Por Eugenio Gómez Alatorre y Karla Cuilty Esquivel / IPADE Business School

Las mujeres que ocupan o aspiran a ocupar un lugar en la alta dirección de las empresas se enfrentan con un problema complicado al buscar la armonización entre la vida laboral y la familiar.

En el libro Talento Femenino en la Alta Dirección en México del Centro de Investigación de la Mujer en la Alta Dirección de IPADE Business School, se muestra que para las directoras es posible compatibilizar ambos roles y formar familias con uno o dos hijos y su pareja. Esto no es tarea fácil, ya que la prevalencia de patrones culturales suele generar conflictos cuando los varones consideran que la mujer desatiende el hogar, como lo menciona Gina Zabludovsky en su libro “Empresarias y Ejecutivas en México”, pero ¿cuál es el valor del trabajo invertido para formar un hogar?

Para comenzar, a nivel mundial el trabajo invertido en la construcción de lazos familiares suele ser no remunerado monetariamente, esto conduce a que el esfuerzo y labores que implica mantener un hogar sean invisibles y carezcan de reconocimiento; no obstante, en varios estudios se muestra su importancia para brindar los cuidados y la educación que necesitan las personas en su desarrollo, como afirma Charles Handy de la London Business School: “el hogar es la verdadera escuela para la vida… El hogar es donde uno aprende la diferencia entre lo que está bien y lo que está mal, entre egoísmo y cooperación”. Por estas razones, la Home Renaissance Foundation, el IAE Business School y el INALDE Business School conformaron el Global Home Index, el cual es un esfuerzo para estimar el valor y tiempo invertido en el hogar en 100 países de los 5 continentes.

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Sus coordinadoras, Patricia Debeljuh, Belen Mesurado y Sandra Idrovo, se concentraron en identificar los principales aspectos en los que se debe invertir para formar un hogar y estructuraron una encuesta que contrasta los resultados femeninos y masculinos para observar sus diferencias. Para México, la encuesta fue apoyada por la Universidad Panamericana. Los resultados nos permiten observar y valorar el comportamiento familiar desde una óptica distinta.

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En el documento, se logran identificar varios aspectos positivos en los hogares mexicanos como que los almuerzos y cenas en familia son casi permanentes. Esta característica es compartida por mujeres en la Alta Dirección, en el libro Talento Femenino, citado anteriormente, se especifica que incluso algunas de ellas ubicaron sus casas cerca de sus oficinas para comer en familia, además la mayor parte de las mujeres cocinan para su familia, los hombres también lo hacen pero con menor frecuencia. Tanto hacer la comida como disfrutarla en familia disminuye la probabilidad de consumir drogas y reduce el riesgo de obesidad infantil. Además, el 85% de los participantes pasea frecuentemente con su familia, estos paseos tienen la función de favorecer la construcción de la personalidad en los infantes y jóvenes, además facilitan la integración familiar. La gran mayoría de las personas encuestadas mencionan que dentro de su familia enseñan a respetar y valorar distintos puntos de vista.

El estudio destaca también que 78% de los participantes con frecuencia enseña el cuidado material del hogar y distribuye las tareas hogareñas entre sus miembros. Apoyando lo anterior, un estudio de Gina Villagómez observa que las mujeres empresarias incluyen a sus hijos e hijas en tareas como lavar la ropa, cocinar y realizar las compras.

Con relación al tiempo invertido en labores domésticas y el cuidado de menores de 14 años, las mujeres invierten 75 horas en promedio a la semana y los hombres 35. Mientras que tanto hombres como mujeres indican que la sociedad valora más el éxito profesional, están de acuerdo en que las tareas del hogar son importantes y que sus obligaciones laborales impiden dedicarle el tiempo necesario al hogar y a la familia.

A este respecto, según investigaciones del CIMAD, las mujeres en la Alta Dirección han desarrollado tácticas para equilibrar los ámbitos laboral y familiar, como seguir una rutina, hacer una agenda y cumplirla, usar la tecnología digital, laborar máximo 8 horas, evitar trabajar fines de semana o por las noches. También están conscientes que el apoyo de la pareja es esencial para conciliar el trabajo y el hogar y han llegado a distintos acuerdos que van desde la distribución igualitaria de labores domésticas y del cuidado de los menores donde ambos trabajan, hasta el esquema menos frecuente en el que la mujer es proveedora y su pareja está al cuidado de los hijos y administra el hogar.

Poco a poco mujeres y varones se van integrando en roles que tradicionalmente les eran negados y se empieza a construir una sociedad con un papel más activo de las mujeres y una familia con un involucramiento mayor de los varones. El papel específico de cada uno dependerá de la estructura de cada hogar y debe ser una decisión tomada de común acuerdo pensando en el bien de las familias. Actualmente, las habilidades, capacidades y gustos forman parte de las elecciones personales relacionadas con carrera, empleo y familia, no obstante el hogar sigue siendo un espacio que se debe valorar y cuidar por parte de todos sus integrantes.

*Eugenio Gómez Alatorre es Director del Centro de Investigación de la Mujer en la Alta Dirección del IPADE. Karla Cuilty Esquivel es Investigadora Senior del Centro de Investigación de la Mujer en la Alta Dirección del IPADE.

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