Su urgencia de transformación y aventura musical la llevan hoy por los territorios del jazz, con el disco Wait for the rain y el trío Caída Libre, y a la par, igual de sensacional (o incluso más), nos entrega El hilo invisible, acompañada de Cuarteto Latinoamericano.

 

Vamos a ponerlo en claro desde un inicio: hoy por hoy, Jaramar se ha convertido ya en una de las artistas más sobresalientes en nuestro país. Conste: no es una loa gratuita; sus 35 años de “carretera” lo demuestran, lo muestran, lo constatan.

Artista visual de primera línea, pero sobre todo cantante y músico, Jaramar se ha labrado una carrera musical inclasificable, sumamente atractiva y atrayente.

Y lo viene haciendo, en particular, desde 1993, cuando decidió dejar la seguridad de un ensamble (afianzado) por la aventura del camino en solitario. Recordemos: en sus primeros pasos, Jaramar formó parte del grupo Escalón (de 1980 a 1987), después (entre 1985 a 1996) se sumó a Ars Antiqua —para entonces consolidado ensamble de música antigua—. Así, cuando todo parecía seguir su cauce, decidió hacerle caso a sus instintos y seguir su propio camino.

¿El resultado? Una docena de álbumes heterogéneos en los cuales ha vertido sus gustos, intereses, inquietudes. Y es que una característica del trabajo de Jaramar a lo largo de todos sus discos (y de muchos años) ha sido una mezcla de estilos, al principio, sí, ligados a la música medieval y renacentista, aunque con instrumentos electrónicos también; después, poco a poco se han ido filtrado sus influencias de músicas tradicionales diversas.

Ahora, con su nuevo disco, lo ha vuelto a hacer, le ha dado un giro completo a su música porque, simple y sencillamente, en Wait for the rain se adentra, ahora, a los territorios del jazz.

Exploración y aventura.

Exploración y aventura.

Se trata de una colección de 14 canciones cercanas, conocidas; interpretadas (con esa voz hermosa y de múltiples colores de Jaramar) de manera íntima, oscura, todas acompañadas solamente de guitarra y contrabajo.

Eso sí —y Jaramar quiere dejarlo en claro desde ahora—: “Aunque fui la que dio origen a todo esto —dice en entrevista—, el proyecto es de tres personas. Por eso el disco no lleva mi nombre sino el del grupo, el del trío: Caída Libre.”

De hecho, para formar Caída Libre, y luego llegar a Wait for the rain, el proceso ha sido bastante peculiar y bastante largo, por decir lo menos.

Es la propia Jaramar la que nos cuenta cómo se dio todo esto:

—Es cierto: Caída Libre es un proyecto que tiene ya varios años, alrededor de un lustro, y que surgió para el escenario inicialmente; por eso, hasta ahora se metió al estudio de grabación… Como sabes, yo tengo mi proyecto como solista, que es, digamos, la carretera amplia por la que camino en la música. Caída Libre, en ese sentido, nació como una carretera paralela que yo quería desarrollar; quería que fuera un proyecto que no tuviera nada que ver con lo que venía haciendo. Surgió principalmente de una necesidad mía; hablo de una necesidad de cumplir con un pendiente que tenía, que era —y Jaramar lo narra entre risas pícaras— probarme cantando repertorio de jazz.

Desde un inicio, ella no quería que este proyecto se mezclara con su otro trabajo musical, el cual ya tiene muy bien definido. “Eso lo tenía muy claro”, puntualiza.

—Sabía que no tenía nada que ver con lo otro que estaba haciendo, que tenía que manejarlo por separado para que no se mezclara, y sobre todo que musicalmente no se debería de parecer… Es decir, yo no quería cantar versiones jazzísticas de lo que estaba cantando, de mis composiciones, o de lo que venía haciendo, sino que quería crecer como cantante.

Jaramar también tenía otro motivo: el jazz no era un género que le fuera ajeno:

—Lo conozco desde pequeña. Las primeras canciones del repertorio jazzístico las aprendí alrededor de los 11 años, y las canto desde los 12 años. Entonces, crecí de alguna manera con esa música, están en mi historia de formación musical. Es un género, es una música, es un repertorio, al cual le tengo un enorme respeto. Pero yo sentía, precisamente por esa cercanía, que podía adentrarme a él. Eso sí: yo sé que no soy jazzista, lo tenía muy claro; sin embargo, partí de eso. De pronto, llegó un momento en el cual me dije: sí lo voy a hacer, a ver quién jala conmigo.

Para encontrar a sus socios musicales, a Jaramar le ayudó el tener sus ideas muy bien trazadas:

—Tenía claro que no quería una alineación convencional, y que tuviera lo clásico de batería, piano, saxofón. No. Quería algo muy minimal, para que lo que saliera fuera muy íntimo y muy cercano; quería explorar estas canciones de una manera diferente. Por eso decidí que fuera un trío. Me parece que una formación de estas características nos obligan a dialogar más, a conversar constantemente entre los músicos. Incluso, ellos saben que somos una entidad, a la que le debemos entrar los tres de manera igualitaria…

A lo largo de este trayecto, empero, la alineación de Caída Libre ha cambiado. No de manera alarmante, pero sí se ha modificado. Desde luego, se mantiene la base de instrumentos —guitarra y contrabajo—; lo que han cambiado son los músicos.

3Por Caída Libre han transitado —“cada uno de ellos aportando muchas ideas y su estilo y sus influencias”, aclara Jaramar— músicos como Luis Javier Ochoa, Carlo Buonaurio, Daniel López y Eliud Ernandes.

Y aunque precisamente Eliud Ernandes (contrabajo) participó en la grabación de Wait for the rain, ahora se ha marchado. “Tenía otros proyectos, y para él ya era muy complicado seguir”, me precisa Jaramar.

Así, la formación actual de Caída Libre es Alejandro Alfaro (en la guitarra), Diego Martinez Lanz (en el contrabajo), y la propia Jaramar (en la voz).

§§§

Hay muchas cosas loables en la figura de Jaramar. Por lo que sabemos, es una madre amorosa, una mujer inquieta (siempre busca más, incluso en sí misma), una excelente artista visual y, desde luego, una increíble cantante que sigue sus impulsos creativos. Si uno revisa su biografía, en ella hay una urgencia de transformación, de búsqueda, de exploración, de aventura (a través de nuevos territorios musicales).

Y eso es justamente Wait for the rain. Eso sí: asombra que hasta el año pasado se hubieran decidido a entrar a un estudio de grabación.

—La verdad —me explica Jaramar— era algo que a mí no me urgía. ¿Por qué? Porque era un proyecto para el escenario, para explorar, para ver qué podíamos hacer, hacía dónde podíamos llevar las canciones. Además, yo tenía mi proyecto (si no principal, sí de solista); todas mis baterías estaban recargadas para los discos que estábamos haciendo. Sin embargo, el momento tenía que llegar. Así que lo comenté a Gerry Rosado, mi productor, y él me dijo: “Sí, ya sabía que iba a llegar el momento en que teníamos que grabar a Caída Libre. Tienes razón, ya es el momento.”

—Pero, entonces, ¿ya estabas segura de tu faceta jazzística, Jaramar?

—No. Te digo: a mí me costó trabajo adentrarme y convencerme de todo esto… Creo que los músicos estaban más entusiasmados con la idea, porque yo no sabía si realmente íbamos a aportar algo al panorama de los discos mexicanos en este género. Pero, ojo: sí estaba convencida de que teníamos un lenguaje muy propio, un sonido muy propio, una estética sonora también muy propia… que es íntima, cercana, oscura… Y no sólo eso: creo que yo crecí como cantante a lo largo de los años de Caída Libre. Lo noto. También perdí el miedo a correr riesgos… Es decir, los sigo perdiendo y sigo explorando. Porque me encanta.

—La selección de autores y temas que hay en el disco es sumamente atrayente. Está Gershwin, Rodgers y Hart, Hanighen y Monk, pero también incluye a autores como Brel o Gainsbourg…

—Las canciones se escogen a partir de lo que quiero cantar, de las letras que yo quiero decir, de las canciones que nos gustan a los tres, con las que sentimos que podemos desarrollar nuestro lenguaje. Para este disco, al final nos decidimos incluir a puros autores en inglés y francés. Son dos idiomas que son naturales para mí, porque viví y estudié en diferentes momentos de vida en Estados Unidos y Francia. Si no quise incluir temas en español es porque hay varias cantantes mexicanas, muy buenas, que cantan boleros en jazz; me dije: ¿para qué queremos otra? Entonces, les dije que mejor exploráramos los temas que ya teníamos. Todas son canciones que ya tengo muy interiorizadas, que conozco.

—¿Es importante sentirte identificada con las letras que quieres decir?

—Por supuesto. Es esencial para mí. Creo que no puede ser de otra manera. Yo soy una cantante que está muy vinculada con las letras. Para mí, los textos son importantísimos, la palabra es importantísima. De hecho, cuando yo compongo, lo primero que hago es escribir el texto y después desarrollo las melodías… Por eso mis canciones, a veces, son un poco sui géneris, ja-ja… Entonces, la palabra tiene que salir de mí. Aun cuando no son canciones que yo escribí, cuando yo las escojo, tengo que hacerlas mías, deben de representarme porque, además, es mi voz la que les dará vida. Tengo que sentirme honesta al estar diciendo esas palabras; de lo contrario no las puedo vincular con mis emociones. Para mí, la honestidad escénica es la base de todo lo que yo hago. De hecho, he visto que el momento en el cual soy más yo, es cuando estoy en el escenario… El escenario, mi trabajo musical, mi trabajo vocal, me ha permitido descubrir quién soy…

Seducción sonora.

Seducción sonora.

Por cierto, una última consideración: a la par de Wait for the rain, que será presentado la siguiente semana en concierto, Jaramar ha grabado otro disco, igual de sensacional (o incluso más), sólo que en éste acompañada del Cuarteto Latinoamericano, por mucho, uno de los mejores que existe en nuestro país.

El disco, que ya circula en tiendas, se llama El hilo invisible. Este proyecto toma como materia prima fundamental los cantos anónimos de los judíos españoles (sefardíes) y reúne a Jaramar y al Cuarteto Latinoamericano en una producción escénica, a la vez que discográfica, capturada en la Sinagoga Justo Sierra. Reúne, también, una selección de canciones enriquecidas por el camino del exilio, que han llegado hasta nuestros días transformadas por las muchas bocas que las han cantado, pero conservando la riqueza melódica y lírica de la música creada en una España en la que se entrelazaron las culturas mora, cristiana y judía.

El hilo invisible es un sueño hecho realidad, mío —me dice, con una voz dulce, Jaramar—. Y que es grabar, nuevamente, este repertorio que amo, que está en la base de mucho de lo que yo canto, de lo que es el proyecto Jaramar, y que me ha enseñado mucho, que me ha hecho descubrí colores en mi voz y formas de cantar que yo no conocía. Un repertorio que llevo 35 años cantando, y me abrió un panorama maravilloso. El proyecto con el Cuarteto Latinoamericano me ha permitido llevar esas canciones que quiero tanto a un espacio arriesgado, nuevo, brillante, importante. Así que es un sueño hecho realidad.


Nota bene: Caída Libre presenta su primer disco, Wait for the rain, el próximo viernes, a las 20:30 horas, en el Foro del Tejedor. Para más información de Jaramar puede consultar su Facebook.


 

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