Por Máximo Santos*

Si algo caracterizaba a las criptodivisas antes de que Facebook y otras 27 empresas anunciaran hace unos meses su intención de crear una criptodivisa estable llamada Libra era que las criptodivisas eran activos financieros muy volátiles y conocidas en su mayor parte por un muy reducido círculo de personas. La puesta en marcha del Bitcoin en el año 2009, como lo podía ser de otra forma, despertó la atención de los reguladores al ser una de sus funciones principales el velar por la estabilidad financiera. En aquel momento, los supervisores consideraron que el Bitcoin no constituía ninguna amenaza para el sistema, ya que el número de unidades puestas en circulación era muy reducido y el número de usuarios y comercios que aceptaban este activo financiero era prácticamente anecdótico.

Al contrario de lo que sucedió con el lanzamiento del Bitcoin, el anuncio de la puesta en marcha de Libra por parte de Facebook captó de inmediato la atención de los mercados, de los medios de comunicación y de unas autoridades que comenzaron a ver peligrar su monopolio en la creación de moneda. Los supervisores enseguida percibieron que la creación de una criptodivisa global tal y como Facebook la estaba planteando tendría multitud de implicaciones y es que dicho anuncio llegaba apadrinado por parte de una empresa privada que tiene presencia mundial y unos 2.200 millones de usuarios activos, según los datos que proporciona la propia empresa. El carácter global de Facebook y de otras entidades implicadas en el proyecto, a diferencia de lo que sucedió con la puesta en marcha del Bitcoin, sí que podía suponer que rápidamente la nueva criptodivisa alcanzara una dimensión sistémica que afectase a la estabilidad financiera global y que incluso desplazara y convirtiera en irrelevantes a algunas monedas soberanas.

Tras el anuncio de Facebook las autoridades monetarias de todo el mundo comenzaron a subrayar una serie de argumentos en contra del uso de esta nueva criptomoneda tal y como Facebook la presentó ante la prensa mundial. Los principales elementos que se pusieron sobre la mesa se pueden condensar en tres puntos:

  1. La nueva criptodivisa puede tener efectos negativos en la estabilidad del sistema financiero internacional.
  2. El pasado de Facebook a la hora de gestionar los datos privados de sus usuarios no es la mejor carta de presentación para liderar un proyecto de este calibre.
  3. La nueva criptodivisa levanta muchas dudas en lo que se refiere a la lucha internacional contra el blanqueo de capitales, el narcotráfico y el tráfico internacional de armas.

Como consecuencia del recelo mostrado por muchas autoridades, varios de los aliados del proyecto de Facebook lo abandonaron inmediatamente, incluso antes de se pusiera en marcha. Por el momento el plan se encuentra congelado de forma indefinida hasta que las autoridades de Estados Unidos resuelvan algunos puntos de la propuesta. Como consecuencia de todo esto somos muchos los economistas que ponemos en duda que este proyecto se ponga en marcha tal y como Facebook lo planteó y es que el implantar esta criptomoneda global no es un tema sencillo, ya que se tienen que superar muchos obstáculos como son el cumplimiento de una regulación muy exigente y la reticencia u oposición frontal de muchas autoridades.

Sin embargo, el anuncio del lanzamiento de Libra sí que ha tenido consecuencias importantes. Una de las principales es que son varios los Bancos Centrales que han comenzado a estudiar la viabilidad de emitir sus propias criptomonedas estables. Entre los Bancos Centrales que se han embarcado en estudiar su puesta en marcha podemos citar al de Canadá, al de Bahamas, al suizo, el Banco Central Europeo (BCE), al turco, al de Corea del sur, al de Australia o al Banco Popular de China. 

La gran ventaja para las autoridades monetarias de las criptomonedas emitidas por los bancos centrales es que al poder abrir cualquier ciudadano una cuenta corriente en el propio banco central se podría lograr que las políticas monetarias tuvieran un mayor efecto y que además fuera más rápido que lo que sucede en la actualidad. La variación en los tipos de interés se trasladaría directa e inmediatamente a las cuentas corrientes de los ciudadanos y no habría que esperar a que los bancos comerciales reflejasen en las condiciones de las cuentas corrientes de sus clientes los cambios en los tipos de interés auspiciados por las autoridades. 

Además de lo anterior hay otro punto muy importante a tener en cuenta. En el caso de que volvamos a tener una crisis financiera como la sufrida en el año 2008, los clientes de la banca comercial moverían en masa sus ahorros a las cuentas corrientes abiertas en el banco central, lo que dejaría en una situación extremadamente crítica a toda la banca comercial del país. Este movimiento de fondos afectaría no sólo a los bancos con problemas sino a toda la banca comercial en general y este hecho agravaría la crisis bancaria hasta el extremo.

Teniendo en cuenta el avance imparable de la digitalización y de que estamos ante un mundo cada vez más global, es interesante analizar si la emisión de estas criptodivisas puede ser positivo o no en un mundo como el actual que dista mucho de aquel que puso en marcha las bases del sistema financiero internacional vigente. 

 

Contacto:

LinkedIn: Máximo Santos Miranda Ph.D.

 

*El autor es Doctor en Economía y experto en temas de banca, finanzas y hacienda.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

Lee también: Un salvavidas digital para tus deudas en las tarjetas de crédito

 

Siguientes artículos

La ruta del influencer emprendedor
Por

[email protected] influencers se están convirtiendo en mecanismos de comunicación, marketing, promoción política y cambio social cada...