La Plataforma Intergubernamental de Ciencia y Política sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas (IPBES) acaba de publicar el reporte más reciente sobre biodiversidad, cambio climático y sustentabilidad.

Los escenarios son terribles y desalentadores; prácticamente, en los últimos 100 años, el ser humano ha causado más daño al planeta que lo acumulado en 10 millones de años sin nuestra presencia.

Recopilado por 145 expertos de 50 países en los últimos tres años, con aportes de otros 310 investigadores y basado en la revisión sistemática de alrededor de 15,000 fuentes científicas y gubernamentales, el Informe evalúa los cambios en las últimas 5 décadas, proporcionando un panorama completo de la relación entre las vías de desarrollo económico y su impacto en la naturaleza. También ofrece una gama de posibles escenarios para las próximas décadas.

El reporte sentencia: la salud de los ecosistemas de los que nosotros y todas las demás especies dependemos se está deteriorando más rápidamente que nunca. Estamos erosionando los cimientos de nuestras economías, medios de vida, seguridad alimentaria, salud y calidad de vida en todo el mundo.

Las cifras son impresionantes: el 75% de la superficie terrestre y el 66% de las aguas marinas ha sido afectados por la actividad económica; 80% del agua dulce disponible en la tierra se destina a la industria o a la agricultura. 40% de la población mundial no tiene acceso a agua potable limpia y segura.

La contaminación plástica se ha multiplicado por diez desde 1980. 90% de las aguas residuales se vierte al medio ambiente sin tratamiento. 300-400 millones de toneladas de metales pesados, solventes, lodos tóxicos y otros desechos de instalaciones industriales se descargan anualmente en las aguas del mundo y los fertilizantes que ingresan a los ecosistemas costeros han producido más de 400 “zonas muertas” oceánicas.

Cada dato del reporte hunde las expectativas de vida de las generaciones futuras (si es que logran subsistir) y es una evidencia de la falta de conciencia, malos gobiernos, degradación y corrupción creciente que arrasa con todos los recursos existentes.

Por ejemplo, 1 millón de especies animales se extinguirá antes del 2030. Ya desde el 2015, el 33% de las especies marinas se estaban capturando a niveles insostenibles y un 60% estaba al máximo de explotación.

Condenados a la extinción por dolo, indiferencia y sobreexplotación se encuentran el 60% de las especies terrestres con hábitat insuficiente para la supervivencia; 40% de los anfibios en peligro de extinción. Casi el 33% de los corales, tiburones y mamíferos marinos. 25% de los vertebrados, invertebrados y plantas terrestres, de agua dulce y marina, así como el 10% de los insectos.

Aunque el Informe presenta una lista de posibles acciones y vías para apoyar la sostenibilidad; se estima que las tendencias negativas continuarán hasta 2050, con importantes diferencias entre regiones, lo que provocará escenarios de flujos migratorios y violencia política.

En Agricultura, los expertos recomiendan la promoción de buenas prácticas agrícolas y agroecológicas; planificación sustentable para la seguridad alimentaria, mantenimiento de especies y funciones ecológicas, así como una participación más activa de los productores, el sector público, la sociedad civil y los consumidores.

Es urgente la administración eficiente y transparente de las cuencas hidrográficas; conservación de la diversidad de genes, variedades, razas y especies; la mejora de las cadenas de suministro y la reducción en el desperdicio de alimentos.

Para los mares, es urgente la gestión integral de la pesca; la ordenación del territorio; cuotas efectivas; áreas marinas protegidas; reducir la contaminación y acabar con la pesca furtiva. En las aguas territoriales una mejor integración de la gestión de los recursos hídricos; reducir la erosión del suelo; aumentar el almacenamiento de agua; y, promover inversiones en proyectos hídricos con criterios claros de sostenibilidad.

En áreas urbanas, el Informe destaca, entre otras cosas: la promoción de soluciones basadas en la naturaleza; aumentar el acceso a los servicios y un entorno urbano saludable para las comunidades de bajos ingresos; mejora del acceso a espacios verdes; es imperativo reducir la explosión demográfica y la sobrepoblación.

La población joven tiene el enorme reto de cambiar el rumbo y reflexionar en las tremendas tareas que tiene ante sí. El apocalipsis no vendrá de un juico sobrenatural o cósmico, simplemente de lo que cada uno hace todos los días para mejorar o empeorar la vida en el planeta.

 

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