta a la vera de la carretera, al lado del auto descompuesto, está una posibilidad para que alguien llegue y le solucione el problema. Los inmigrantes en el mundo, sea en América o en Europa, han entendido este concepto y se están ocupando con eficiencia de hacer lo que otros dejan pendiente. ¿Cuántas historias de la diáspora conocemos así? Todos, al toparnos con una rendija que abra la ventana de oportunidad, debemos aprovecharla.

Muchas veces he escuchado que las oportunidades para empezar a emprender son para los aventureros que les sobra adrenalina en la sangre, o para los ingeniosos a los que les llegan ideas que a nadie más se les ocurren, o para los ultrainteligentes que encuentran explicaciones donde otros no las ven. Sí, sin duda. Pero también son para esos atentos que pueden detectar, en aquello que nadie quiere hacer, un catalizador para una actividad productiva, una ocasión que sirva de plataforma de despegue para llegar a mil doscientas sucursales o a formar parte de las listas de esta revista. No suena mal. Tal vez no sea tan malo hacer lo que nadie quiere hacer.

 

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Blog: Las ventanas de Cecilia Durán Mena

 

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