Por Hiram Ibarra*

Vivimos tiempos de cambios, de novedades, de eventos que incluso las nuevas generaciones nunca esperamos observar.

Este presente de incertidumbre y movimiento nos invita -y nos exige- la innovación en todos los niveles, pues con el cambio surgen nuevas consideraciones que se vuelven centrales en la toma de decisiones: el daño ocasionado al medio ambiente por las formas tradicionales de producción y consumo, las posibilidades de alcance y acceso que se crean gracias a las nuevas tecnologías, etc.

El término “innovación” proviene del latín “innovatio” que significa “crear algo nuevo”, y está formada por el prefijo “in-” y por el concepto “novus”. Implica desarrollar nuevas formas de hacer las cosas, con aplicaciones que bien pueden ser concretas -como el desarrollo de un nuevo producto- o abstractas -filosofías o aproximaciones teóricas a un problema.

En la economía actual, las empresas se ocupan de implementar la innovación no solamente en sus productos y servicios, sino en sus procesos, y el factor humano no se queda atrás. Además de pensar en innovaciones tecnológicas, mantener a nuestro talento vigente implica poner atención en fomentar la “innovación personal”, es decir, el desarrollo de las habilidades que dan valor al ser humano incluso frente a la inteligencia artificial – o habilidades “blandas”-, como la creatividad, la empatía, el optimismo y el sentido del humor, que son hoy más valoradas que nunca, en cualquier industria.

Desarrollar estas habilidades y aprovecharlas a favor de la productividad y el desarrollo profesional, implica reconocer la naturaleza del hombre como ser emocional.

Si nuestras emociones determinan nuestras acciones, e incluso repercuten en nuestra biología, “nos creamos” constantemente, con una capacidad de transformación absoluta. Las emociones positivas no solo repercuten en una sensación de bienestar, sino en la consistencia de nuestras acciones y capacidad para lograr metas, relacionarnos sanamente e incluso mantener la salud física y mental.

Si bien tenemos todo para crecer, también tenemos todo para decrecer y dejarnos vencer por esa emoción que todos llegamos a tener, pocos aceptamos y otros pocos muy pocos podemos enfrentar: el miedo.

El miedo es una de las cinco emociones básicas del ser humano, entre las que también se encuentran la alegría, la tristeza, la ira y el desagrado. Está también muy relacionado con el estrés, que es resultado del proceso evolutivo de nuestro cerebro, particularmente de la corteza prefrontal, para anticipar escenarios de riesgo y así favorecer la supervivencia.

El ser humano ha desarrollado la capacidad anticipar consecuencias potenciales de cada acción lo que, si bien es una gran aptitud para la supervivencia, puede ser una gran carga que paraliza, pues sufrimos por lo que no ha sucedido, y muy posiblemente nunca sucederá.

La fuerza de nuestros pensamientos puede traicionarnos, al crear “distorsiones cognitivas” que nos predisponen negativamente y limitan nuestro potencial.

La innovación personal implica adquirir conciencia sobre estas emociones y sus repercusiones, así como tomar decisiones que sean parteaguas para seguir avanzando pero, sobre todo, para romper paradigmas, enfrentando los miedos e, incluso, aprovechándolos como aliados.

Ejercicio personal

Llena esta tabla con las emociones que se te hayan presentado en este último mes de acuerdo a los diferentes ámbitos de tu vida y detecta qué fue lo que causó esa emoción y qué acción tomaste en consecuencia. Al finalizar este ejercicio podrás darte cuenta de que al tomarte un momento de pausa pudiste ponerles nombre a esas emociones a las que quizá en su momento les diste importancia, reaccionando en automático.

Formato propiedad de Hiram Ibarra Agribusiness Coach.

¿Cuántas veces apareció el miedo? ¿Encontraste alguna emoción sinónimo de miedo pero que le llamaste con otro nombre? ¿Tuviste alguna acción de la cual no estuviste plenamente consciente o que te hubiera gustado manejar de forma distinta?

¿El día de hoy cómo te sientes y qué estás dispuesto a hacer para potencializar esa emoción o cambiarla?

El miedo es una emoción poderosa. Puede paralizar o bien puede agregar acción, motivación o incertidumbre. Para enfrentarlo de manera adecuada se necesita algo muy importante: primero, identificarlo, y después, tener seguridad. Creer en que lo que estás haciendo en ese preciso momento, es aquello por lo que vale la pena dar todo para lograrlo.

Después de leer este artículo, ¿cuáles decisiones pueden ayudarte a enfrentar y cambiar una situación que te causa miedo con una dosis de fe, actitud, aptitud?

El reto de todos los días: transformar una emoción como el “miedo” en anhelo y visualización fundamentada en el presente.

*Agribusiness Coach y Presidente del Comité de Agroindustria de American Chamber/Mexico, Capítulo Guadalajara.

 

Contacto:

Twitter: @amchammexico

Instagram: @amchammexico @hiramibarra

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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