Por Francisco Coll Morales*

Los auges proteccionistas que estamos viviendo en el contexto económico global generan gran miedo en los mercados y la economía. Mientras que, en 2018, las previsiones para el nuevo año reflejaban un crecimiento económico global del 3,9, según el Fondo Monetario Internacional, los auges proteccionistas y las amenazas de guerra comercial han provocado nuevos reajustes a la baja en las previsiones.

Y es que paralizar el comercio global, así como el conjunto de millones de transacciones que este representa, es ponerle freno a uno de los mayores motores de crecimiento económico que la globalización ha generado. Un comercio mundial que ha pasado de ser, como indica el FMI, un añadido del crecimiento económico, a ser el condicionante para este crecimiento económico.

Según Christine Lagarde, presidenta del organismo y ex Ministra de Economía francesa, el crecimiento económico para el nuevo año iría muy sustentado de un fuerte crecimiento en el comercio global y el crecimiento del número de transacciones entre los países. Únicamente, de este modo, se podrían experimentar esos crecimientos que el organismo preveía. Previsiones que, ante un bloqueo comercial, se verían frustradas.

Y así lo hemos visto, las tensiones que ejercía Estados Unidos sobre China, con el único fin de destronar al país asiático como líder del comercio global y corregir, así, un déficit comercial bastante abultado, ha llevado a estos organismos a realizar nuevos ajustes a la baja en estas perspectivas; mermando los crecimientos en casi un punto porcentual.

La gran apuesta de China por el comercio global provocó que el país se situase como el país líder en crecimiento económico del mundo. Una apuesta que acabó convirtiendo a la economía asiática en el motor de crecimiento mundial y en una de las economías más punteras en materia de crecimiento. Unos resultados que no sentaron muy bien en Estados Unidos.

Al igual que China, muchos países están apostando muy fuerte por el comercio internacional como motor de crecimiento, siendo México ejemplo de ello. El país azteca, en los últimos años, ha apostado muy fuerte por las transacciones internacionales como apuesta de crecimiento, abriendo sus mercados y mostrando un mayor grado de apertura en las fronteras. Ya lo hemos visto en los acuerdos alcanzados con Estados Unidos o Canadá.

Para México, el 74% de su Producto Interior Bruto es representado por el comercio exterior, lo que supone que tres cuartas partes de la economía mexicana depende, directamente, del comercio exterior y las transacciones que realiza el país. Todo ello como resultante de una gran apuesta por la liberalización del país y el incremento del grado de apertura de las aduanas y pasos fronterizos de mercancía en el país.

Una gran apuesta y que ha provocado que México se corone como la economía hispana más fuerte del mundo. Una economía con gran potencial y que pretende posicionarse como una economía líder entre las principales economías del mundo. En los últimos años, la apuesta del país ha sido muy fuerte y pretende fortalecerse con el paso del tiempo y la penetración del país en más mercados.

El comercio exterior, para México, ha actuado como un detonador de atracción de inversiones, crecimiento y desarrollo para el país. Democratizar las oportunidades y los beneficios que implica la liberalización comercial y la integración, de este, en el mercado global implica integrar a más empresas, sectores y regiones al carro de la globalización. Una globalización cada vez más necesaria, como hemos dicho, para crecer.

*Director de desarrollo de negocio de HAC Business School de Nueva York.

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

Siguientes artículos

¿Y si el Banco de México emitiera sus e-pesos?
Por

El efectivo en forma de moneda y papel como medio de pago poco a poco va desapareciendo, la digitalización de la economí...