El plan de Japón para hacer vertido al Pacífico de toneladas de agua radiactiva y depurada de la accidentada planta nuclear de Fukushima genera división de opiniones en la comunidad científica, donde hay voces que ven insuficientes las garantías de seguridad aportadas por las autoridades niponas.

El Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) dio en la víspera su visto bueno definitivo al vertido, al concluir tras más de dos años de evaluación que la medida “concuerda con los estándares internacionales de seguridad” y tendrá “un impacto radiológico insignificante” en el medio ambiente y la salud humana.

Aunque muchos expertos japoneses e internacionales coinciden con esta apreciación, otros científicos se muestran escépticos sobre las medidas adoptadas para mitigar los riesgos derivados del vertido al mar el agua tratada tras resultar contaminada de residuos altamente radiactivos procedentes de los reactores de Fukushima Daiichi.

El plan japonés para el vertido se basa en el Sistema Avanzado de Procesamiento de Líquidos (ALPS) instalado en la central, capaz de eliminar 62 radioisótopos de alto riesgo, como el cesio o el estroncio, pero que no permite eliminar el tritio ni retirar por completo otro radionucleido, el carbono-14.

El sistema verificado por el OIEA consiste en procesar el agua tantas veces como sea necesario para reducir a niveles inexistentes o mínimos (dentro de los estándares internacionales considerados seguros) los materiales radiactivos más peligrosos, y en reducir posteriormente y antes del vertido al mar la concentración de tritio, un radioisótopo presente de forma natural en el medioambiente.

En el agua tratada “pueden quedar cantidades bajas de radionucleidos como carbono-14 o yodo-129, en niveles algo elevados en comparación con los ambientales”, dice a EFE Hyoe Takata, profesor del Instituto de Radiactividad Medioambiental de la Universidad de Fukushima.

“Pero son niveles relativamente bajos y considerados seguros”, dice este experto, quien lleva desde 2011 estudiando la presencia de radiactividad en ecosistemas acuáticos locales desde la crisis nuclear desencadenada ese año.

Más contexto: ¿Por qué Japón va a verter al mar agua residual de la central nuclear de Fukushima y cuál puede ser su impacto?

La seguridad del vertido de Fukushima no convence a la comunidad científica

Por su parte, Ken Buesseler, director del Centro de radiactividad marina y ambiental del Instituto Oceanográfico de Woods Hole (E.U.), considera que los datos aportados por TEPCO -compañía operadora de la central- muestran “que el sistema no funciona” para retirar todos los radioisótopos peligrosos.

Para este científico, quien también ha dedicado parte de su carrera reciente a investigar las secuelas del accidente de Fukushima, dichos datos son incompletos y reflejan “grandes niveles” de algunos de los radionucleidos más peligrosos y “diferencias notables” en el contenido de los tanques donde se almacena el líquido.

La opinión de Buesseler coincide con la de la Asociación de Laboratorios Marinos de Estados Unidos (NAML), que alertó de la “carencia de datos científicos adecuados y precisos” que respalden la seguridad del vertido, en contraste con “abundantes datos que generan graves preocupaciones” sobre esa medida, en una declaración adoptada el pasado diciembre.

Las autoridades niponas han tratado de despejar estas dudas con un sistema de testado del líquido en varios puntos del circuito de procesado y dilución antes de su descarga al mar, y de análisis de muestras de agua y de organismos marítimos antes y durante el vertido.

Científicos de laboratorios independientes de todo el mundo participarán en este proceso de monitorización, incluidos los dos citados expertos.

Takata prevé que a raíz del vertido “se incrementarán los niveles de tritio” en aguas alrededor de la planta, pero en una medida muy limitada y únicamente en un radio de 1 o 2 kilómetros alrededor de la central.

Este científico señala asimismo que el tritio “no se acumula en organismos marinos ni en el cuerpo humano”, por lo que no existen riesgos derivados del consumo de pescado y marisco de la zona, sometido, además, a constantes pruebas de contaminación radiactiva.

“El tritio es uno de los radiosótopos menos peligrosos”, coincide Buesseler, quien subraya que lo que le preocupa son los potenciales residuos de otros radionucleidos como el cobalto-60, el cesio-137 o el carbono-14, que representan “un riesgo mucho mayor” en cuanto a acumulación en el lecho o los productos marinos.

El experto desconfía igualmente de la evaluación del OIEA, que a su juicio “ha apoyado al 100 % el plan nipón incluso antes de visitar Fukushima”, y que “no ha hecho muchas preguntas difíciles” a las autoridades japonesas.

“Nadie va a morir a raíz de esto, ni el Pacífico se va a convertir en un vertedero nuclear. Pero no se sienta un buen precedente”, destaca Buesseler, quien al igual que la asociación de laboratorios marinos estadounidenses, cree que Japón debe explorar en mayor profundidad alternativas a la descarga oceánica.

Con información de EFE

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