DW.- Ayer martes, la autoproclamada Business Roundtable –la Mesa Redonda de los Negocios–, un grupo integrado por los directores ejecutivos de las empresas más poderosas de Estados Unidos, anunció la enmienda de su mantra: “Los accionistas primero”. Esa frase resume el argumento del respetado estadístico Milton Friedman (1912-2006), ganador del Premio Nobel de Economía en 1976, según el cual el único propósito de una corporación es maximizar su valor para sus accionistas. Pero los tiempos cambian.

Ines Zöttl, la corresponsal del semanario alemán Der Spiegel en Washington, confirmó que jefes de compañías como Amazon, Apple, General Motors, Ford, Coca-Cola, Walmart, Bayer, Siemens, Exxon, SAP, Goldman Sachs y Blackrock firmaron un comunicado donde se enfatiza la necesidad de que la empresa privada replantee su rol en la sociedad. En esencia, la élite gerencial propone reducir la distancia entre el altar donde han sido puestos los accionistas y la posición asignada a otros grupos igualmente interesados en el éxito de las compañías.

Intenciones buenas, pero no vinculantes

Es decir, los trabajadores, los proveedores, los clientes y la sociedad en pleno. El documento reconoce implícitamente que las grandes empresas –que juntas emplean a más de quince millones de personas– tienen una responsabilidad que va más allá de asegurar el retorno de las inversiones y que son demasiados los ciudadanos padeciendo estrecheces mientras los consorcios celebran una ganancia récord tras otra. Juntas, las compañías representadas en la Business Roundtable reciben beneficios anuales de 7 billones de dólares.

El comunicado en cuestión no es vinculante de ninguna manera. Eso lleva a que expertos en relaciones industriales y laborales lo perciban como un gesto simbólico que debe ser seguido por acciones concretas para poder tener un impacto tangible. Adam Seth Litwin, profesor asociado de la Universidad de Cornell, es uno de los escépticos: “Hablar es fácil. La pregunta de rigor es cómo responderán los mismos directores ejecutivos cuando los accionistas exijan dividendos astronómicos trimestrales, aún en las horas más bajas”.

Golpe de timón

En el pasado, la Mesa Redonda de los Negocios cabildeó exitosamente contra leyes que buscaban impedir la formación de grupos empresariales para monopolizar el mercado, apoyó reducciones impositivas favorables para sus intereses y contribuyó a diluir restricciones que limitaran el acceso de la clase ejecutiva a altas compensaciones. Pero la Business Roundtable también ajustó sus principios, distanciándose de las posturas de Milton Friedman en tiempos de inestabilidad económica, como los primeros años de la década de los noventa.

Durante la recesión de esa década, los CEO más prominentes arguyeron que la misión de las corporaciones era “servir tanto a los accionistas como a la sociedad en su conjunto”. Muchos dudan que éstos hayan hablado con el corazón en la mano. Y ese recelo perdura hasta hoy, a pesar de que la posición más reciente de los industriales sea la más “social” de todas las que ellos han asumido. En la declaración de este 10 de agosto se reconoce la existencia de una crisis de inequidad que amenaza la convivencia en Estados Unidos.

Ese fenómeno ya había sido advertido por la clase política local. La desigualdad económica y la exclusión social se han convertido en tópicos inevitables ante la inminencia de las elecciones presidenciales de 2020. Los candidatos demócratas han demandado que determinados cargos en las juntas directivas de las empresas sean ocupados por personas elegidas por sus trabajadores, entre otras medidas para mejorar las condiciones de los empleados y aumentar su grado de influencia sobre las decisiones tomadas en las cúpulas de las compañías.

 

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