Históricamente México, ha sido una de las economías emergentes en las que su política económica ha ido enfocada a la apertura del país para la atracción de Inversión Extranjera Directa (IED). La captación de empresas extranjeras en el país le ha llevado a, con los datos en la mano, situarse como el decimoquinto país que más inversión extranjera recibe.

Actualmente, la entrada neta de capital, sobre el porcentaje total del Producto Interno Bruto (PIB), representa casi el 3%. Una entrada de capital que, contrastando con años anteriores, ha sufrido una fuerte reducción desde el año 2013, donde esta representaba casi un 4% del PIB. En 2016, la entrada neta de capital sobre el PIB volvió a situarse a niveles similares a los registrados en 2013, sin embargo, en los últimos tres años, esta ha ido cayendo hasta el presente año.

La entrada de capital extranjero en el país, para México, siempre ha sido un gran recurso. Las inversiones en el país, así como la localización de empresas en las regiones que lo conforman, han sido una gran fuente de ingresos y un signo de prosperidad económica para los ciudadanos mexicanos. Casi el 50% de estas inversiones han ido destinadas a la industria manufacturera, lo que generaba un aumento en el empleo y la actividad económica.

Una actividad económica que, con la caída que ha sufrido la entrada de capital, se está viendo mermada, junto a la desaceleración económica que experimentan las principales economías del mundo y que esperan que llegue a su rendimiento total en 2020. La corrupción, la inseguridad jurídica, así como los distintos revuelos en el país han provocado que la inversión se vea espantada, ahuyentando la entrada de capital y cayendo 8 posiciones en el ranking de confianza de IED, que le sitúa en el puesto 25 en su última publicación.

México es una economía fuerte, pero que en los últimos meses no atraviesa uno de sus mejores momentos para la economía en el país. Las políticas aplicadas por Andrés Manuel López Obrador (AMLO) en el país, el presidente, no surten todo el efecto deseado por el Gobierno. La economía mexicana se debilita y muchos economistas y analistas confirman la desaceleración de la economía mexicana, apoyándose en los principales indicadores macroeconómicos.

La economía mexicana, en los últimos pronósticos realizados sobre el crecimiento esperado han sufrido diversos reajustes a la baja. Unos reajustes con los que AMLO no estaba del todo de acuerdo, pues el mismo defendió durante una rueda de prensa que la economía mexicana no sufría riesgos de entrar en una recesión. Sin embargo, sus ambiciosos proyectos y los objetivos planteados, en un entorno como el actual, dificultarán el camino al presidente.

Aunque la política comercial con su principal socio comercial, los Estados Unidos, y con el que mantiene el intercambio del 86% de sus exportaciones, los problemas que atraviesa el país, como indicábamos anteriormente, están provocando que los inversores extranjeros dejen de inyectar capital en el país. La actividad industrial en el país sigue cayendo, la producción industrial cayó 2.1% entre abril y mayo de este año, su mayor caída mensual en más de una década. Y con ella, lo hace el desempleo en el país, el cual ha crecido en 0,2% respecto al mismo periodo del año anterior.

Las políticas de AMLO centradas en un mejor reparto, y más social, del capital en el país ha provocado que los esfuerzos destinados a un mayor crecimiento económico en el país desaparezcan. Para el presidente, aunque el crecimiento sea menor, el “mejor reparto” de los bienes y el capital en el país compensa la desaceleración de la economía. Sin embargo, para otros muchos expertos la economía está entrando en una recesión, cosechada por el propio presidente y sus políticas.

Esta situación ha provocado que el consumo en el país y la demanda interna esté cayendo continuamente. Para el consenso de economistas del Banco de México, ninguno de ellos opinó a favor de ser un buen momento para invertir en México, una situación nunca vista desde el año 2016 en el momento que Trump se proclamaba presidente de los Estados Unidos y amenazaba al país azteca con acabar con la inmigración, el tratado de libre comercio y las relaciones diplomáticas.

La economía mexicana, como comentábamos, va camino de la recesión económica. El presidente, López Obrador, sigue en su intención de mejorar sus programas sociales y seguir con una política de carácter social y en calidad de mejora de la vida social. Sin embargo, la falta de crecimientos en la economía y la entrada de una recesión en el país no solo acabará con estos programas sociales, sino que liquidaría toda la prosperidad económica y las inversiones extranjeras en el país.

Las tensiones en el gobierno ya han comenzado a darse, siendo una de las más destacadas la dimisión del Secretario de Hacienda, Carlos Urzúa, que remarcaba durante su dimisión la falta de ética y objetividad en las metas marcadas por el órgano presidencial, que no estaba adaptándolas a la situación económica en el país. En conclusión, López Obrador debería analizar las políticas efectuadas en el país y su estrategia de Gobierno, siempre y cuando no quiera llevar a México a una situación irreversible.

 

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