Por Rodrigo Maza Stern*

Hace 100 años, el consumidor no tenía acceso a una gran variedad de productos o información sobre éstos, mucho menos a tecnologías que le permitieran adquirirlos. Compraba lo que las compañías lograban colocar en el anaquel de la tienda más cercana. La capacidad de producción y distribución eran las principales ventajas competitivas.

La realidad ha cambiado. Las barreras se han reducido, y el consumidor actual tiene un sinfín de opciones, de información y de soluciones tecnológicas al momento de comprar. El tamaño de la oferta provoca que la probabilidad de que un nuevo producto sea exitoso se reduzca. El contexto es muy distinto, pero la manera en la que las corporaciones abordamos la innovación no ha evolucionado en la misma magnitud.

Son los start-ups y empresas de tecnología quienes se han aprovechado de este contexto, y hay muchos aprendizajes que los corporativos podemos obtener al trabajar con estas organizaciones. Durante los últimos 5 años, hemos tenido la oportunidad de conocer e implementar muchas de sus ideas. Algunas nos han dado un excelente resultado, mientras que otras han sido un rotundo fracaso. Seguimos observando y probando. Seguimos aprendiendo.

Aquí algunos de estos aprendizajes:

  • Consumidor: La posibilidad de elegir entre múltiples productos significa que el consumidor actual tiene un poder que anteriormente no poseía. El consumidor manda. Este consumer centric approach implica que su voz debe ser considerada al desarrollar cualquier producto. Es por esta razón que las empresas de tecnología no esperan a tener una versión final del mismo antes de ponerlo en las manos de quien lo consume. Crean versiones mínimas y, con base en la retroalimentación que reciben, las mejoran continuamente. Al hacerlo reducen el riesgo de fracasar e incrementan su productividad.
  • Error: La innovación implica riesgos, y en el mundo corporativo estamos configurados para eliminarlos. El error no es algo bien visto. ¿De verdad nos sorprende que nuestros equipos eviten hacer apuestas? Hay que crear espacios seguros para que la gente tome riesgos y no sucederá mientras sigamos castigando el error activa o pasivamente. Esto no quiere decir que seamos tolerantes con la irresponsabilidad. Si bien el riesgo al innovar no puede eliminarse, debe mitigarse deliberadamente. Necesitamos que el costo de equivocarnos sea menor que el aprendizaje generado. Y muy importante, un error “inteligente” sólo puede cometerse una vez… estamos obligados a establecer mecanismos que lo prevengan en el futuro. De otro modo no estamos aprendiendo.
  • Agilidad: En el mundo corporativo nos acostumbraron a los planes anuales. Ponemos tanto empeño en su diseño que, naturalmente, nos resistimos a cambiarlos. Las empresas de tecnología utilizan metodologías ágiles en las que el objetivo se centra en planear detalladamente las siguientes 2 semanas… y nada más. ¿Por qué? Porque los aprendizajes que se obtienen en esos 14 días son considerados al planear las siguientes 2 semanas, y eso resulta en planes más fuertes, por más raro que parezca. Pensamos que sólo la gente de tecnología puede apalancarse de métodos como Scrum o Kanban, pero no es así. La gran mayoría de nuestros equipos puede adoptarlos, y al hacerlo su compromiso y productividad crecen. Esto sucede porque: 1) hay más claridad respecto a lo que se espera de cada miembro; 2) hay más exposure puesto que cada dos semanas se muestra el trabajo realizado, y; 3) hay más accountability pues todos los días se habla sobre lo que se hizo (o no se hizo) el día de ayer.

Innovar en las grandes empresas es difícil. Apostar por un futuro que es por definición incierto implica retirar recursos del presente que dominamos. Se necesita de valor y humildad para hacerlo. Me enorgullece trabajar en una compañía que está dispuesta a enfrentar ese reto. Nos queda un largo camino por recorrer en el proceso de transformación, pero vamos en la dirección correcta. Al retar nuestras perspectivas y la manera en la que trabajamos, fortalecemos a nuestra gente y nuestras estrategias. Con estas lecciones seguiremos buscando cómo satisfacer a nuestros consumidores de la mejor manera por los próximos 100 años y más.

 

Contacto:

LinkedIn: Rodrigo Maza

 

*El autor es Vicepresidente de eCommerce y Omnicanal de Grupo Modelo.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

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