EFE.– Las personas con trastornos del espectro autista han tenido dificultades para acceder a los servicios sanitarios y asistenciales durante la pandemia, tanto a los generales como a los específicos de Covid-19, lo que ha podido influir en empeorar su salud y calidad de vida.

Un estudio publicado en BMJ Open analizó las dificultades a las que se han enfrentado estas personas en 15 países europeos, para lo que los autores revisaron las políticas y directrices regionales y nacionales publicadas de marzo a julio de 2020.

También analizaron los datos de la encuesta de Autismo-Europa sobre las experiencias vividas por 1,301 personas y sus cuidadores en países como España, Italia, Grecia, Holanda, Suiza, Francia, Reino Unido, Alemania, Bélgica, Polonia y Portugal.

Los resultados mostraron que las personas con autismo experimentaban “importantes obstáculos” a la hora de acceder a los servicios de Covid-19, a pesar de que corren un mayor riesgo de padecer una enfermedad grave si se contagian, debido a las condiciones de salud coexistentes.

Sin embargo, no se dio prioridad a esta colectivo para realizase la pruebas de detección. Además, los autores indican que entre un 5 y un 25% de ellos vive en residencias, y hasta un 27 % más en alojamientos con apoyo, donde “las tasas de transmisión fueron altas en la primera ola de la pandemia”.

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Tampoco había orientaciones para mejorar la tolerabilidad y, por tanto, la accesibilidad de los procedimientos de pruebas para las personas con autismo, pues muchas tienen sensibilidades sensoriales, por ejemplo al hacerse un PCR, y no soportan bien los cambios en su rutina, como la visita a lugares desconocidos donde hacerse los test.

Los expertos también reseñaron que “muchos” de los servicios de tratamiento ambulatorio y hospitalario de Covid-19 eran de “muy difícil acceso”, en gran parte debido a las diferencias individuales en las necesidades de comunicación, por el ejemplo en el acceso al uso de los servicios telefónicos.

Los protocolos de triaje de las unidades de cuidados intensivos “de muchos países europeos excluyeron, directa o indirectamente”, a personas con autismo de los tratamientos que salvan vidas, según los autores del estudio.

En este sentido, explicaron que muchos de estos protocolos exigen una “evaluación de la fragilidad”, que se refiere a la dependencia de una persona de otras para ayudarle en sus necesidades de atención diaria y cuidado personal.

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Aunque en países como Reino Unido y los Países Bajos se reconoció la falta de adecuación de estas evaluaciones, no se han aplicado sistemáticamente en todos los países europeos medidas para evitar la aplicación errónea de las evaluaciones de fragilidad y función cognitiva, señalan los investigadores.

Por último, las interrupciones bruscas de la atención sanitaria y social estándar sin medidas paliativas dejaron a más del 70 % del colectivo sin apoyo cotidiano, según las respuestas a la encuesta.

Alrededor de un tercio de los encuestados dijo que necesitaba apoyo diario (35%) y otro tercio ocasional para las actividades rutinarias de la vida diaria (33%).

Muchos servicios ya estaban saturados antes de la pandemia, incluidos los de diagnóstico de este trastorno, para el que el tiempo medio de espera puede ser muy superior a un año, mientras que muchos servicios comunitarios de atención se vieron obligados a cerrar, dicen los autores. 

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