En Centroamérica se consumen, en promedio, 500 gramos per capita de cereal al año. De acuerdo con la consultora Euromonitor, Kellogg es la compañía más popular de la zona, con un 56% del mercado en sus manos, por encima de competidores como Nestlé y Alimentos Jack’s.

Pero, ¿desde dónde llega su producto a la región? La respuesta es: desde la ciudad de Querétaro, México. En este sitio, desde 1973, la compañía cuenta con un terreno de 25 hectáreas, en donde estableció la planta de cereales más grande del mundo.

En este lugar, cada año se producen más de 110 millones de kilos de cereal para 14 de las 15 marcas que la empresa tiene en la zona, las cuales se distribuyen desde Canadá hasta la Patagonia, incluyendo a los siete países que conforman el istmo.

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En esta planta, valuada en 50 millones de dólares (mdd) y cuya inversión para este año será de 5 mdd, laboran 700 trabajadores.

A la par de estas instalaciones, la compañía también se apoya en sus fábricas de Colombia (ubicada en Medellín) y Venezuela (en Maracay), para cubrir la demanda de sus productos en Centroamérica. En total, la empresa tiene 10 plantas en Latinoamérica.

 

Los secretos de Toño

Poca gente externa a Kellogg ha tenido oportunidad de recorrer la sala inicial de proceso de la planta, donde se dan los primeros pasos para la elaboración de los cereales tal como los conocemos.

La causa: 90% de la maquinaria con la que se fabrica el cereal en esta área fue diseñada directamente por la compañía y es vigilada rigurosamente para evitar que se filtren la operación y la fórmula.

“No encontrarán de ninguna manera [estas máquinas] en el mercado y están patentadas para uso exclusivo de la empresa”, comenta Edgar Morán, gerente de la planta.

El proceso es simple y tradicional. En primera instancia, el maíz o grano base del cereal que se quiere realizar se coloca en tolvas que pesan el material y lo llevan hasta las ollas de cocción. Una vez que ya se encuentra cocido, pasa por un proceso de laminado con rodillos para crear la hojuela.

Después llega el secado, en el cual se le retira, poco a poco, hasta un 90% de su humedad. Durante esta etapa se le agregan los componentes de marca, como el azúcar (en el caso de las Zucaritas).

El tiempo estimado para elaborar una hojuela de maíz es de cuatro horas y media, mientras que, para producir el arroz inflado, se requieren 52 horas. La segunda y tercera partes del proceso son empaque y almacenamiento.

La primera se realiza con máquinas que van midiendo la cantidad de cereal y lo van colocando en bolsa y caja.

La planta tiene capacidad para almacenar 12 horas de producción. De sus instalaciones salen, todos los días, 35 cajas de camión con producto listo para ser distribuido. La planta también cuenta con un laboratorio de análisis, que permite evaluar que sus productos cuenten con los beneficios que señalan en el empaque y cumplan con las normativas de salud de los distintos países de la región.

 

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