Si no tomas acción inmediata, la situación empeorará, porque como no sabrás qué hacer seguirás buscando más y más información y los síntomas se agudizarán.

 

 

Si sufres de mareo y náuseas cada vez que te encuentras saturado de datos derivados de estudios de mercado, si tus dolores de cabeza se han vuelto insoportables ya que tus proyectos se cancelan o tardan mucho en llevarse a cabo, si tu somnolencia es producto de una exhaustiva fase de análisis previa a la toma de decisiones y logras pocas cosas en concreto en la administración de tu negocio, lamento ser yo quien tenga que darte las malas noticias, pero los síntomas indican que estás teniendo una “infoxicación”, mejor conocida en el ramo con el nombre de Parálisis por Análisis.

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Esta enfermedad es un conjunto de trastornos graves en la que como paciente te encuentras frustrado, inmovilizado y confuso, ya que te enfrentas a una cantidad de información superior a la que puedes manejar. Si no tomas acción de inmediato, la situación empeorará, porque como no sabrás qué hacer seguirás buscando más y más datos y los síntomas se agudizarán en menos de lo que te imaginas.

Maureen Malanchuk, autor de Información. Habilidades para organizarla y mantener el control, diagnostica: “La información que tenemos, no es la que queremos. La información que queremos, no es la que necesitamos. La información que necesitamos, no está disponible.” Y, efectivamente, ya no está disponible porque aunque pase por tus manos has perdido la habilidad de identificarla.

Te veo un poco pálido, pero no te desanimes, porque todo tiene solución. A continuación te presento la receta médica recomendada para tratar dicha patología:

 

Desintoxícate de inmediato. Elimina todos aquellos datos de dudosa procedencia. Recuerda que hay muchas fuentes de información que no están actualizadas. Como con cualquier medicamento, es importante revisar la fecha de caducidad. De igual manera es indispensable que un especialista o una empresa te apoye en la búsqueda. Aunque Internet tiene una infinidad de opciones, recuerda que la información tiene que ser procesada e interpretada adecuadamente.
Asimismo debes entender la metodología que se utilizó y evaluar si existió algún sesgo que nos haga dudar de su veracidad. Más vale analizar a profundidad algunas estadísticas que sean clave y confiables que reportes extensos que despierten muchas dudas.

 

Inyéctate una dosis de practicidad al iniciar cada investigación. Muchas veces, con el afán de hacer un estudio completo, te extiendes demasiado en tu solicitud y te desvías de lo que realmente quieres. Es recomendable que no plantees más de cinco objetivos en cada investigación y que para éstos utilices palabras claras y comunes. De esta manera tus proveedores de información y tú estarán claros de lo que se espera recibir como resultado.
Las herramientas que utilices en el diseño del estudio como guía de tópicos y cuestionarios deben ser tan específicos como los objetivos. Entre más largos, menos confiables; es un hecho. Hay que aprender a decirle adiós a toda la información “Nice to Know”. Los estudios deben ser a la medida, pero con respuestas concretas a los cuestionamientos iniciales.

 

Tómate una cucharada diaria de organización. Es indispensable que al iniciar con el estudio lleves a cabo una tabla de tiempos o un cronograma de actividades. Esto te permitirá poner un límite a la investigación de cada tema y asignar adecuadamente las funciones a cada uno de los involucrados. El seguimiento diario y la comunicación interna serán la clave para cumplir exitosamente con todo este proceso.

 

El efecto placebo

Está comprobado que la enfermedad de más rápido contagio en el mundo es el miedo. Un líder temeroso sin duda contagiará, como en una epidemia, al resto del equipo. Por lo mismo es importante actuar con rapidez, certeza y confianza en el momento que sea necesario. Si bien es cierto que no siempre te sentirás listo ni con la información clave que necesitas, tendrás que improvisar y seguir adelante. Ten en mente que parte del aprendizaje tiene que ver con darte el lujo de cometer errores de vez en cuando y que resulta más costeable reparar una equivocación de una decisión que se tomó a tiempo que tomar la decisión adecuada ya que pasó el momento oportuno.

Por último, sólo concluiré que la mejor medicina no está en un frasco sino en tu cabeza. ¡Mucha suerte y que te mejores!

 

 

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