El pasado 5 de julio Wikipedia cerró sus páginas en protesta por las enmiendas a la Ley de Derecho de Autor presentadas por Parlamento Europeo y que mostraban una serie de medidas muy estrictas respecto a los contenidos que se comparten digitalmente, además de sanciones que pondrían en peligro al propio espíritu y naturaleza de la red.

Si bien el Parlamento votó en contra, la comisión encargada del proyecto deberá presentar una nueva versión que será revisada y votada el próximo septiembre y donde podrían aprobarse la normativa que podría castigar el libre flujo de información en Internet.

La controversia sobre la reforma a las leyes sobre derechos de autor se centra sobre principalmente en las enmiendas 74 al artículo 11 y la 77 al artículo 13 que exigen a los administradores de páginas web que antes de publicar lo que sea, deberán contar con los derechos de las obras o pagar por ellos a los dueños de los derechos de copyright; además, se exige que las páginas cuenten con la tecnología y algoritmos necesarios para detectar que los contenidos que comparten no infrinjan la normativa de los derechos de autor.

Ello implicaría que ninguna página que fuera alojada en Europa podría reproducir ningún texto, fotografía, música, video o cualquier otro contenido sin tener o pagar por los derechos de las obras.

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Hasta aquí parece justo, sin embargo, hay que imaginar y plantear todas las posibilidades. Por ejemplo, una web que hace crítica literaria o reseñas musicales y que reproduce fragmentos de la obra no necesariamente con un carácter educativo, podría tener problemas con las enmiendas propuestas.

Una modificación similar en las leyes sobre derechos de autor en España orilló a que Google Noticias dejara de funcionar en aquel país, ya que se obligaba a los agregadores de contenidos a pagar por distribuir las noticias de los portales.

Incluso los memes de carácter político podrían toparse de frente con la censura, puesto que alguien podría reclamar derechos de autor sobre las fotografías e imágenes, lo que impediría su libre tráfico en la red.

Por otra parte, las posibilidades de incorporar tecnologías que identifiquen contenidos que cuenten con derechos de autor dejan fuera de la jugada a muchos portales y comunidades que no tienen los recursos suficientes y dejaría sólo en el mapa a las grandes plataformas como Google, Facebook o YouTube.

Las enmiendas priorizan los beneficios económicos por encima del bien común y la participación ciudadana y se erigen en contra de la propia naturaleza colaborativa de la red. Hay que recordar que, en esencia, Internet nació con un espíritu de colaboración y libre acceso a la información y construido de forma libre y gratuita por muchas personas que han donado su trabajo y conocimiento para que la red pudiera existir.

La última modificación a los contenidos digitales data de 2001 y de acuerdo con el Parlamento Europeo, es necesario actualizar la normativa para responder a las exigencias actuales, lo cual es cierto, aunque la perspectiva para hacerlo sigue fincada en la compra – venta de un contenido tal y como se tratara de un bien físico (un libro o un disco, por ejemplo) y está muy lejos de las nuevas posibilidades de negocio basadas en el tráfico y la segmentación de mercados.

Al panorama nada halagüeño que tiene Internet en este momento, se suma el fin de la neutralidad de la red, que, si bien aún no entra en vigor las partes más complicadas, se plantea que lo harán durante la administración del presidente Trump.

Si se aplican las modificaciones más controvertidas sobre la neutralidad de la red (libre tráfico, modificación de la velocidad de navegación o bloqueo en sitios específicos) entonces quedarían pocos sitios que ofertaran contenidos “legales” de acuerdo con las especificaciones europeas o “transitables” de acuerdo con las leyes de telecomunicaciones en Estados Unidos.

Teóricamente, ambas disposiciones buscan un pago justo y equitativo para los creadores de contenidos e incentivar la competencia de las empresas de telecomunicaciones, no obstante, al final los únicos beneficiados serán las grandes plataformas y empresas de contenidos, ya que los creadores y autores de contenido aún siguen sin la protección necesaria y sin recibir una retribución justa aun y cuando distribuyen sus contenidos en las plataformas legales.

 

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