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La violencia y el cambio climático han agravado la migración en el mundo, en tanto que la respuesta de la ONU a este fenómeno, el Pacto Global sobre Migración, ha sido blanco de una campaña de desinformación en redes sociales por parte de grupos conservadores de distintas regiones del mundo para desalentar la adhesión de países al acuerdo, señala María Fernanda Espinosa, presidenta de la Asamblea General de Naciones Unidas. No obstante, el Pacto fue signado por la mayoría de los países y entró en vigencia de inmediato, agrega la funcionaria.

En el mundo, hay 258 millones de personas en situación de movilidad humana, según un estudio del Pew Research Center, citado por la ONU. Los migrantes son también grandes aportantes a la economía de su país de origen y a la de su país de destino, donde cada migrante dispone, en promedio, de 85% de sus ingresos.

El plan para el Triángulo Norte de Centroamérica, signado a iniciativa de México por El Salvador, Guatemala y Honduras, y que contempla la inversión en desarrollo para desalentar la expulsión de migrantes en la región, es una iniciativa pionera sobre cómo fomentar la cooperación entre países y poner en práctica el Pacto Global, señala Espinosa, diplomática ecuatoriana y la primera latinoamericana que preside la Asamblea General.

Existe la percepción de que la migración se ha intensificado con lo vivido en años recientes en Europa y, ahora, en Norteamérica. ¿Es así realmente?

La migración y las dinámicas demográficas se han producido desde el inicio de la humanidad. En determinados momentos de la historia, esos fenómenos se agudizan por varios motivos; por ejemplo, en la Primera y la Segunda Guerra Mundial, vimos una intensificación del movimiento de personas que escapaban de la persecución. Fue clarísimo con el holocausto.

En este siglo XXI, vemos una intensificación de los flujos migratorios debido a varias razones. Por una parte, son personas huyendo de los conflictos y de la inseguridad, como, por ejemplo, en Siria, Yemen, Mali y varios países africanos. Por otra, son los efectos devastadores del cambio climático, que producen inundaciones, se-quías (como en el Sahel africano), escasez de alimentos… La tercera es la inestabilidad económica: los migrantes también se mueven cuando existen profundas crisis económicas en sus países de origen.

¿Qué quiero decir con esto? Que ninguna persona en sus cinco sentidos decide dejar su país de origen, su familia, sus afectos, a veces sus bienes materiales, sólo porque sí, sino que se ven obligados a buscar nuevos horizontes, donde se sientan más seguros y con mayores oportunidades. Es un sentimiento humano y fundamental de supervivencia.

Si vemos el fenómeno migratorio en América Central, la procedencia de la migración son países que atraviesan profundas crisis económicas y, a veces, crisis políticas y de seguridad. Eso explica los flujos migratorios en los países del Triángulo Norte de Centroamérica.

Centrándonos en esta región, por un lado existe la necesidad de enfrentar el fenómeno migratorio de manera distinta, de normarlo y regularlo, según se estableció en el Pacto Global Sobre Migración impulsado por la ONU (acordado en Marrakech, Marruecos, en diciembre pasado), pero, por el otro, un jugador muy relevante como Estados Unidos está en una posición de rechazo a la migración y no se adhirió al Pacto. ¿Cómo avanzar en este entorno?

El Pacto es un referente que promueve la cooperación, el intercambio, el diálogo, pero también la responsabilidad entre los países de origen, tránsito y destino. Es una suerte de menú de 23 recomendaciones de política para los países, y vemos que ya está dando resultados.

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Foto: John Moore/Getty Images.

Tenemos un acuerdo de cooperación y trabajo conjunto entre los países del Triángulo Norte de Centroamérica, promovido por México, que firmaron éste, Honduras, El Salvador y Guatemala, para tratar y prevenir la migración, es decir, tratar los asuntos estructurales de la migración, con el apoyo de Naciones Unidas a través de la Comisión Económica para América Latina (Cepal). Eso es un fruto concreto del Pacto Global de las Migraciones.

Efectivamente, hay países que tienen políticas de impermeabilidad hacia la migración. Es una paradoja, porque son países que se han construido, crecido y desarrollado con el aporte de la migración.

Estados Unidos es el ejemplo perfecto. Aquí en Nueva York, se suele visitar Ellis Island, que recuerda cómo se fundó este país y consolidó con el aporte de los flujos migratorios desde el siglo XVIII y, luego, con mayor intensidad, después de la Segunda Guerra Mundial. Nueva York era puerto de llegada. En este momento de la historia, creo que sería muy difícil pensar en la economía y la prosperidad de este país sin el aporte de la población migrante, de trabajadores, estudiantes, emprendedores, inversores, consumidores migrantes.

¿Por qué se radicalizó la sociedad estadounidense ante los migrantes?

Quizás no hemos hecho el trabajo pedagógico suficiente. Por ejemplo, en el caso del Pacto, no es un secreto para nadie que estuvimos en serias dificultades para hacerlo un instrumento de referencia universal. ¿Por qué? Porque se distorsionaron los contenidos del pacto. Primero, hubo una campaña orquestada y direccionada por ciertos grupos muy conservadores, no sólo en Estados Unidos, sino en todas partes, en Europa, para decir que la migración era una amenaza y que el Pacto Global Sobre Migración obligaba a los países a recibir a migrantes, lo quisieran o no.

Y es todo lo contrario: el Pacto establece mecanismos de cooperación, intercambio y ciertas guías de política, pero deja en manos de los Estados las decisiones soberanas en materia migratoria. Nos faltó difundir cuáles son los beneficios del Pacto.

Los objetivos del Pacto involucran temas que son de enorme preocupación para el mundo entero. Son medidas contra la trata y el tráfico de personas, evitar la separación de las familias y la detención de menores de edad que son parte de los flujos migratorios, el derecho de los migrantes a recibir atención básica de salud y educación. No es nada del otro mundo, pero esto fue distorsionado y se empezó a generar una información equivocada, yo diría, incluso, tendenciosa, que generó una serie de resquemores en las esferas políticas de distintos países.

¿Cómo va a funcionar este acuerdo del Triángulo Norte de Centroamérica, si existe esa postura del gobierno de Estados Unidos de rechazo a la migración, no adhesión al Pacto, e insistencia en construir un muro en la frontera con México?

La ventaja de este acuerdo es que utiliza el marco de referencia del Pacto y, por otro lado, apunta a un enfoque preventivo, básicamente en mejorar las condiciones económicas de los países de origen, la producción, inversión, generación de empleos, promoción de una educación de calidad. Ésa es la más potente medida preventiva.

Entiendo que incluso Estados Unidos tiene interés en este acuerdo, que está dispuesto a aportar financieramente para darle vida, lo cual es una buena noticia e indica que, efectivamente, el Pacto por las Migraciones es una herramienta útil.

¿Cuándo va a surtir efecto el Pacto?

Ya está en vigencia; ha sido ratificado y firmado por 153 países. He nombrado a dos países para co-facilitar lo que se llama modalidades de implementación, en espera que tengamos, en los próximos meses, una herramienta que se llame Foros de Revisión de Inmigración Internacional, con un despacho de encuentro para que los países compartan experiencias, intercambien buenas prácticas e informen de los avances.

María Fernanda Espinosa es la primera latinoamericana que preside la Asamblea General de Naciones Unidas. Foto: Ariana Lindquist / ONU.

Esos países son España y Bangladesh, y van a conducir los trabajos de consulta con los Estados miembro. Lo primero son las modalidades para los procesos de revisión e implementación del Pacto; eso está ya en camino desde enero. El segundo tema es que el sistema de la ONU ha generado e instalado la Red de Naciones Unidas para la Migración, que involucra a más de 30 agencias y programas de la ONU alineados para acompañar y apoyar a los países en la implementación del Pacto; esa red es coordinada por la Organización Internacional de las Migraciones (OIM), pero participan el programa de Naciones Unidas para el desarrollo, Unicef, la Oficina del Alto Comisionado para los Refugiados (ACNUR), el Fondo de Conversión de las Naciones Unidas, ONU Mujeres…

¿Qué es lo que veremos en el caso del acuerdo del Triángulo Norte de Centroamérica?

Hay un análisis muy interesante de la Cepal sobre cuáles son las fuerzas estructurales que empujan la migración de los países del Triángulo Norte de Centroamérica, es decir, los contextos económicos y sociales de esos países y México. Ahí tenemos cifras muy específicas de los desafíos sociales, crecimiento de la pobreza, desigualdad… en fin, y cómo dar respuestas a estas situaciones.

Lo interesante es que los países han tenido la voluntad política de ponerse de acuerdo y encaminar un proyecto de mediano plazo, que tendrá un efecto de prevención y de combate a la migración, sobre todo a la migración riesgosa, que nos preocupa enormemente, porque el tráfico y la trata de personas, el “coyoterismo”, es uno de los flagelos más comunes y más trágicos en la zona del Triángulo Norte de Centroamérica.

¿Cómo va a estar estructurado el trabajo?

Nosotros hacemos el esfuerzo normativo, las recomendaciones de política, pero son los Estados miembro quienes asumen la responsabilidad directamente; el acompañamiento técnico desde las Naciones Unidas lo va a asumir la Cepal. En el momento de la firma, estuvieron presentes los propios presidentes de esos países, y en Marrakech hubo también una suscripción y compromiso de todos los cancilleres de los países del Triángulo Norte de Centroamérica.

Lo que se ve es que existe un compromiso político al más alto nivel. “Los astros están alineados” para que tenga éxito está iniciativa y que sea, además, la iniciativa pionera sobre cómo fomentar la cooperación entre países y poner en práctica el Pacto Global para las Migraciones.

A México se le ha cuestionado que pueda convertirse en un país de contención para que los migrantes no lleguen a Estados Unidos. ¿Es este mecanismo una solución al asunto de la migración?

Un tercer país que haga el rol de país de contención no es sostenible en el tiempo y, por eso, es tan importante que existan iniciativas como este Pacto. El plan de desarrollo para los países del Triángulo Norte de Centroamérica prevé la creación de un fondo y que, durante el primer trimestre de este año, los países involucrados unifiquen ideas en áreas de oportunidad. Se diseñará un plan concreto para la implementación de las acciones previstas, pero en el marco de una herramienta poderosa generada por Naciones Unidas: la Agenda 2030.

Es un enfoque integral que busca la erradicación de la pobreza, la reducción de la desigualdad, atender temas como el cambio climático, la construcción de sociedades sostenibles, es decir, es una agenda ambiciosa para fortalecer las instituciones, mejorar la gobernanza en los países… en fin; son los 17 objetivos que también actúan como paraguas del acuerdo firmado por los países del Triángulo Norte de Centroamérica. Ésa es la única manera de darle una respuesta integral y una respuesta estructural a la migración.

Hay quienes atribuyen la intensificación de la migración a la confrontación que brota en diferentes partes del mundo entre el nacionalismo y el multilateralismo vigente después de la segunda guerra mundial. ¿Está la ONU respondiendo a tiempo o tiene que repensar cómo responder a ese problema?

Diría tres cosas. La primera es reiterar la responsabilidad que tenemos, en Naciones Unidas, de hacer una mejor pedagogía sobre el fenómeno migratorio y el uso de los contenidos del Pacto Global: entender que no es un instrumento vinculante, que no es un nuevo tratado, sino que son una suerte de opciones, y que no sólo abordan la migración, pues ponen el dedo en la llaga en torno del tráfico ilícito de personas, que es una de las tragedias que vive el mundo actualmente y que afecta en un 70% más a mujeres y niñas.

Pero también, segunda cosa, es importante que sepamos cuáles son los números. El tema migratorio no es algo atípico: una de cada 30 personas en el mundo es migrante; estamos hablando de casi 260 millones de personas en situación de movilidad humana. Y que sepamos que la respuesta a la migración solamente puede ser multilateral. Por naturaleza, el fenómeno migratorio es trasnacional, así que requiere respuestas multilaterales, y la casa del multilateralismo son las Naciones Unidas.

Y, tres, desmontar esa falsa paradoja de que, o vamos por el interés nacional o vamos por el multilateralismo. Podemos hacer las dos cosas: tener un compromiso de fortalecimiento del multilateralismo y dar respuestas globales a los problemas globales; y, por otra parte, escuchar y atender las necesidades y prioridades nacionales de un país. Ambas cosas se pueden hacer, pero cuidado con la emergencia de esos nacionalismos, que nos recuerdan, efectivamente, la Segunda Guerra Mundial, que promueven el racismo, la discriminación y que pueden ser, en determinados momentos, muy peligrosos, sobre todo viviendo en el mundo de hoy, que es, evidentemente, diverso en lo cultural, lo religioso, en las formas de vida. Debemos tener mucho cuidado con la satanización de la diversidad. Eso puede ser realmente muy peligroso, como lo fue, en su momento, en la Segunda Guerra Mundial. No podemos repetir los mismos errores del pasado.

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Foto: Atilgan Ozdil/Anadolu Agency/Getty Images.

En ese sentido, México exhibió una gran paradoja cuando pasaba por aquí la caravana de centroamericanos con rumbo a Estados Unidos. Hubo reacciones inesperadas de algunos sectores, sobre todo en redes sociales, de tipo racista y discriminatorias, a pesar de que compartimos con Centroamérica un mismo origen racial.

Eso puede empeorar si es avivado por fuerzas reaccionarias de distintos países. Dolorosamente, estamos viendo que existe una coordinación de estos discursos xenófobos radicales en todo el mundo, en Europa, en nuestra propia región, y eso es tremendamente peligroso. Hay que hacer un esfuerzo. Los medios de comunicación, el periodismo, tienen un rol fundamental que cumplir para hacer una reafirmación de los valores esenciales de la convivencia, del respeto a las diferencias… algo que, en un mundo tan complicado como el de hoy, parece que se olvida.

Dice usted que hay una coordinación de grupos conservadores o ultraconservadores que se expresan con estos discursos. ¿No es espontáneo?

En muchos casos, hemos visto información, por ejemplo, de cómo se articuló toda una campaña justo antes de la conferencia de Marrakech. Hemos hecho un monitoreo de redes sociales y de ciertos medios que empezaron a generar una bola de nieve de desinformación sobre el Pacto, lo que afectó, muchas veces, la opinión de la clase política de muchos países, y eso perjudicó el proceso de adopción del Pacto.

Casi la totalidad de los Estados miembro de la ONU se han comprometido con el Pacto, el cual mantiene las puertas abiertas para aquellos países que, cuando hayan pasado por procesos de debate y discusión interna, estén listos para sumarse [no firmaron el Pacto Estados Unidos, Austria, Hungría, Polonia, Bulgaria, República Checa, Israel, Australia y República Dominicana].

¿Qué análisis tienen sobre ese monitoreo?

Había un grupo en las redes sociales que desinformaba, con posturas radicales en contra de la migración. Y el mismo discurso aparecía en un país y luego en otro.

El Banco Mundial ha analizado las ventajas de la migración en las economías de los países de destino. Eso es relevante porque muchos de los argumentos en contra de los migrantes son económicos. ¿Los ciudadanos de a pie entienden bien el papel de la migración?

Más allá del aspecto más importante, que es el enfoque del derecho fundamental a la movilidad, si vemos a los migrantes como fuerza laboral y como estudiantes, emprendedores, inversionistas, consumidores, ahorradores, y como personas que pagan impuestos en los países de destino, y que aportan a la economía de sus países de origen a través de las remesas, los números muestran ampliamente que el aporte de los migrantes es enorme.

¿Qué hacer con el problema de la inseguridad y la violencia como expulsores de migrantes? No parece que el Pacto de Marrakech pueda hacer mucho en este sentido, porque es un tema que compete a los países de origen.

Nadie tiene una respuesta única y simple a los temas de violencia y de crimen organizado que tocan a todas naciones del mundo; lo que si tenemos es la capacidad de tratar estos temas en el escenario de las Naciones Unidas, que tiene una estrategia, por ejemplo, contra el terrorismo; tiene mecanismos de mediación, generación de confianza, fomento de la paz, orientaciones para el trabajo… Es decir, tenemos las herramientas que pueden ser utilizadas de la mejor manera cuando existen la voluntad y la decisión política de los Estados y de sus sociedades.

La violencia no es una responsabilidad exclusiva de los Estados; es, también, una responsabilidad compartida de las sociedades, en conjunto con la sociedad civil y las organizaciones sociales.

 

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