El Ejecutivo federal, envió al Congreso de la Unión una iniciativa de reforma constitucional para desmantelar la Reforma Educativa impulsada por la administración anterior, en el contexto de los cambios estructurales que se dieron desde 2012 y hasta 2014. Dicha iniciativa, nos regresa a la eterna discusión sobre la educación en México, así como sobre las perspectivas que surgen a partir de ella, sin embargo, como siempre, sigue sin enfocarse un tema que daría orientación a cualquier discusión de este tipo, que es educación ¿para qué? La respuesta a esta pregunta nos permitiría entonces tener un espacio de orientación, sobre el tipo de educación que requerimos como país, pues usualmente se ha discutido el qué y el cómo, pero no el para qué.

La intención del presidente con la iniciativa es regresar las cosas a como se encontraban a inicios del sexenio pasado para, desde ahí, iniciar un acuerdo entre los actores que permitan un tránsito hacia un modelo educativo nuevo. Existen problemas importantes asociados a esta decisión, así como lo fue la decisión que tomaron en su momento, Enrique Peña Nieto y Emilio Chuayffet de desmantelar la Reforma Integral de la Educación Básica (RIEB), que implicaba un cambio no únicamente del modelo educativo, sino también de la gestión y los enfoques pedagógicos y didácticos.

Ambas decisiones, detienen procesos que afectan de manera importante a, por lo menos, las generaciones de niñas y niños que transitarán por el sistema educativo nacional desde 2012 y hasta 2024, por lo menos. Es decir, 10 años en los que la política educativa se sujetará a prioridades que no son las de la nación, sino de los grupos que administran al Ejecutivo federal. A pesar de que somos uno de los países de la región que más invierten en educación, mantenemos niveles bajos de éxito.

La Reforma de 2013 no era necesaria en los términos en que se planteó, tal vez solo en el supuesto de reorganizar la relación laboral con los maestros, lo que también se pudo hacer en el contexto de una negociación profunda con el sindicato. Aunque en ese momento se fortalecieron elementos como el Instituto Nacional de Evaluación Educativa, como un mecanismo de evaluación y análisis de la política educativa, ligarlo al control laboral de la autoridad y no darle plena autonomía como para decidir el tipo de pruebas y que debería aplicar y los tiempos, le involucraron en una dinámica de vulnerabilidad que permite desaparecer el esfuerzo de un plumazo.

Las condiciones en que la educación se da en México son muy variadas, por las distintas características y etapas de desarrollo que hemos tenido, además de que la federalización abrió la brecha entre los estados que invierten mucho en ella y aquellos que viven fundamentalmente de la federación, y generó vicios que han resultado insalvables en algunas entidades.

El problema es precisamente que no hemos entrado de manera seria a pensar los “para qué” de la educación como sociedad, lo que nos daría orientación, más allá del qué y los cómo, que han sido las discusiones recurrentes. La sociedad contemporánea, metamoderna o hipermoderna, requiere de niveles de conocimiento más profundos para asegurar el desarrollo, no únicamente económico, sino fundamentalmente personal y social. Ello requiere de modelos y estrategias educativas que no corresponden a la sociedad moderna, masificada, homogénea, etc., por lo que se han generado esquemas pedagógicos, técnicas didácticas, objetos de aprendizaje, herramientas, etc., por no decir tecnología, que responden a dichas exigencias.

Más allá de que en nuestro sistema educativo no tengamos discusiones amplias sobre estos temas, el problema es que no tenemos una discusión sobre lo que queremos como sociedad en el futuro y la forma en que la educación apoya dicho objetivo. Al parecer, tampoco ahora la tendremos, pues se parte de prejuicios sobre lo que es el sistema y se responde a intereses de todo tipo, que obtienen beneficios de la forma en que el modelo funciona. Bajo ese escenario, nuestro futuro educativo no es promisorio.

 

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