Las cifras crecen y vienen manchadas de sangre. Cada que ocurre un tiroteo espontaneo en contra de civiles inocentes, el cerebro me hace corto circuito y la pregunta sin respuesta es por qué. Cifras preliminares marcan que más de veinte personas perdieron la vida mientras hacían sus compras una mañana de sábado. Lo terrible es que, en esa misma tienda en la que la gente estaba comprando cebollas, zanahorias, manzanas, desodorantes, jabones, detergentes, también se venden pistolas y rifles.

Cada que sucede uno de estos atentados, se destapa la discusión sobre la facilidad que existe en los Estados Unidos para comprar un arma. Hay más restricciones para un individuo que quiere adquirir una cerveza que un rifle, las sanciones para una persona que esté dándole un trago a una bebida alcohólica son duras, pueden llegar a la cárcel. Por otro lado, portar un arma comprada legalmente es relativamente fácil.

La justificación es que en los Estados Unidos existe una tradición de caza deportiva muy arraigada. El propio Sam Walton fue un cazador activo, y Doug McMillon, CEO de Wal-Mart, ha declarado en diversas oportunidades que la compañía seguirá atendiendo esta actividad deportiva. Quienes apoyan la venta de armas en forma tan fácil dicen que las muertes en este tipo de eventos representa una pequeña fracción en el universo de decesos y es verdad.

Lo que también es verdad es que este tipo de eventos son aterradores porque ocurren en forma sorpresiva y abrupta, pero son perpetrados en contra de civiles inocentes, personas que fueron asesinadas al azar, gente que tuvo la mala fortuna de ir pasando por ahí. Lo cruel de esta realidad es que los lugares cambian, las cifras cambian —se incrementan— y lo que permanece igual es el punto de vista que permite que las pistolas y los rifles se compren en forma libre. En los Estados Unidos, si alguien quiere matar a otra persona, generalmente opta por usar una bala. Esto sucede porque el negocio de las armas es bueno, es decir, es rentable.

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Un negocio para serlo, debe buscar generar utilidades. Esto es un hecho incontrovertible y una premisa que ninguna persona de empresa va a descuidar y mucho menos renunciar. Sin embargo, desde finales del siglo XVIII, la Humanidad ha estado reflexionando sobre lo que es una empresa. Hemos recorrido un camino largo, desde pensar que la empresa era una instalación, una fábrica; sostener que una empresa es un proceso y hubo quienes se atrevieron a verlo como un método científico; hay teóricos que dijeron que la empresa son sus personas; en los años ochentas del siglo XX se puso de moda pensar que la empresa es un proyecto estratégico. Las tendencias del milenio ven que una empresa no debe de durar por generaciones y puede ser algo efímero y estacional.

Definir a la empresa en esta época de cambios tecnológicos vertiginosos nos lleva a buscar sencillez y a empezar por lo básico: un negocio debe generar utilidades. Sí, pero hay límites. Una empresa tiene responsabilidad con su entorno. Con sucesos como el de la ciudad fronteriza de El Paso queda claro que la empresa debe tener una contribución activa y voluntaria al mejoramiento social, económico y ambiental por parte de los negocios. No se trata de ir en contra de la naturaleza de hacer negocios, por el contrario, el objetivo es mejorar la situación competitiva, valorativa del valor añadido que trae hacer las cosas bien dentro y fuera de la empresa.

La responsabilidad social corporativa va más allá del cumplimiento de las leyes y las normas, ese es sólo el principio, es el primer escalón. Una empresa socialmente responsable da por supuesto su respeto y su estricto cumplimiento con el marco legal. Ojo, el cumplimiento de estas normativas básicas no es responsabilidad social, las obligaciones que cualquier empresa debe cumplir simplemente por el hecho de realizar su actividad. Sería difícilmente comprensible que una empresa se alegara por cumplir las leyes o presumiera de hacerlo. Se trata de ir un paso al frente, se trata de avanzar y buscar ir más allá respetando la rentabilidad de la empresa.

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Es decir, una empresa tiene obligaciones con el entrono en el que opera. Tiene que ser un elemento virtuoso en su área de influencia, en el sitio en el que está operando. Aquí empiezan las contradicciones serias. Una empresa que presume de estar haciendo un bien a la sociedad con un programa benéfico, no se exime de su responsabilidad de cumplir las leyes. Si una empresa, por ejemplo, da consultas médicas gratuitas a la comunidad y está contaminando ríos por la otra, lo único que pasa es que está jugando a boxear con las sombras.

La Responsabilidad Social Empresarial es la contribución de un negocio al desarrollo humano sostenible, a través del compromiso y la confianza de la empresa hacia sus empleados y sus familias, hacia la sociedad en general y hacia la comunidad local, con el fin de mejorar la calidad de vida de toda la comunidad sin descuidar la rentabilidad. Y, aquí es donde la reflexión entre lo sucedido en El Paso se corresponde con el lugar en el que sucedió el atentado.

La tienda cumple con las reglas, las normas y las leyes al vender armas y contribuir a un deporte que su propio fundador practicó y su CEO respalda. Es verdad, pero, dadas las circunstancias, no sería deseable que fueran un paso más allá y se contribuyera a garantizar la seguridad de los ciudadanos. Los políticos no lo van a hacer, no lo han hecho. ¿No podrían las asociaciones de comercio en Estados Unidos adelantarse y generar políticas que restrinjan y controlen la venta de armas?

Ha habido 1185 personas asesinadas en este tipo de eventos, los rangos de edad oscilan desde los 92 años —en 2009 Carthage, N.C.— hasta un bebé de ocho meses —murió en el atentado de Austin, Wikinsburg, Pa. En 1984—. Miles de personas padecen estrés post traumático, sobrevivientes que no pueden con las heridas físicas y psicológicas que impactan a sus familias y a su entorno. Los tiradores traen más de un arma y 175 de las que fueron utilizadas en estos atentados fueron compradas legalmente. Las pistolas semiautomáticas y los rifles semiautomáticos son armas que difícilmente se usan para actividades recreativas y deportivas. Los tiroteos se han realizado en lugares como escuelas, cines, restaurantes, lugares de oración, oficinas, según datos publicados por el Washington Post (3 de agosto 2019)

El objetivo principal de la responsabilidad social empresarial es que el impacto positivo que causan estas prácticas en la sociedad se traduzca en una mayor competitividad y sostenibilidad para las empresas. Así, ser responsable socialmente generará seguridad automáticamente más productividad, puesto que una mejora en las condiciones para los trabajadores optimizará también su eficacia. Entonces, la pregunta cambia, deja de ser ¿por qué?, y se convierte en un compromiso para mejorar el entorno. El reto es enorme e insoslayable. (Al terminar de escribir esta columna me entero de un nuevo atentado en Ohio, el reto acaba de crecer frente a las cifras mortales y de heridos).

 

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