La inflación es un «impuesto» muy injusto que le pega duro a los pobres y a la clase media pues le quita valor a sus ingresos y a sus ahorros. Si no se atiende a tiempo, genera revoluciones y convulsiones.

Desde fines del siglo, las economías emergentes entendieron bien que la inflación era el enemigo por vencer, por ello, muchos independizaron a sus bancos centrales y les dieron libertad para contrarrestarla con herramientas como oferta de dinero, intereses y tipo de cambio.

De acuerdo a Ruchir Sharma (The Rise and Fall of Nations), los países con cuellos de botella que no invierten en infraestructura -puertos, aeropuertos, carreteras, internet, etc.- se calientan muy rápidamente cuando la economía crece. Por ejemplo, mientras Brasil genera presión inflacionaria con una tasa de crecimiento baja, los países asiáticos y en especial, China, tienen infraestructura de sobra que les permite crecer a tasas altas sin calentamiento de precios.

El comercio internacional, el incremento en la apertura comercial, ha mitigado la presión inflacionaria de muchos países. México es un buen ejemplo de ello. Si no hay suficientes bienes dentro del país para satisfacer la demanda, siempre existe la oferta extranjera para compensar la escasez. Brasil es un mal ejemplo de economía cerrada y cara.

Los que nacimos a fines de los años 50 o principios de los 60 entendemos bien esto, fue la lección de vida que nos dio la economía mexicana. Desde que salimos a trabajar padecimos de inflación, intereses exorbitantes, estatismo ineficiente, prohibición a la importación de bienes, monopolios de gobierno o privados, y en general, pésimas decisiones económicas por parte de los políticos.

Nuestra lucha social fue por fomentar la competencia política y económica. Queríamos más partidos, elecciones limpias, alternancia en el poder, prensa libre y mejor gobierno. En la economía, queríamos competencia nacional e internacional, queríamos una economía estable, sin inflación, buena calidad en los bienes y servicios, precios razonables y poder para el cliente.

En los ochenta cambiamos de rumbo económico y nos abrimos comercialmente para competir y cooperar con el mundo. En 1995 vivimos nuestra última gran crisis económica-financiera. En el 2000, finalmente vino el primer cambio de partido en la presidencia de la República.

En este siglo, por el lado político, mi generación ha luchado por la independencia de poderes nos aterroriza el poder central y dictatorial de la presidencia; instituciones fuertes y mejor gobierno. Por el lado social, nos encantaría ver mayor equidad en el modelo de desarrollo, pero a través de la promoción de la inversión, no del estatismo.

Hoy, quizá podamos lanzar una voz de alerta: Cuidado México.

Cuidado con la economía

  • Cuidado con desalentar la inversión privada y extranjera.
  • Cuidado con entrometerse en la autonomía del Banco de México.
  • Cuidado con el despilfarro del gasto social con fines populistas y sin razón social.
  • Cuidado con crear cuellos de botella y desabastos.

Cuidado con la política:

  • Cuidado con el poder irrestricto de los políticos.
  • Cuidado con destruir a las instituciones.
  • Cuidado con el poder excesivo de la presidencia.
  • Cuidado con el monopartidismo.
  • Cuidado con destruir lo bueno en aras de corregir lo malo.

 

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