Forbes

Por Dan Alexander y Richard Behar

Se está haciendo tarde, y Felix Sater, un antiguo socio de Trump, criminal dos veces condenado y colaborador del gobierno, se sienta al fondo de un restaurante de la ciudad de Nueva York, y se alista para tomar una copa. “un martini muy sucio… vodka ruso”, le dice al mesero. “Un martini de colusión”.

Nadie que no pertenezca a la Organización Trump tiene más conocimiento de primera mano sobre las conexiones de Donald Trump con Rusia que Felix Sater. En 2006, él exploró un posible acuerdo en Moscú con los hijos de Trump, Don Jr. e Ivanka. En 2007, estuvo con Trump en la fiesta de lanzamiento del hotel que Sater ayudó a construir, Trump SoHo, comercializado, en parte, para compradores rusos. Y, durante la campaña presidencial de 2016, ayudó a planear la gigantesca torre del magnate en Moscú. “¡Por los momentos divertidos!”, brinda, alzando su copa de martini en el aire.

El informe, de 448 páginas, del abogado especial Robert Mueller destaca que había tres propuestas por separado para construir una propiedad de Trump en Moscú, al momento de la elección. Pero, de los detalles clave, sólo hay vagos indicios. Forbes contactó a la gente ubicada en el centro de los tres [Trump, Cohen y Sater] y obtuvo respuestas concretas a preguntas fundamentales sobre los planes de Trump en Rusia.

La conclusión fue que, por poco, sí se hacía el proyecto. Trump, ahora más licenciante que constructor, ciertamente no planeaba poner una buena parte de su propio dinero. Y, de acuerdo con Sater (quien negoció la propuesta que se extendió más allá de la campaña), tampoco lo iba a hacer el socio oficial de Trump, Andrey Rozov. En cambio, dice Sater, se estaba elaborando un plan para recaudar grandes sumas de dinero de inversionistas adicionales, incluidos dos de los amigos más cercanos de Vladimir Putin: Boris y Arkady Rotenberg. “Habríamos acudido a ellos y les habríamos pedido 400 o 500 millones de dólares en efectivo”, especifica Sater.

Otra gran pregunta que no se había resuelto anteriormente: ¿Cuánto dinero podría haber ganado Trump en todo esto? Tanto Mueller como el ex abogado de Trump, Michael Cohen, han sugerido, vagamente, “cientos de millones”. Sin embargo, después de los acuerdos comerciales mineros y de encuestar a expertos en bienes raíces en Moscú, Forbes cree que eso es casi imposible. Parece más probable que Trump se hubiera ido con unos 35 millones de dólares (mdd) por adelantado y 2.6 mdd en cuotas anuales, si todo hubiera salido de acuerdo con el plan. En los escenarios más color de rosa, dice Sater, Trump podría haber obtenido unos 50 mdd. Un montón de dinero para la mayoría de las personas, pero menos del 2% del patrimonio neto del presidente de Estados Unidos (valorado en 3,100 mdd).

En conjunto, estas revelaciones pintan una nueva imagen de los planes de Trump en Rusia y la forma de hacer negocios del presidente. Su acuerdo llegó con un riesgo mucho mayor, y con una recompensa mucho menor de lo que se suponía anteriormente. En resumen, el candidato Trump puso en peligro su eventual presidencia por un trato mediano y que hubiera tenido las huellas digitales de Vladimir Putin por todas partes.

Parte de la razón por la cual la narrativa de la Trump Tower en Moscú confunde a la gente es porque hubo tres intentos diferentes para adjuntar el nombre del presidente a una propiedad rusa en los últimos años. El primero emana del infame concurso de Miss Universo 2013, donde 86 mujeres desfilaron en una sala de conciertos de Moscú. Donald Trump, copropietario del concurso, se llevó el dinero a casa y recaudó unos 3 mdd de los anfitriones locales: el magnate multimillonario de bienes raíces Aras Agalarov y su hijo Emin, un cantante pop. “Pasé un gran fin de semana con usted y su familia”, escribió Trump en Twitter poco después, etiquetando al anciano Agalarov. “Has hecho un trabajo fantástico. Y Trump Tower-Moscow es el siguiente”.

Un mes más tarde, en diciembre de 2013, la Organización Trump firmó un acuerdo para comercializar una propiedad de Agalarov en Moscú, según el informe de Mueller.

El plan, finalmente, incluyó 800 departamentos cerca de la sala de conciertos que organizó el evento de Miss Universo, con un 3.5% de las ventas destinadas a Trump. Si todo el edificio se agotara, Emin Agalarov estima que Trump habría salido con unos 17 mdd.

Miss Venezuela se llevó a casa la corona, pero Donald Trump lo que se llevó a casa fue el dinero, recaudando un estimado de 3 mdd por haber realizado el certamen en Rusia. Foto: Victor Boyko/Getty Images.

La hija de Trump, Ivanka, visitó el lugar en febrero de 2014. Ese mismo mes, sin embargo, el panorama geopolítico estaba cambiando. Las multitudes salían a las calles de Kiev, protestando contra el presidente ucraniano y amigo de Rusia, Viktor Yanukovich. Finalmente, éste huyó de Ucrania, según informes, con la ayuda de Putin. En pocas semanas, el presidente ruso envió soldados a Crimea, una región ucraniana vecina de Rusia, tomando el poder. Esta apropiación de territorio provocó indignación en la comunidad internacional, y Estados Unidos tomó represalias vía sanciones económicas.

Esas medidas, combinadas con la caída de los precios del petróleo, paralizaron la economía rusa, incluido el mercado inmobiliario de Moscú. El precio promedio de los departamentos nuevos se desplomó en un 30% en 2014. Los condominios se vendían por menos del costo de construcción. Incluso, en el improbable caso de que los Agalarov hayan logrado construir algo en medio de toda la agitación, Emin le dice a Forbes que el pago de Trump se habría reducido a la mitad. Las comunicaciones entre Trump y la familia Agalarov empezaron a desvanecerse en el otoño de 2014, según el informe de Mueller. Donald Trump Jr., más tarde, dijo al Comité Judicial del Senado que el proyecto murió debido a “fatiga en el trato”. Una causa más probable de muerte: sanciones de Estados Unidos.

En noviembre de 2015, Trump, entonces candidato presidencial, se reunió con el ex presentador de Fox News, Bill O’Reilly, quien lo desafió por su postura acomodaticia con Rusia. “[Putin] no hace tratos”, razonó O’Reilly. “Simplemente, enrola soldados para causar destrucción y derriba aviones”.

“Bueno”, respondió Trump, “él hace lo que tiene que hacer”.

Sin el conocimiento del público estadounidense, la Organización Trump, que no respondió a las solicitudes de emitir comentarios sobre esta historia, se estaba comunicando en secreto para alcanzar un segundo acuerdo potencial en Rusia, casi al mismo tiempo. Según el informe de Mueller, en septiembre de 2015, casi un año después de la caída de la sociedad con Agalarov, y con Trump al frente de la carrera primaria republicana, su abogado, Michael Cohen, intercambió mensajes con un hombre llamado Giorgi Rtskhiladze. Cohen y Rtskhiladze habían hecho negocios juntos en los ex Estados soviéticos de Georgia y Kazajstán.

Rtskhiladze envió a Cohen un borrador de una carta destinada en última instancia al alcalde de Moscú, que presentó un desarrollo de Trump como símbolo de fortalecimiento de los lazos entre Estados Unidos y Rusia, según el informe de Mueller. “[El alcalde] está al tanto del proyecto potencial y se comprometerá con su apoyo”, dijo la nota, según el informe.

Hoy, Rtskhiladze afirma que sólo estaba transmitiendo el mensaje en nombre de un viejo amigo y el conocido de ese amigo. Afirma que la carta nunca llegó al alcalde. Y sugiere que ni siquiera está seguro de si lo que envió a Cohen fue correcto. “No sé si es verdad o no, [o] si alguna vez se notificó a [la] oficina del alcalde”.

Rtskhiladze dice que, previamente, le había advertido a Cohen sobre los riesgos: “Debes tener cuidado con quién te involucras”.

Sin embargo, las advertencias, no son el camino de Trump. Cohen desestimó el plan de Rtskhiladze y decidió seguir una tercera propuesta, negociada por un hombre con un pasado de cuadros: Sater. Sater, nacido en Moscú y criado en Brooklyn, comenzó una carrera en Wall Street, hasta que una pelea en un bar (hirió a un hombre en la cara, con un vaso de margarita) lo llevó a pasar 15 meses en prisión. Tres años después de su liberación, se declaró culpable de extorsión en un plan de capitalización de acciones fraudulentas conectado con la mafia. Logró no volver a prisión, esta vez trabajando con los federales, y finalmente proporcionó información sobre la mafia: Corea del Norte, los ciberdelincuentes rusos, incluso Osama Bin Laden. En la sentencia de Sater, aproximadamente una década después de que comenzó a cooperar con el gobierno, el agente del FBI, Leo Taddeo, uno de los manipuladores de Sater en la oficina, le dio crédito por ayudar a allanar el camino para que las fuerzas de la ley “básicamente eliminen” a la mafia del negocio de las acciones de Wall Street. El ex funcionario del FBI, Ray Kerr, agrega: “No había nada que no hiciera o hubiera intentado”.

Al mismo tiempo que servía como colaboracionista del gobierno, Sater se reinventó a sí mismo como un agente de bienes raíces. Fue en ese papel que terminó trabajando con la Organización Trump, en proyectos en Arizona, Florida, Nueva York y, ultimadamente, en Rusia. Para el esfuerzo de Moscú, Sater se desempeñó como corredor y comerciante. Su amigo Andrey Rozov, quien no respondió a nuestra solicitud de hacer comentarios, fue oficialmente el desarrollador local en Rusia, pero Sater dice que también esperaba un corte para él. Trump firmó la carta de intención, fechada el 28 de octubre de 2015, el mismo día que tuvo lugar el tercer debate presidencial republicano.

La torre estaba destinada a ser el edificio más alto de Europa, con unos pocos pisos de tiendas de primer nivel, un hotel de cinco estrellas y un nuevo espacio de oficinas, con 250 residencias de lujo, hogares para la élite rusa. Según los términos, Rozov estaba pendiente de la construcción, mientras que Trump simplemente prestaba su nombre y ayudaría a administrar el lugar. A cambio, según el informe de Mueller, el candidato presidencial obtendría un porcentaje de las ventas de los condominios, comenzando con el 5% de los primeros 100 mdd y sería reducido gradualmente al 1% de todo lo que superara los 1,000 mdd. Sater dice que cada unidad habría sido de aproximadamente 760 m2, mucho más grande que un condominio de lujo típico en Moscú. Estaban apuntando a un precio de alrededor de 1,500 dólares por metro cuadrado, aproximadamente un 30% por encima del promedio de los departamentos de lujo en la ciudad. Si todo salía bien, Trump se habría marchado con un estimado de 34 mdd provenientes de las ventas y tarifas iniciales. Dinero grande, claro, pero nada cambia la vida de un hombre que tiene 3,100 mdd.

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Con Donald Trump en un extremo, y Vladimir Putin en el otro, la red de personas involucradas en los planes de Trump para Moscú incluía miembros de la primera familia, oligarcas y funcionarios rusos.

Fuentes: Reporte Mueller, investigación Forbes

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Sater dice que, para para darle realce al negocio, quería regalarle un penthouse a Putin. Pero, en el mundo real, Vladimir Putin no es comprado con un penthouse”.

Para Trump, las pequeñas cantidades de dinero sí importan: el acuerdo de la torre detalla las porciones que podría recibir cada año, incluidas las tarifas de administración del hotel (un estimado de 1.3 mdd), alquileres de oficinas (240,000 dólares aproximadamente), tarifas de administración residencial (225,000 dólares), operaciones del spa (75,000 dólares) y así en cada rubro. Sumado todo, las cifras que, según Forbes, podría haber obtenido Trump son de 2.6 mdd adicionales al año. Son matemáticas verificadas por Sater, quien confirmó, con una hoja de cálculo de Excel que detalla los pagos proyectados, línea por línea.

Si se cuentan los años suficientes, es teóricamente posible llegar a cualquier número: 13 mdd en cinco años, 67 mdd en 25 y 94 mdd en 35. Pero, incluso con las ofertas de condominios, el número no fue cercano a los “cientos de millones” que Cohen y Mueller citaron.

Robert Mueller no encontró conspiración alguna para robar las elecciones de 2016, pero sí halló evidencia de una trama para tratar de ganar dinero. Sater y Cohen hicieron el trabajo aterrizado, frotando los codos con oligarcas y entidades del gobierno ruso.

En un testimonio jurado ante el Congreso, Cohen no dejó ninguna duda sobre quién estaba a cargo en última instancia: “Para ser claro, el señor Trump supo y dirigió las negociaciones de Trump-Moscú a lo largo de la campaña, y mintió al respecto”.

Había una buena razón para mentir, dado el elenco de personajes involucrados. El 9 de octubre de 2015, antes de que Trump firmara la carta de intención, Sater escribió que se estaba reuniendo con Andrey Molchanov, un exmiembro del senado ruso que controlaba un terreno que podía funcionar para la torre. Tres días después, Sater reclamó que el presidente de VTB, un banco controlado por el Kremlin al que Estados Unidos impuso sanciones estaba “a bordo” del proyecto. Un portavoz de VTB enunció que el banco nunca trató con Sater o sus afiliados en Rusia. En última instancia, Sater aseguró una invitación a Rusia de un banco diferente, días después de que también hubiera aterrizado en la lista de sanciones de Estados Unidos.

Luego estaba el plan de Sater, de conseguir que los multimillonarios hermanos Arkady y Boris Rotenberg invirtieran cientos de millones en el proyecto. Desde un punto de vista político, sería difícil pensar en una pareja más problemática para lograr un acuerdo con un candidato presidencial de Estados Unidos. Arkady Rotenberg conoce a Vladimir Putin desde la infancia, cuando eran compañeros de judo. Su hermano y él se cuentan ahora entre las personas más ricas de Rusia, con un valor estimado de 3,700 mdd, combinados con intereses en la banca y la construcción. Las compañías de Arkady Rotenberg obtuvieron 7,400 mdd en contratos gubernamentales para los Juegos Olímpicos de Invierno 2014 en Sochi, más de 5,000 mdd para la Copa Mundial de Futbol 2018 (de la que fue sede Rusia) y más aun para construir un puente que conecta Rusia y Crimea. En 2014, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos sancionó a ambos hermanos identificándolos como miembros del “círculo interno” de Putin. Los Rotenberg no respondieron a nuestra solicitud de ofrecer comentarios.

Lo que a Sater atrajo de los hermanos Rotenberg fue su cercanía con Putin, misma que los convirtió en objetivos del gobierno de Estados Unidos. En su mente, si pudiera lograr que los asociados de Putin invirtieran 400 mdd o 500 mdd, entonces el presidente ruso seguramente daría luz verde al proyecto, un paso clave en un país en el que el gobierno se enfrenta a los principales desarrollos inmobiliarios. Trump, teóricamente, habría tenido que firmar para traer a los Rotenberg o a cualquier otra persona que quisiera una parte de las acciones. “Todos iban a ganar dinero con esto”, dice Sater. “Y, al final del día, un idiota de Vladivostok con mucho dinero habría puesto todo”.

No está claro si Trump sabía de los planes para darle a Putin un penthouse, o a sus amigos una parte del trato, lo que es notable en sí mismo. Un candidato presidencial delegó un acuerdo “radioactivo”, en un país extranjero hostil, a un ex convicto (Sater) y a un futuro convicto (Cohen).

La agitación política en Ucrania precedió a una toma de posesión rusa en Crimea, que, a su vez, provocó sanciones estadounidenses contra el régimen de Putin. Esas medidas mellaron el mercado inmobiliario de Moscú y la victoria inesperada de Trump. Foto: Bahtiyar Abdukerimov/Anadolu Agency/Getty Images.

Algo realmente brillaba mucho ahí. Para diciembre de 2015, los hombres de Trump aún no se habían encerrado en una parcela de tierra, o con la financiación, o con los inversores. Y Cohen estaba esperando una invitación oficial a Rusia. “No voy a dejar que te jodas con mi trabajo y mi punto de partida”, Cohen le envió un mensaje de texto a Sater entre Navidad y Año Nuevo, según la correspondencia publicada por primera vez por Buzzfeed y confirmada por Forbes. “Todavía no tengo números de nadie que supuestamente esté involucrado en este acuerdo, aparte del hecho de que tendré la invitación que necesito dentro de 48 horas. Ni usted ni nadie que conozca sabrá que me avergonzaré delante del ‘Sr. T.’ cuando él me pregunte qué está pasando”.

Cohen le dijo a Sater que había dado por concluido el trabajo con él, y el flujo de texto se convirtió en algo así como una amarga aventura. “Por favor, no hagas esto, Michael”, escribió Sater.

“Hemos terminado”, respondió Cohen. “Suficiente. La semana pasada te dije que piensas que estás corriendo [bien] en este punto; es incorrecto. Estás poniendo en peligro mi trabajo y haciéndome parecer incompetente. Te di dos meses y lo mejor que me enviaste fue una estúpida invitación de algún empleado sin nombre en un banco de tercer nivel. Por lo tanto, ya les estoy diciendo lo suficiente. Ya es suficiente. Me encargaré de esto yo mismo”.

Cohen, que no respondió a una solicitud para hacer comentarios sobre este artículo, se dirigió a la oficina del secretario de prensa de Putin, Dmitry Peskov. El 20 de enero de 2016, recibió una respuesta del asistente de Peskov. Hablaron durante 20 minutos sobre una torre en Moscú, y Cohen se quedó impresionado, según el reporte de Mueller. Cohen puso al día a Trump, señalando que sería bueno que la Organización Trump tuviera asistentes que fueran tan buenos como los del Kremlin, dice el informe.

Sater le envió un mensaje de texto a Cohen al día siguiente. “Llámame cuando tengas unos minutos para chatear”, escribió. “Se trata de Putin. Llamaron hoy”.

El dinero tiene su forma de reparar las relaciones. Cohen y Sater finalmente bosquejaron planes para viajar a Rusia. Cohen habló con Trump al respecto, y el candidato dijo que estaría dispuesto a ir también, siempre que Cohen pudiera “bloquear y cargar” el acuerdo, según el informe de Mueller. Cohen estableció una línea de tiempo aproximada: “Mi viaje antes de Cleveland”, escribió a Sater, refiriéndose a la Convención Nacional Republicana. “Y, después, Trump se convierte en el candidato”.

El 5 de mayo de 2016, Sater siguió ofreciendo noticias prometedoras a Cohen. “Peskov desea convocarlo como invitado al Foro de San Petersburgo, que es el ‘Davos de Rusia’. Es del 16 al 19 de junio. Quiere reunirse allí con usted y posiblemente presentarle a Putin o a [el primer ministro ruso, Dmitry] Medvedev”.

Pero, aparentemente, Sater estaba blofeando. Ahora dice que, en realidad, nunca recibió una invitación de Peskov, aunque confiaba en que se encontraría con algunos bateadores pesados en la conferencia. Cuando la invitación de Peskov no se materializó, Cohen canceló el viaje, de acuerdo con el reporte de Mueller, y se registró con Trump. Pero no le dijo al jefe que el trato estaba cancelado, ya que parecía haber una posibilidad de que volviera a la vida en los últimos meses de la campaña. O quizá después, cuando Trump volvería a ser sólo Donald Trump, un ciudadano privado.

Lo que en última instancia mató a la Torre Trump en Moscú no fue todo el bombo y el platillo, ni los lazos con los oligarcas rusos; ni siquiera la limitada alza financiera. Cuando se le preguntó por qué terminó el acuerdo, en una audiencia jurada ante el Congreso, Cohen señaló una parte del plan que salió mal: “Ganó la presidencia”.

 

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