Sorprende ver la forma en la que se han transformado las cosas en tan sólo diez años. Los cambios han sido vertiginosos, tal ha sido el nivel de aceleración que si pudiéramos regresar en un transportador de tiempo y lográramos ver cómo hacíamos las cosas hace una década, nos daríamos cuenta de lo diferentes que son. La evolución presurosa nos asombra al darnos cuenta de la obsolescencia de términos que antes nos resultaban como de ciencia ficción. Analizar estos cambios nos lleva a entender las formas tan diversas en que se han modificado nuestros hábitos de consumo y las maneras en que ahora nos entretenemos. 

En estos últimos diez años, la tendencia ha estado marcada por la lógica de las plataformas, en especial por el streaming. El entretenimiento se consume de forma personalizada, como un traje hecho a la medida de nuestros gustos. Playstation Plus, Netflix, HBO, Amazon Prime Video, Movistar, Filmin, Spotify, Apple Music, Kindle Unlimited o Storytell –entre otras– han modificado radicalmente nuestros hábitos de diversión. Nos sugieren series, tenemos cine al alcance de nuestros dispositivos, música por listas que nosotros generamos, videojuegos en línea, al tiempo que se altera por completo el ecosistema de su producción y distribución de la industria. 

La sincronía con las redes sociales y con las aplicaciones han generado mayor movilidad lo que ha provocado un crecimiento exponencial de uso e impacto. El capitalismo de plataformas nos ha modificado tanto así que ahora el pago de las subscripciones y los ingresos por publicidad son lo de menos frente a las empresas persiguen nuestros datos. La minería de datos nos ha transformado en consumidores que cada día estamos más expuestos. Google, Facebook, AirBnB, Apple, Microsoft, Uber o Amazon pueden llegar a saber antes que nosotros qué nos puede gustar y se anticipan a sugerirlo. El consumo es solamente una parte del negocio, es muy probable que en ese escenario en constante mutación estemos frente a modelos de disrupción que provocan que la precariedad siga avanzando tanto en el nivel de las representaciones como en el de la vida cotidiana de quienes las imaginan y realizan.

Es así tal que si hace diez años nos hubieran dicho que una de las principales empresas de hospedaje en el mundo no tiene en propiedad un sólo cuarto nos hubiéramos muerto de risa o no estaríamos entendiendo lo que nos decían. Tampoco lograríamos comprender de qué se trataba que una flotilla de autos privados se fueran a convertir en una alternativa al servicio de taxis que a esas alturas era una opción que ya estaba dejando de ser conveniente. La revolución de las plataformas ha transformado la forma en la que se ofrecen servicios y en la que los consumimos. También ha cambiado la manera en la que ofrecemos trabajo y en la que nos empleamos. Un asociado a una plataforma no es un trabajador que tenga prestaciones y los primeros años quienes tuvieron la idea y la pusieron a disposición en Internet se forraron de utilidades, dándole la vuelta a contribuciones tributarias y a obligaciones que hoy siguen siendo materia de discusión. 

Las estructuras de trabajo móviles y achatadas se han convertido en una tendencia reinante. Hace diez años, la gente salía a trabajar a una oficina. El home office era una idea que a muchos les parecía disparatada y sin embargo, empezó a ganar adeptos. Grandes corporativos adoptaron estas opciones, dando oportunidad a que sus trabajadores hicieran sus labores desde la comodidad de su hogar. Algunos resultados han sido gloriosos y otros, sinceramente, han sido desastrosos. Hasta hace unos días, hemos visto como grandes corporativos han decidió aprovechar las facilidades del coworking, han abandonado sus edificios corporativos y han dado la posibilidad a sus equipos de trabajar en ambientes comunitarios en los que conviven, no nada más con sus compañeros de empresa, sino que lo hacen con gente de otras organizaciones. Al igual que el trabajo en casa: ha habido casos de éxito y otros han fracasado. Sin embargo, las formas de trabajar se han modificado mucho. También el estudio. Los programas de materias en línea han ido ganando popularidad. Muchos títulos de licenciatura, especialidad, maestrías y doctorados se han conseguido en programas que no son presenciales. Hoy es más fácil ir a cualquier escuela, sin importar si se vive en una localidad diferente a aquella en la que se encuentra la casa de estudios. 

En estos diez años las redes sociales se han especializado: Instagram, YouTube, Facebook llegan de diferente forma a sus usuarios. Además, los teléfonos móviles y otros instrumentos de comunicación han generado los formatos de experiencias inmersivas, bots, posts, memes, listas de reproducción, perfiles, hilos o canales, producidos por youtubers, instagramers, tuiteros, storytellers, y una serie de creadores digitales que han generado sus propios ecosistemas, sus propios lenguajes y sus propias mitologías. Hay tantos ejemplos de gente que canal actual de YouTube hace diez años y que hoy a finales de 2019 cuenta con millones de subscriptores. 

Sí, los cambios en estos últimos diez años han sido tan rápidos y han sido acogidos y absorbidos en forma tan veloz que nos sorprendemos al darnos cuenta de que hace diez años nadie habría pensado en ver un programa por teléfono. No en balde, nuestros abuelos se sorprenden de la forma tan diferente en la que vemos la vida y pareciera que esa brecha se ha formado y transformado a partir de nuestras maneras de vivir. En otros años, no habríamos pensando en pedir el súper en línea o en dejar de probarnos la ropa antes de comprarla.  También hemos vuelto a costumbres viejas, como la compra por catálogo y a esperar con ansias la llegada del cartero para que nos traiga el paquete deseado. Creíamos que el cartero y los libros impresos desaparecerían de nuestro escenario y no ha sido así.

Observar evolución de nuestros usos y costumbres nos lleva a entender dónde se encuentran nuestros intereses y desde dónde brotan nuestras necesidades. Hoy, podemos afirmar que somos una sociedad que está distraída y cansada. Por lo tanto, aquellos que pongan atención y estén energizados tendrán una ventaja competitiva alta e importante.  

 

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