La Cuarta Revolución Industrial o la industria 4.0, aquella centrada en la robótica, la automatización, así como el empleo del Internet de las Cosas y el big data, no tiene prisa en México.

Una barredora industrial Boxer SK cuesta aproximadamente 737,000 pesos, o lo que es lo mismo, más de 9 salarios anuales que en promedio se pagan en la manufactura de exportación de México. La máquina necesita a un operador y gasolina para funcionar.

Los industriales que durante los siglos 18 y 19 se plantearon incorporar la máquina de vapor en sus fabricas afrontaron este mismo dilema: pagar máquinas o pagar manos.

Por eso, las sociedades que experimentan revoluciones industriales viven bajo el efecto de un apocalipsis laboral, pues la mano de obra teme el fin del trabajo manual y su sustitución por una eternidad de producción mecanizada.

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Pero en México esta profecía está lejos de cumplirse, porque “si el coste de la mano de obra es bajo, el caso de negocio para invertir en maquinaria es menos probable que suceda”, afirma el socio de McKinsey Global Institute, Michael Chui, en entrevista para Forbes México.

Michael Chui colaboró en la elaboración del estudio “Trabajos perdidos, trabajos ganados: transiciones de la fuerza laboral en una era de automatización”, en el cual se afirma que los salarios medios-bajos de México pueden ser un freno para el proceso de automatización del país.

Este estudio se hizo sobre la consideración de que “la automatización empieza a adoptarse sólo cuando su coste se equipara al de la mano de obra”, en el contexto de la Cuarta Revolución Industrial, que conllevará la instalación de fábricas inteligentes, los “cobots” (robots colaborativos) y sistemas ciberfísicos.

“Una inversión de este tamaño se evalúa mediante un esquema de coste-beneficio. Si resulta más barato pagar mano de obra que maquinaria, incluyendo el efecto productividad, las empresas preferirán la mano de obra”, explica el director de Posgrado de la Escuela Bancaria y Comercial, Héctor Valencia.

Por tanto, si la industria mexicana no está en los niveles de robotización de países con los que se compara y aspira a competir es, en gran parte, porque aún existe la alternativa de la mano de obra.

Y esto es así porque en México “la mano de obra es objetivamente barata”, afirma el socio responsable de Innovación y Manufactura en Consultoría de Deloitte México, Bruno Juanes.

Foto: Cortesía Hannover Messe

 

Barata, competitiva, de bajo costo

El salario mínimo en México para 2018 es de 88.36 pesos al día y el promedio mensual de ingresos per cápita en el país durante 2017 fue de 2,216.86 pesos, según el reporte “En cifras, ¿cómo vamos? 2018” del colectivo México ¿Cómo Vamos?

Hay otros factores que contribuyen a que el capital humano mexicano se considere comparativamente barato o competitivo, como afirman algunos colectivos: abundante oferta de trabajo, sobre todo joven; devaluación constante desde hace décadas; jornadas de 48 horas semanales, y el protocolario rol de los sindicatos, según cuenta Jorge Carrillo, profesor de El Colegio de la Frontera Norte.

“En la manufactura de exportación, la gran mayoría de las multinacionales están sindicalizadas en gremios de protección. Hay diversidad, pero en general son propatronales. Entonces, además de ser barata, tienes una mano de obra estable y controlada”, explica en entrevista.

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De hecho, quien recientemente ha abanderado la lucha para conseguir mejores salarios para los trabajadores mexicanos en el panorama internacional ha sido un sindicato canadiense, Unifor.

Su líder sindical, Jerry Dias, ha presionado para que en las negociaciones del Tratado de Libre Comercio (TLCAN) se debata equiparar las retribuciones y condiciones de sindicalización de México a las del resto de los socios del tratado, Estados Unidos y Canadá.

Foto: Anna Portella

 

¿Quién financia una revolución industrial?

“Esquemas de 15 dólares la hora como pide Estados Unidos (en las negociaciones del TLCAN) no son factibles para nosotros: encareceríamos significativamente el producto, porque en empresas poco automatizadas se utiliza mano de obra intensiva”, explica el vicepresidente del Consejo Nacional de la Industria Maquiladora y Manufacturera de Exportación (Index) en Guanajuato, César Gutiérrez.

El empresario del Bajío dice que un eventual aumento de los salarios se traduciría en más costo de producción y, por tanto, mayor precio final, que el consumidor no está dispuesto a pagar.

Esto pone sobre la mesa una cuestión básica que, por elemental, se da por asumida en todas las revoluciones industriales: la decisión de invertir en tecnología que sustituya a los humanos depende del coste de las máquinas.

La cuestión es quién asume este coste y qué alternativas hay.

Las empresas de Index, que en 2017 emplearon a más de 2.8 millones de trabajadores (17.24% del empleo permanente registrado Instituto Mexicano del Seguro Social), según datos de esta entidad, muestran cómo los manufactureros se adentran en la Tercera y Cuarta Revolución Industrial a diferentes velocidades en función de su capacidad de financiación de la tecnología.

“En la manufactura de autopartes, ensambles, fabricación de catéteres o equipos médicos se invierte en tecnología porque el consumidor está dispuesto a pagar precios altos”, explica el presidente de Index, Luis Aguirre.

“Sin embargo, en el caso de los celulares u otros electrodomésticos, el mercado de consumo de estos productos todavía no está dispuesto a pagar un determinado sobreprecio para poder tener una inversión en procesos de automatización”, añade.

Esto significa que la automatización de estas empresas la paga el consumidor final, nacional o extranjero, ya que en 2017 las empresas de Index realizaron el 58.34% de las exportaciones totales de México, según los datos de esta entidad.

Las pequeñas y medianas empresas (Pymes) del sector, así como las Mipymes, empresas familiares mayormente, son las que más tardan en ver la revolución industrial en sus plantas.

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Dado que la inversión en tecnología no se recupera en el corto-mediano plazo, muchas veces necesitan escalonar la implantación de máquinas y software de acorde con su nivel de crecimiento, para depreciar la inversión periódicamente.

El precio de la mano de obra opera como plan B en estos casos, pues en comparación con el de mecanizar lo pone fácil para que empresarios de determinados tamaños y sectores opten por el status quo.

“Muchas veces las intermediarias no quieren invertir, se conforman con el esquema en el que están. Pero las cosas están cambiando. Cuando sus clientes les exijan automatizar sus procesos, entrar en big data, tener su información en linea, obviamente tendrán que actualizarse sino se quedarán fuera”, afirma el vicepresidente de Index en Guanajuato.

Foto: Cortesía Siemens.

 

Revolución industrial: ¿evitable?

¿Puede México optar por mantenerse al margen de las revoluciones industriales o bien éstas son intrínsecas al sistema de producción industrial?

El socio de McKinsey Global Institute afirma que si bien el nivel salarial es el principal muro de contención de la revolución industrial en México, hay otros factores que afectan la decisión de invertir en maquinaria y robots.

“Si todavía por puro coste no salen los números, que las empresas piensen en la calidad y la productividad: un robot trabaja 24 horas cada día, sin prestaciones de ley ni vacaciones, y asegura calidad 100%”, afirma el socio de Deloitte Bruno Juanes.

Otro factor que apunta el estudio de McKinsey Global Institute es la disponibilidad de tecnología y la filosofía de cada empresa a la hora de invertir.

Un ejemplo paradigmático es Aguacates Seleccionados, una empresa de empaque de aguacates de Michoacán. En su planta, el proceso de clasificación está computarizado y automatizado, pero la selección del producto aún es manual.

“La máquina para seleccionar los aguacates dañados o picados existe, pero no tiene un sistema de visión que haga una selección del producto completa, el factor humano es todavía más eficiente”, afirma el director de Ventas, Salvador Hernández.

“Además, por el hecho de estar en una zona rural no hemos querido avanzar en la automatización por no dejar a familias sin un ingreso. Lo que sí adquirimos es un despaletizador porque hubo muchas lesiones en los últimos años”, añade.

Foto: Cortesía Sagarpa.

La mano de obra se sobrepone a la máquina en determinados sectores por una cuestión de precio. Pero tal y como apuntan los expertos, incluso esta victoria es temporal.

“Es difícil de imaginar que alguien pudiera mantener los salarios bajos cuando, paralelamente, el coste de la tecnología cae con el paso del tiempo. La automatización llegará y los trabajadores tendrán que reeducarse”, afirma Michael Chui.

Es decir, el precio, que hace que hoy la mano de obra aún pueda con la máquina en determinados procesos, con el tiempo hará que ésta última acabe por imponerse.

Si México cediera a las presiones de Estados Unidos y Canadá para subir los salarios a 15 dólares la hora sería un factor que aceleraría la Revolución 4.0. Pero incluso ello resultaría insuficiente sin inversión en infraestructura, seguridad jurídica y racionalización de la burocracia, explica Bruno Juanes.

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Más que un Apocalipsis laboral, para entender el rol que las revoluciones industriales desempeñan en nuestro sistema son útiles las profecías prehispánicas.

Los mayas pronosticaron para el 21 de diciembre de 2012 no el fin del mundo, sino una transformación, un cambio en la forma en la que el ser humano se relacionaría e integraría en el universo.

Pero ni las Revelaciones del Nuevo Testamento ni el calendario maya serán de mucho uso en el México de hoy para impulsar la Industria 4.0 mientras la mensualidad anual de los mexicanos sea la más baja de la OCDE y más de tres veces inferior a la de sus socios del TLCAN. Y esto es así porque las revoluciones industriales se tienen que pagar.

 

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