El escenario político venezolano se tornó complejo a partir de la decisión de Juan Guaidó de autoproclamarse presidente interino de ese país, con el apoyo de quienes integran la Asamblea Nacional y, posteriormente, con el de diversos países con influencia en la región que han mostrado su reconocimiento a este hecho y, en consecuencia, el desconocimiento del gobierno de Maduro.

El gobierno mexicano, comunicó que no desconocía a Nicolás Maduro ni reconocía a Guaidó, porque con base en la Doctrina Estrada, se respetaban los principios constitucionales de no intervención, solución pacífica de las controversias y libre autodeterminación de los pueblos. En realidad, dichos principios podían también ser base de la posición contraria, pero resulta relevante ver la configuración histórica de los mismos.

Más allá de la discusión sobre la legitimidad constitucional, tanto de Maduro como de Guaidó, así como de las capacidades legales y de control del Estado venezolano que cada uno tiene, es importante ubicar el uso de la Doctrina Estrada en dos casos que se han presentado en los últimos quince días, donde se han asumido como un pretexto para la no acción en espacios internacionales.

Uno de los orígenes más claros de dichos principios, pueden ubicarse en el diálogo de los melios, en Las guerras del Peloponeso de Tucídides (Tucídides, Historia de la Guerra del Peloponeso, V 86-116, traducción de Juan José Torres, Biblioteca Clásica Gredos, Madrid, 1991), donde se expone una de las bases del pensamiento realista más relevantes.

En una tregua entre Esparta y Atenas, ésta última ciudad envió a un Ejército a conquistar la isla de Melos que había permanecido neutral y cuya posición estratégica resultaba relevante para sus intereses militares. Al llegar, los generales atenienses negociaron con los gobernantes melios la rendición, pero éstos se negaron argumentando, precisamente, lo que la Doctrina Estrada plantea: neutralidad, amistad con todas las partes y dejar que los demás países resuelvan sus problemas por sí mismos. La respuesta de los atenienses fue la desaparición de los melios como comunidad política, al someterlos a la esclavitud y poblar la isla con personas provenientes de Atenas.

Si bien el origen histórico de la Doctrina Estrada no está en los años treinta del siglo XX, sino como muestra el diálogo de los melios, casi 2500 años antes, es cierto que tiene una utilidad política, pues sirven para justificar acciones u omisiones en cualquier espacio político, en un contexto de “neutralidad”.

El cálculo político nos llevaría a pensar entonces qué busca el gobierno mexicano al asumir dicha condición de “neutralidad”, pues en el sentido estricto eso no existe en política, ni en las relaciones humanas. Mantener neutralidad implica una posición política, que en este caso es un apoyo a Nicolás Maduro, en el contexto de un conjunto importante de países que se han posicionado de manera clara. Pensando en escenarios, qué pasaría si, ante una creciente debilidad de Maduro, los militares aceptan entrar a un proceso de transición negociada, dando la razón a quienes ya apoyaron a Guaidó. Por otro lado, ante un proceso de confrontación interna, y tal vez externa, ¿cómo podríamos tener capacidad de incidencia en el arreglo que al final se genere.

Si en algún momento Maduro acepta la mediación mexicana, por ser uno de los pocos países que lo apoyaron al mantener su reconocimiento ¿cuál sería la posición de otros países en el contexto de los intereses, en otras dimensiones, que México tiene? Los escenarios no son alentadores, ni para el futuro de Venezuela, ni para la política exterior mexicana que ha renunciado a su capacidad de incidencia que había promovido en distintos foros.

Finalmente, el Estado mexicano acaba de reconocer y ofrecer disculpas por el caso de violaciones a los derechos humanos de Lydia Cacho, en un contexto donde hay otras resoluciones similares. Al ubicar los principios constitucionales de política exterior, el de defensa de los derechos humanos se hace fundamental por la posición de dicho principio en la constitución y los tratados que se han firmado. Pero la Doctrina Estrada da para otros más, sin asumir responsabilidad política.

 

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