En esta ocasión quiero compartirte parte de mi historia, una historia que me ha hecho concebir las micro metas en apoyo a las personas de manera sumamente distinta. Hoy puedo contarte acerca del miedo como principal detonador de poder, él cómo, cuando la vulnerabilidad nos rebasa, sacamos fuerza y adrenalina, para hacer lo que consideramos inimaginable.

¿Hasta dónde estarías dispuesto a llegar para conseguir lo que deseas, o no perder lo que tienes? ¿Qué pasaría si tuvieras que trazar un plan, en espacios de quince minutos, y llevarlo a cabo sin errar, por más de dos años? ¿Cómo el miedo puede ser un aliciente de poder brutal para ti? Aquí parte de mi historia.

En 2012, el año en el que se decía que acabaría el mundo, nació mi hija Ana Sofía, con una enfermedad extraña que cinco años después, comprenderíamos eran aspectos de un síndrome genético y por lo tanto, no una enfermedad, sino una condición de vida.

Fueron años difíciles, siempre he dicho que mi vida ha sido increíble, pero a nadie se la deseo. En aquel entonces ninguno de los doce especialistas pediátricos daba solución, o sabían lo que tenía. Ni los médicos presidentes de asociaciones pediátricas, ni los mejores de los distintos grupos de hospitales de la ciudad, nadie nos daba respuestas. Sus tratamientos en lugar de ayudar empeoraban la situación, la mal diagnosticaron con acidosis tubular renal, inmunodeficiencia común variable, desnutrición severa y otras tantas cosas.

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Los vómitos, la falta de peso y el tenerla que cargar durante muchas, muchísimas horas para que lograra tomar una onza de leche y poderse nutrir, hacían insoportable la situación para su mamá y para mí. Su desnutrición llego a grado tres, la vida de mi hija corría peligro a cada instante, pues los vómitos le hacían ahogarse y dormíamos con ella esperando no se asfixiara.

No había mucha esperanza y anímicamente estaba desgastado, confundido y harto del estrés que implicaba hacerle alimentos especiales, pues no soportaba su cuerpo ninguna leche y su madre, por la esclerosis múltiple que padece, no podía darle leche materna.

El punto llego al extremo de tener que pesar con una báscula digital el vómito de mi hija, que lo hacía a cada toma, pues su vida dependía de los seguimientos anotados, todo el día y todos los días por cada 15 minutos en cuadernos profesionales de 100 hojas –llenamos 6- donde definíamos todo lo que hacíamos, los medicamentos, y las tomas, llegando al punto de contratar a cuidadoras de 24 horas, pero estando a lado de ellas en todo momento, pues el menor fallo podría llegar a ser fatal. Comprendiendo esto, como una planeación diaria impecable, pues sabíamos que de ello dependía el resultado, la vida de mi hija.

Los rezos y las peticiones con la imposición de manos sobre su alimento que licuaba varias veces al día, fueron para mí recuerdos diarios, tras dejar de trabajar en 2012. Pues su presencia en el mundo, en contra de todo pronóstico, de médicos especialistas, me hacía sentir que sólo de mí dependía su esperanza de vida. Llegué por supuesto después de meses, a dejarla en manos de Dios. Aunque seguía haciendo todo lo necesario, esperando que un día no muriera, por desnutrición, por asfixia, por la inmunodeficiencia o por muerte de cuna.

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Preguntas del Coach:

¿Qué estarías dispuesto hacer, si la vida de tus hijos dependiera de ello? ¿Cómo el miedo se puede transformar en poder de acción para ti? ¿A qué le tienes miedo y cómo este miedo te dará poder para conseguir lo que deseas? ¿Qué pasaría si no hicieras lo que te toca hacer? ¿Cuántas noches te debes desvelar para conseguirlo? ¿Estarías dispuesto de hacer un plan y cumplirlo, por cada 15 minutos, día tras dia, hasta llenar seis cuadernos profesionales?

Hoy trabajamos en terapias, psicomotoras y de lenguaje diariamente. Se ha operado, y come mucho mejor, ya salió de peligro, y se le fue alimentando por sonda, hasta conseguir después de varios años que pudiera tener una buena relación entre peso y talla, tiene epilepsia como parte de su condición, pero su inmunodeficiencia fue común variable transitoria de la edad. Ya camina, y la empodero todos los días para que hable con la gente y construya su seguridad personal.

Si tienes miedo, reza, trabaja y utilízalo a favor. Recuerda que el miedo puede ser un gran aliciente de poder, si te hace estar dispuesto.

 

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