Uno de los procesos humanos más enriquecedores es el de comunicar, que en sí abarca la acción de compartir. Esta resulta fundamental en toda clase de relaciones que se entablan en la vida y el mundo laboral no es la excepción. Los nexos que se crean dentro de la empresa requieren de un buen manejo de la comunicación y, desde luego, el lenguaje adecuado.

Sobre comunicación, todos hablamos y todos pensamos que somos expertos porque la vemos como algo inherente a nuestra condición humana; de ahí que los resultados de una reciente encuesta de Gallup aplicada en Estados Unidos, y que coincide con otros estudios realizados por prestigiosas universidades, haya dejado a miles con un pasmo completo, ya que reveló que casi el 70% de los gerentes tiene miedo de hablar con sus empleados.

La cifra, y la realidad que encierra, prendió las alarmas porque uno de los factores que más refieren los empleados para sentirse comprometidos y productivos en el mundo laboral es mantener una comunicación regular y significativa con sus jefes.

Pero, según la encuesta, alrededor del 37% de los gerentes admitió que les resultaba difícil dar retroalimentación negativa sobre su desempeño a su equipo; el 20% dijo que luchaban por compartir su propia vulnerabilidad y a otro 20% no le gustaba ser el mensajero de las políticas de la empresa. Más allá de ello, el 69% de los encuestados confesó que encontraba que “comunicarse en general” era la parte más difícil de la relación con los trabajadores a su cargo.

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Si intentáramos tropicalizar la encuesta al contexto mexicano tendríamos que admitir que muy probablemente las cifras se dispararían, debido a que en países con mayor avance se ha logrado profesionalizar la manera de dar retroalimentación, que es un punto que causa ruido a quienes participaron en el reciente ejercicio de Gallup.

En realidad, esto es fácil de entender si admitimos que, aunque la buena comunicación puede parecer sencilla, se requiere de disciplina para que de verdad se lleve a cabo. Anteriormente se nos instruía en el modelo emisor-mensaje-receptor, pero hoy nos damos cuenta de que ese esquema puede convertirse en una teoría de elementos de tantos cambios que ha habido. Actualmente en todos los ámbitos, incluida la empresa, los interlocutores deberán ser capaces de crear diálogos constructivos, que aporten información valiosa al otro y que podamos tener la certeza de que se han entendido perfectamente todos los mensajes que fueron transmitidos.

Evidentemente la comunicación tiene tropiezos, que pueden atribuirse a las creencias y al bagaje que tiene cada persona. En ocasiones, este tipo de factores muy personales complica el proceso y hace difícil que la comunicación fluya; más, si en realidad hay intención de compartir, es posible destrabar cualquier freno que haya surgido.

En este cometido será fundamental que los interlocutores muestren una madurez abierta y franca, sin emitir juicios anticipados y con autocontrol. Aprender a escuchar al otro es muy valioso, y nunca deberá confundirse a alguien que es una escucha comprometida con quien es pasivo. Algo muy importante que debe tenerse presente es que el 65% de la comunicación radica en la corporalidad. Esa resulta muy evidente y es la que da congruencia a lo que comunicamos.

En los procesos internos de las empresas es fácilmente perceptible detectar problemas de comunicación. Como casi todos los procesos, en el de comunicación ha habido cambios y ya no se espera que el primer paso lo dé el jefe. En ocasiones, es el empleado quien muestra interés en avanzar y debe haber la apertura para aceptarlo. La información puede llegar de todas partes; sin embargo, si asumimos que los gerentes son quienes tienen más experiencia es muy probable que sean ellos quienes conduzcan el diálogo.

Llegado el momento, será recomendable tener presente que en una comunicación fluida y clara intervienen los siguientes elementos: ambiente (el contexto); oportunidad (encontrar el momento idóneo y el tiempo adecuado); voluntad de las partes; una escucha profesional fidedigna de empatía; cerciorarse de su entendimiento; acotar sin divagar; avisar que se entabla un diálogo que tiene un objetivo específico; separar a las personas del problema o de la situación a dialogar; procurar ambientes sanos; corporalidad congruente; sentimiento de confianza sin ser forzado, y contar con elementos y datos fidedignos.

Si logras conocer y manejar estos elementos, tu comunicación será funcional, asertiva y fluida, lo que te permitirá avanzar en el ámbito profesional y en todos en los que te manejes. No te olvides del buen hábito que ya te habíamos comentado: pregunta y no asumas; es muy valioso que hagas preguntas de precisión, de aclaración, de contexto. Las respuestas apoyarán tu crecimiento.

 

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