Actualmente, la zona federal de Texcoco se considera un vaso regulador de las lluvias en el Valle de México, por lo que es una zona susceptible de inundaciones, y generaría un deterioro de la infraestructura y altos costos de mantenimiento.

 

 

Por Roberto Arteaga y Francisco Muciño

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La construcción de un nuevo aeropuerto en la Ciudad de México es una realidad. Una inversión inicial de 169,000 millones de pesos (mdp) dará  vida al proyecto anunciado por Enrique Peña Nieto. Sin embargo, la operación de la nueva terminal aérea se encuentra amenazada por el peligro de las inundaciones y hundimientos en los terrenos federales que serán empleados en la zona del Texcoco, aseguran especialistas.

Actualmente, la zona federal de Texcoco se considera un vaso regulador de las lluvias en el Valle de México, por lo que es una zona susceptible de inundaciones, asegura José Luis Luege Tamargo, presidente de la organización Ciudad Posible y ex director de la Comisión Nacional del Agua (Conagua).

“El Plan Lago de Texcoco se mantiene vigente y la zona que protege es la zona federal de dicho lago, que es, por definición, una zona inundable, por ser el área más baja del valle”, dice el ex funcionario federal, quien argumenta que desde 1971 se publicó un decreto presidencial que estableció el Plan Lago de Texcoco, un programa integral de recuperación ambiental del área, que contiene lagunas, para la prevención de inundaciones.

 

Altos costos de mantenimiento

Manuel Frías Alcaraz, ingeniero y analista de mecánica de suelos, expone que el nuevo aeropuerto presentado por el gobierno federal corre el riesgo de tener graves afectaciones en su infraestructura, provocando un deterioro prematuro y elevados costos de mantenimiento.

“La zona donde se ubica el Aeropuerto (Internacional) Benito Juárez presenta continuos hundimientos del subsuelo, lo cual se traduce en graves inundaciones y afectaciones a la infraestructura aeroportuaria”, advierte el ingeniero y consultor en obras de infraestructura.

Frías Alcaraz explica que las estructuras de la Terminal 2 del aeropuerto capitalino presentan “deformaciones constantes y progresivas”, de más de 30 centímetros al año, debido a los asentamientos irregulares que ocurren en el lugar.

“Por las características físicas del subsuelo del ex lago de Texcoco: desnivelaciones, salitre, resequedad, consolidación, agrietamiento y ondulaciones, el nuevo aeropuerto sugerido y recomendado por el gobierno de la República tendrá el mismo destino –sólo que a un costo político, económico y social mucho más elevado– que la Línea 12 del STC”, dice el especialista, quien ha sido asesor de gobiernos estatales en proyectos de infraestructura hidráulica y de la Comisión Federal de Electricidad (CFE).

 

Otras opciones

La construcción de un aeropuerto en Tizayuca, Hidalgo, es una de las opciones que se han barajado en los últimos años para construir la terminal aérea, por su cercanía con la capital del país.

“Una serie de geólogos, hidrólogos y urbanistas que participan en Ciudad Posible ven con toda claridad que este proyecto es viable, así como mucho más recomendable como un nuevo polo de desarrollo humano que esté interconectado con sistemas rápidos de transporte, como son los trenes rápidos dedicados al aeropuerto”, asegura José Luis Luege.

La región de Tizayuca se ubica a 60 kilómetros del actual aeropuerto, con la posibilidad de desarrollar proyectos de interconexión con trenes rápidos que hagan viable esta opción.

Por su parte, Manuel Frías propone como opción un aeropuerto que se construya entre los estados de Hidalgo y Tlaxcala, y esté conectado con la terminal capitalina mediante un tren.

 

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