Históricamente, el cine mexicano ha pasado por diversas etapas y momentos, algunos altibajos estilísticos y momentos de cierta limitación derivados de su contexto socioeconómico. Sin embargo, desde hace más de un siglo, la pantalla mexicana ha sido un fecundo semillero de historias increíbles y originales, que a la postre han demostrado y construido una realidad  que hoy es toda una verdad: el cine mexicano es de los más grandes e importantes del mundo.

Durante las últimas dos décadas, el cine mexicano ha ido ganando terreno desde varios frentes: galardones, número de producciones, rotación en festivales, así como una proyección internacional para todos los involucrados. Tan sólo el año pasado, dos decenas de premios en festivales de talla mundial se fueron para una sola cinta de un director mexicano, hecho que sin duda alguna nos llena de orgullo a todos los mexicanos.

En contexto, tan sólo el año pasado (2017) se produjeron 175 largometrajes, cifra se espera se incremente al cierre de este 2018, superando por mucho los años récords en toda la historia de la industria cinematográfica, las 135 que se consiguieron en 1958 y las 130 de 2014. Además, en todo el país se venden casi 350 millones de entradas al año, convirtiéndonos en la cuarta taquilla más grande del mundo, recaudando 16,660 millones de pesos.

Documentales de largo aliento, historias crudas y poderosas, comedias desternillantes, personajes entrañables y escenas de suma calidad dan cuenta de un país de alcances universales, que ha tenido que labrarse camino por mano propio, contra un sinfín de adversidades, llámense escasez de recursos, problemas logísticos, complicaciones legales, distribución complicada, etc.

Contra viento y marea, México ha tenido que sortear toda serie de desafíos para estar hoy entre los favoritos del mundo. Y no sólo se trata de los afamados ‘tres amigos’, los célebres del Toro, González Iñárritu y Cuarón, que han cosechado la mayor cantidad de estatuillas en la más grande premiación cinematográfica del mundo, o de actores como Diego Luna o Gael García. Hoy el panorama está cambiando y todo el año el mundo se entera de diferentes talentos y sensibilidades nacionales: Reygadas, Hofmann, Beristain, Huezo, entre un sinfín de realizadores, actores, productores, fotógrafos y guionistas que están poniendo el nombre de México muy en alto.

Los premios Ariel en nuestro país, el Festival de Cine de Venecia, Cannes en Francia, Locarno en Suiza, TriBeCa en Nueva York, TIFF en Toronto, y por supuesto los Oscar en Hollywood son fieles testigos de cómo el cine mexicano salió de un oscurantismo de casi tres décadas (de los 60 a los 90), para dar vida a una serie de éxitos sucesivos, para lograr todo un fenómeno cultural los últimos tres años.

Si bien aún quedan muchos desafíos por superar y guiones que pulir y perfeccionar, el cine mexicano se encuentra en su mejor momento y atraviesa por un franco ascenso, apuntando su innegable grandeza, autoría del talento, sensibilidad y trabajo de épicas dimensiones.

La grandeza está en los que cambian las reglas del juego #ChooseGreat

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