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Como muchas familias mexicanas, los Hernández formaban un grupo numeroso, pero tenían una particularidad: en la in­fancia de los niños no figuraba la escuela ni todo lo que conlleva convivir a diario con profesores y compañeros de clase.

Para los 11 hermanos, los maestros eran sus propios padres, y la escuela, su casa. Isaac, séptimo hijo de Héc­tor Hernández y Laura Fernández, se recuerda jugando entre tendederos en el patio.

Héctor y Laura no estaban de acuerdo con la educa­ción que se impartía en el país, pues, a su juicio, limitaba el desarrollo personal; y actuaban en consecuencia. Decidieron hacerse cargo ellos mismos de enseñar a sus hijos Matemáticas, Español, Ciencias Naturales…

Su plan educativo incluía activi­dades artísticas y deportivas. Héctor fue ex bailarín profesional y había pasado parte de su vida en Estados Unidos, así que enseñaba a sus hijos los principios de la danza en ese patio poblado de tendederos.

En esa atmósfera, familiar y auto­didacta, hizo sus primeras rutinas el hoy mejor bailarín del mundo: Isaac Hernández.

“Era una vida que parecía real­mente de locos. Mis papás se divi­dían las materias para enseñarnos y, al mismo tiempo, nos hacían tomar una actividad distinta, desde ballet o piano, hasta karate o lima lama, todo en casa. A mí me gustó la danza”, relata Isaac a Forbes México en las instalaciones de la Escuela Nacional de Danza Clásica y Contemporánea, días antes del inicio del Festival Despertares Impulsa, para el cual el bailarín se trasladó de Londres a la Ciudad de México.

“Llegué a pasar cuatro o cinco horas diarias en el patio entrenan­do con mi papá. Bromeábamos, en nuestra pequeña burbuja de la colonia Seattle de Guadalajara, con la idea de que llegara a ser el mejor bailarín del mundo”.

Todas las burbujas estallan y a la de los Hernández le llegó su momento cuando Isaac estaba en edad para entrar a la universidad. Las condiciones económicas por las que pasaba la familia no eran las mejores, y pensar en pagar una escuela para él era un despropósito, así que la única posibilidad de que Isaac siguiera adelante con la danza era conseguir una beca.

Envió su solicitud para estudiar en la Rock School for Dance Education, en Filadelfia, Estados Unidos, y fue aceptado. A juicio de los seleccionadores, la capacidad de Isaac estaba por encima de la de muchos que habían estudiado en academias. “Esa formación tan directa [de su padre, Héctor] me llevó a aprender muchos principios que no se aprenden a esa edad y que, cuando pude salir a participar en competencias, acabaron por llamar la atención de muchas personas”, dice Isaac.

¿Con quién ha bailado Isaac Hernández?

  • American Ballet Theatre (miembro) / Nueva York, Estados Unidos
  • San Francisco Ballet (miembro) / San Francisco, Estados Unidos
  • Dutch National Ballet (miembro) / Amsterdam, Países Bajos
  • English National Ballet (miembro) / Londres, Inglaterra
  • Paris Opera Ballet (invitado) París, Francia
  • Rome Opera (invitado) / Roma, Italia
  • Mariinsky Theatre (invitado) San Petersburgo, Rusia

La academia de Filadelfia fue sólo el inicio de un peregrinar por distintas instituciones estadouni­denses. En Nueva York, ingresó en el American Ballet Theatre; después se fue a California para enrolarse en el San Francisco Ballet.

Cuando sintió que no podía esperar mucho de las academias de ese país, optó por cambiar completamente de aires: se mudó a Ámsterdam para enrolarse en el Dutch National Ballet. De ahí saltó a Londres, en 2015, para convertirse en el bailarín principal del English National Ballet.

A mediados de este año, el sueño de Isaac, compartido con su padre, se hizo realidad. Recibió, en una ce­remonia celebrada en el legendario Teatro Bolshoi de Moscú, en Rusia, el premio Benois de la Danse, consi­derado el galardón más importante de esta disciplina en el mundo.

A partir de entonces, los días de Isaac agobiarían a cualquiera. Comienza a las 10 am, con clase de ballet; después ensaya con la compa­ñía la obra que presentarán el mismo día y, apenas dos horas después, se prepara para la siguiente represen­tación de la misma, a las cinco de la tarde. Regresa a casa a medianoche.

Ganar confianza

El premio confirmó que las ideas heterodoxas de sus padres funcio­naron, sobre todo, en un punto: la autoconfianza de los chicos. “Hoy, estoy seguro de que el tiempo le dio la razón a mis padres, porque nos permitieron ser quienes queríamos ser, desarrollar un talento y confiar en nosotros mismos. Esto nos ayudó a generar un pensamiento crítico mucho más avanzado que el que tenían usualmente los jóvenes de nuestra edad”, afirma.

Recuerda claramente que su mamá le decía que lo único que de­bía hacer era decidir qué es lo que quería hacer y luchar por ello. “Esta confianza que mis papás desarro­llaron en mí fue crucial, porque me sentí capaz de tomar mis propias decisiones sin miedo alguno; me sentía lo suficientemente maduro para hacerlo, siempre”, dice.

Algo que también aprendió desde esa época de vida familiar, y que considera crucial en su carrera, es a no conformarse, a exigirse más y a seguir adelante sin importar la altura de los logros ya alcanzados.

Esto explica la cantidad de cambios que, a sus 28 años, Isaac ha hecho de una compañía de danza a otra, y su atrevimiento a dejar po­siciones de confort que, para otros artistas de su edad, podrían ser la coronación de una carrera. Y podría ser la razón por la que él no teme volver a empezar en una nueva compañía y trabajar para ganarse, de nuevo, el reconocimiento.

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“Soy una persona incómoda por naturaleza. Yo motivo directamen­te cada uno de los cambios en mi carrera, porque me creo capaz de ir siempre hacia delante. No soy, de ninguna manera, de las perso­nas que tienen como meta final el sentirse bien en un único lugar. De ninguna manera: yo necesito retos, seguirme moviendo siempre”, ex­plica a Forbes.

Así quedó demostrado cuando decidió dejar Estados Unidos y viajar al Viejo Continente para in­gresar en el Dutch National Ballet, un cambio que lo confrontó con un entorno completamente nuevo. “Llevaba meses pensando en cuál debía ser mi siguiente paso. Estaba muy contento en el San Francisco Ballet, era uno de los bailarines

principales y podía haberme que­dado ahí por mucho tiempo; sin embargo, sabía que, si quería seguir creciendo, era fundamental que fuera a bailar a Europa. Entonces, un día me levanté y enseguida fui a la oficina del director para renun­ciar”, recuerda con emoción.

Hernández no tenía idea de lo que encontraría para sí en Europa. No tenía contrato firmado con nadie y ni siquiera había tocado ninguna puerta en busca de ello. De lo único que estaba seguro era de que su lugar ya no estaba en San Francisco.

“Había estado 10 años trabajando con los mejores coreógrafos de Esta­dos Unidos, primero en el American Ballet Theatre y, después, en San Francisco, pero no podía evitarlo: mi corazón quería mucho más que eso; quería enfrentarme a un nuevo pú­blico, que nuevos críticos conocieran mi trabajo”, recuerda.

Incluso sus padres le cuestiona­ron esa decisión y le advirtieron que podría estar cometiendo un error. “Mi familia veía este cambio como una decisión arriesgada, por el mo­mento en el que yo me encontraba y todo lo que había invertido para llegar hasta ahí”, comenta. “Pero yo estaba seguro de que mi plan no era estar 20 años en una misma compañía, como lo hacen muchos bailarines”.

La mudanza a Ámsterdam no puso fin a su insatisfacción ni apaci­guó su deseo de ir por más. Apenas unos años más tarde, estaba de nuevo viendo hacía dónde daría su siguiente salto. “Te puedo asegurar que llegué al English National Ballet por la misma situación: estaba incó­modo, y creo que esta incomodidad es la razón principal por la cual he logrado llegar hasta donde estoy”, reflexiona.

El siguiente paso

¿Y hacia dónde puede moverse hoy, cuando parece ser que ya lo conquis­tó todo? El proyecto que lo impulsa actualmente no tiene que ver única­mente con los escenarios.

Isaac Hernández no se conforma y siempre se exige más, sin importar la altura de los logros que ya ha alcanzado. Foto: Robbie Jack/Corbis via Getty Images.

Con el Festival Despertares Impulsa, Hernández busca traer a México algo de lo conseguido en su trayectoria. “Hoy estoy en el mejor momento de mi carrera, tanto física como mentalmente. Eso lo tengo muy claro; pero eso no quiere decir que no siga sintiéndome ansioso por buscar más cosas. Entonces, mi si­guiente reto se llama México: quiero ayudar a mi país a crecer”, afirma.

Despertares tiene como objetivo, por un lado, traer al país a figuras relevantes del mundo de la danza que puedan compartir su conoci­miento con jóvenes bailarines y, por otro, seleccionar a los estudiantes más destacados y con potencial para llevarlos a los grandes escenarios, a “las grandes ligas”.

En la última edición del evento, en agosto, Isaac y un equipo de espe­cialistas del English National Ballet (entre quienes estaba Loipa Araujo, directora asociada), hicieron audi­ciones a 123 bailarines, de los que eligieron a 11 para darles becas y que sigan estudiando con la compañía.

“Hay gente que me dice que, si no me metiera en cosas de México, po­dría, sin ningún problema, terminar mi carrera siendo el mejor bailarín de todos los tiempos; pero creo que tengo mucha más capacidad que eso, y este proyecto con los jóvenes es muy importante para mí”, sostiene.

La inconformidad de Isaac no es ahora con su inmovilidad en una cierta academia, sino con las escasas perspectivas que hay en su país para los jóvenes que han elegido la danza como su eje de vida. “No podemos ignorar ciertas realidades de Mé­xico. Sí hay falta de oportunidades para quienes quieren ser bailarines, en gran medida, porque hay falta de confianza en la industria artística, tanto de gobiernos como de em­presas, e incluso de las familias, las cuales, muchas veces, son el primer obstáculo para los jóvenes que se quieren dedicar a esto”, explica.

Ser creativo

Lo que ha llevado a Isaac hasta la cima es el trabajo creativo. Si no se preocupara por impulsarlo en su persona, señala, sería únicamente un intérprete de lo que otros crearon. “La creatividad en mi trabajo juega un papel excepcional, porque es la materia que me hace ser un artista completo, capaz de proponer nuevas ideas y estilos sobre la base de lo que voy a bailar”, expone.

La creatividad puede encontrarse en todas partes, opina, por lo que es fundamental tener los ojos siempre bien abiertos. “Creatividad es conte­nido, y el contenido está en cual­quier lugar, porque absolutamente todo lo que nos rodea es fruto de una idea creativa”.

Pero los bailarines, advierte Isaac, suelen cometer siempre un error: creen que, por el simple hecho de hacer lo que hacen, ya son creativos; peso eso es totalmente falso, señala, porque si sólo se dedican a seguir un esquema, serán simples ejecutantes.

“Por eso, yo trato de consumir contenido siempre. Me encanta la música; al teatro voy al menos dos veces por semana, y me gusta especialmente cuando los artistas toman a los grandes creadores y los reinventan”.

Los papeles más importantes de Isaac

  • Ali y Conrad, en Le Corsaire
  • Romeo, en Romeo y Julieta, de Nureyev
  • Franz, en Coppelia, de Roland Hynd
  • James, en La Syphide
  • El Príncipe Desiré, en La bella durmiente, de MacMillan
  • Albreach, en Giselle, de Akram Khan
  • El Hombre, en Song of the Earth, de MacMillan
 

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