La tierra es mucho más fuerte que sus habitantes, y ante sus efectos todos los seres humanos somos iguales, una visualización profundamente cruel, que en el caso del sismo ocurrido hace exactamente una semana ha dejado más de trescientos decesos fatales que hoy los mexicanos lamentan, mientras siguen sin descanso buscando entre los escombros voces de vida.

Y es esa inmensa (e incontable) movilización de ciudadanos para levantar escombros, alimentar, repartir, coordinar, limpiar, consolar, informar y sanar, que han tenido los mexicanos en estos días la que conmueve a personas de todo el mundo, pero sobre todo a los latinos, que hemos logrado sentir durante muchos años a CDMX como nuestra casa. Hay cansancio, también ganas de seguir.

El mundo corporativo –especialmente el consumo masivo– tampoco se ha quedado atrás en las ayudas; mientras que el sector de la construcción ha sido duramente cuestionado (y no es para menos, los mismos rescatistas manifiestan que varias edificaciones no contaban con estructuras adecuadas), el fantasma de un cartel inmobiliario en la capital que construye sediento de plusvalía, será un eje de esta conversación.

Con respecto al gobierno (en todos sus niveles) la posición ha sido más fuerte; cuestionamientos sobre su rol en la vigilancia del sector de la construcción y su capacidad de movilización inmediata y organizada ante el desastre no se han hecho esperar. Será interesante ver la respuesta de los partidos políticos a la proclama popular, que solicita que los dineros destinados a campañas presidenciales sean entregados a la reconstrucción.

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Por supuesto la mayoría de estas conversaciones (positivas y negativas) suceden en las redes sociales, donde las actualizaciones de Facebook, ubicaciones de mapas móviles, historias de Instagram y Twitter, están siendo utilizados por la mayoría de ciudadanos como plataformas para ubicar y reubicar donaciones. Eso no quiere decir que no exista desinformación y noticias falsas, porque el mundo de hoy no puede vivir sin eso.

Todo este contexto (donde por supuesto prima la preservación de la vida) marca un giro en la agenda programática del sector público y privado de México; es importante comprender que estas calamidades logran generar un cambio en las prioridades y será siempre el rol de empresarios y gobernantes, unido a la evolución de la cultura ciudadana, lo que determine el resultado de un proceso de reconstrucción que será parte del diario vivir de muchas personas.

El primer efecto de este cambio se manifiesta en un retraso de las agendas de trabajo y proyectos que estaban cursando durante el hecho, que puede durar entre 20 y 80 días hábiles de acuerdo a cada coyuntura específica, desde el evento corporativo que se debe reorganizar porque iba a realizarse en la Roma, hasta sesiones de juntas directivas para revisión de planes de negocios 2018 se cambian de fecha. Se invita a la paciencia.

Lo segundo –y central– tiene que ver con la reubicación de recursos, porque de este depende la continuidad del proyecto país. Si según Moody’s la zona del sismo mueve más del 22% del PIB del país, parece más importante reconstruir y generar garantías para impulsar un ambiente de ingreso-gasto sostenido en las personas que lo perdieron todo. Muchas iniciativas públicas y privadas serán consideradas como ‘lujosas’ o ‘innecesarias’ y saldrán de los planes.

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Y como reconstruir significa ‘mirar hacia adentro’ en economía, el tercer efecto –donde está la oportunidad dorada– radica en su proceso de planeación y administración. En países como Japón y Alemania, los fenómenos naturales y sociales se han terminado convirtiendo en una oportunidad para modernizar y mejorar la calidad de vida de los habitantes. Con al menos 3,000 edificios que se considera se deben reconstruir sólo en la Ciudad de México, se abre un espacio para pensar en el México del futuro.

Es hora de cuestionar (lo que pasó y lo que viene), no sin antes reflexionar sobre las vidas que se fueron, y en todos los que hoy siguen apoyando sin cansancio para que México continúe siendo grande más allá de la tragedia. El sentimiento de unión de sus habitantes será la base del éxito de esta nueva cruzada. ¡Qué viva México… para siempre!

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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