Por Ana Pazos*

“No tengas miedo a la perfección- nunca la alcanzarás” / Salvador Dalí

Siempre recordaré un consejo que alguien me dio unos días antes de tener mi primera entrevista de trabajo: “Cuando te pregunten… ¿Cuáles son tus áreas de oportunidad o debilidades? – tu di que eres muy perfeccionista”. Esta respuesta, muy común, es según algunos una manera inteligente de sortear una pregunta difícil- porque nuestra mente nos puede llevar a pensar que ser perfeccionista en realidad es una fortaleza, pero suena elegante “disfrazarla” como debilidad. Y muchos caemos en este truco de la mente: Harvard Business Review hizo un estudio con 42 mil jóvenes donde concluyó que el hábito del perfeccionismo ha aumentado significativamente en las últimas décadas.

Yo fui una de las que caí en ese truco: en los primeros años de mi vida laboral siempre consideré el ser perfeccionista como una cualidad, y me sentía orgullosa de ello, pensando que esto ayudaría a mi desarrollo como profesional y a las empresas en las que colaboraba. Pero después de algunos años en puestos corporativos gerenciales y directivos, y como Life y Leader Coach, me ha quedado claro que el perfeccionismo es un hábito negativo con consecuencias nefastas. Para las mujeres, que somos consideradas generalmente como “detallistas” y “perfeccionistas”, la lucha contra este hábito puede ser más retador que para los hombres, simplemente por condicionamiento social.

Constantemente encuentro este hábito negativo en mis coachees. Las consecuencias siempre son las mismas: alimenta emociones como el agobio, la frustración, ansiedad y estrés, pues muchas veces no se cumplen las expectativas de la perfección. También paraliza el proceso de toma de decisiones, frenando la acción por miedo al fracaso. Veo cómo afecta su autoconfianza, pues no se permiten equivocarse. Soy testigo de cómo destruye su espíritu innovador, porque no se arriesgan a hacer algo diferente, y salir de su zona de confort. Y, por si fuera poco, la obsesión por alcanzar la perfección consume tiempo y recursos adicionales que en general podrían haber sido más eficiente dedicándolos a otras actividades. Todo esto termina limitando su desarrollo personal y su contribución a la empresa.

¡Pero ojo! No se trata de que debemos renunciar a metas altas y convertirnos en conformistas. Tal Ben – Shahar, profesora de psicología positiva en Harvard, menciona que la clave es aprender a diferenciar entre el perfeccionismo y el optimalismo.

El optimalismo es una actitud que promueve el éxito al promover una visión optimista pero que no pierde el contacto con la realidad. La mujer optimalista sabe que es esencial una actitud positiva para lograr sus metas. Es inteligente emocionalmente y comprende que existirán obstáculos; esto, en vez de generar estrés, la hace más fuerte porque la motiva a buscar soluciones y estrategias para enfrentar los problemas que puedan surgir.

La mujer optimalista, cuando se equivoca, no piensa que vale menos: ella busca entender lo que pasó, en donde se equivocó y aprende de este resultado para no volver a cometerlo nuevamente.

Tiene una postura flexible, se adapta y tiene la capacidad de superar los obstáculos, ajustando sus acciones para lograr sus objetivos, al tiempo que se siente más satisfecha y feliz.

¿Cómo abandonamos el perfeccionismo para convertirnos en optimalistas? La buena noticia es que, con un poco de esfuerzo y trabajo, se puede lograr; pero es importante recordar que el hábito negativo está en piloto automático y nuestro cerebro nos va a poner algunas trabas:  se necesita ser persistente y por lo menos durante 21 días hacer las acciones necesarias para que el optimalismo se convierta en un hábito positivo.

Las siguientes acciones te ayudarán a decirle adiós al perfeccionismo:

  • Acéptate tal como eres. No hay nadie por quién necesites ser aceptada más de lo que necesitas ser aceptada por ti misma. Sólo cuando suceda esto podrás comenzar a cambiar. Porque aceptarte no significa que te guste todo de ti o que no quieras cambiar nada.
  • Observa la calidad de tus pensamientos y aprende a filtrar tus pensamientos perfeccionistas. Joseph Carver es claro: “Los pensamientos cambian la química del cerebro. Con nuestros pensamientos modificamos los neurotransmisores. ¡Sentimos lo que pensamos! Empieza a filtrar tus pensamientos perfeccionistas y vuélvelos optimalistas, te sentirás mucho más motivada. El éxito está en la constancia en este ejercicio.
  • Cuestiona tus creencias limitantes mediante preguntas poderosas. Pregúntate: ¿Cuál es el costo de buscar la perfección? ¿Qué estoy perdiendo en cada área de mi vida? ¿Cómo será mi vida cuando no seas perfeccionista? ¿Quién dijo que es bueno ser perfeccionista?
  • Trabaja en hacer afirmaciones positivas constantemente. Es científicamente comprobado que las afirmaciones positivas poseen el potencial de transformar la forma en que percibimos e interpretamos las situaciones. Al reemplazar la negatividad con nueva información, nuevas regiones cerebrales son estimuladas y nuevas estructuras neuronales son establecidas, ayudándonos a desarrollar una mentalidad positiva y a romper las barreras que el pensamiento negativo construye en nuestro día a día.
  • Aprende a manejar los errores y enfocarte en la solución. Cuando cometemos un error, hay que analizar detenidamente cuales son los factores que lo han provocado, basándonos en hechos, y después desarrollar soluciones alternativas y seleccionar la mejor. Aprende del error, diseña un plan con tareas específicas, implementa y evalúa. Evita buscar culpables, los dramas y emociones toxicas.
  • Pasa a la acción. La clave para dejar de ser perfeccionista es empezar aquí y ahora, dejar de procastinar y empezar a actuar, aunque sientas que no estás lista. Elabora un conjunto de pequeñas metas y cada semana checa tus avances, ajustándolas hasta que alcances tu objetivo.
  • Busca ayuda de un profesional cuando el perfeccionismo empiece a afectar tu salud. Este hábito negativo te puede hacer sentir estresada, ansiosa y agotada. Saber reconocer y pedir ayuda para mejorar el desarrollo personal es una cualidad de las mujeres exitosas.

Nadie en el planeta empezó haciendo algo desde la perfección: todas las mujeres exitosas de la historia empezaron cometiendo errores, pero gracias a su optimalismo fueron creciendo, aprendiendo y evolucionando.

*Life & Leader Coach

 

Contacto:

Instagram: @anapazoslifecoach

Linkedin: Ana Pazos Life Coach

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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