Mientras las economías emergentes crecen a una tasa anual promedio de 5%, México no supera el 2.5%.

Toda economía emergente tiene desequilibrios y siempre hay sectores de la economía cuyo ingreso crece mucho más rápidamente. Esto genera desigualdad en la riqueza de la población, pero una cosa es el desequilibrio propio de un proceso de cambio -que es natural y hasta deseado- y otro muy diferente, el desequilibrio por corrupción y arreglo entre compadres.

A pesar de que México es el más asiático de los países latinoamericanos por su enfoque exportador, diez familias controlan el 25% de su economía. Eso les permite vender caro en México y expandirse globalmente a costa del consumidor mexicano (Ruchir Sharma). Ese es el primer punto.

Sin embargo, la economía de compadres se da en todos los niveles. A nivel local, los compadres son amigos o socios de los gobernadores o de los alcaldes para hacer negocio con el desarrollo urbano, la concesión del transporte público, la construcción de la obra pública y las compras de gobierno.  En el plano más oscuro, también hay compadres que lucran con negocios ilícitos, como la venta de drogas o el negocio de los centros penitenciarios. En algunos estados, estos «empresarios» ponen y quitan gobernadores. Son los dueños del poder político y todos lo saben.

Los arreglos y negociaciones se dan siempre en lo oscurito porque las élites económicas nacionales o locales se entienden rápidamente con las élites políticas.

Las reformas implantadas en la administración de EPN estaban bien dirigidas a abrir la competencia a nivel nacional en telecomunicaciones, servicios financieros, petróleo y educación; pero nada hicieron por combatir la corrupción en obra pública, desarrollo urbano y transporte público.

El electorado mexicano se volcó por la opción de Morena en un afán de abatir estas ligas corruptas que crean desigualdad, violencia y pobreza. AMLO supo aprovechar el descontento contra la «mafia del poder» y ganar contundentemente la presidencia y el congreso. Sin embargo, si no actúa en sentido correcto, muy pronto puede enfrentar el descontento popular. Su austeridad personal vende bien, pero no resuelve el problema.

Ante la supuesta corrupción en el proyecto del NAIM debió haber transparentado el proceso, procesado a los culpables y sanear el proyecto, pero no cancelarlo, mucho menos con una encuesta a modo y un proyecto alterno inviable. Por dos razones: es un buen proyecto que contribuye al desarrollo de México y se deben cuidar los mensajes que se envían al inversionista extranjero quien observa con mucha frialdad el proceso de toma de decisiones. Con esta mala decisión, México le agrega riesgo político al riesgo económico y pierde atractivo.

Lo que la mayoría de los mexicanos quieren no es la cancelación del desarrollo o el regreso al estatismo económico del siglo pasado y mucho menos al cierre de competencia extranjera, sino que el desarrollo sea equitativo; con reglas claras para el bien de todos.

Su perdón anticipado a los mafiosos económicos, políticos y delictivos, su perdón a los compadres que tanto daño le hacen a México, no es lo que el «pueblo sabio» quiere. Los electores buscan un sistema judicial que castigue a los corruptos.

Devolverle el monopolio a Pemex tampoco es la solución ya que como todos sabemos, Pemex siempre ha sido el icono de corrupción sindical, ineficacia y despilfarro.

Cambiar de compadres con gobernadores afines o súper-delegados para beneficiar a Morena y fortalecer el poder presidencial tampoco es el camino.

México exige un gobierno eficaz, transparente y honesto que combata de frente a los compadres de todo tipo en todos los niveles de gobierno. Un país con un verdadero sistema judicial y transparencia gubernamental. Un país de instituciones modernas y fomento a la competencia, no los monopolios.

«Me canso ganso», encuestas patito, perdones presidenciales y reducción de sueldos a funcionarios no son el camino correcto pues no corrigen nada, distraen del verdadero debate y mantendrán a México en tasas de crecimiento bajas.

La resistencia a la crítica es otro indicador negativo. AMLO debe abrirse a la crítica porque es lo único que lo ayudará a ser acertado en sus decisiones, de otra manera, se convierte en prisionero de sus ideas, de sus resentimientos, de su corte y de los compadres. Dicho de otra manera: Una vez que se llega al poder, la “mafia del poder” es observable en el espejo; está dentro, no fuera, y la única manera de verla es a través de los ojos de la sociedad crítica y las instituciones independientes.

México puede crecer al 5% anual. Pero no es lo mismo hacer campaña que hacer gobierno, y mucho menos, gobierno de transformación. Todos buscamos que haga esa transición cuanto antes. Ya basta de compadres, ya basta de ser un país que sobrevive a pesar de sus malos gobernantes. En ello, seguiremos insistiendo las organizaciones civiles, los ciudadanos pensantes y los empresarios pequeños, medianos o grandes que no requerimos compadrazgos para competir y cooperar con el desarrollo.

 

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