Por Alberto Alemanno*

Una Europa distinta se acerca y los británicos parecen no darse cuenta. El 2019 traerá nuevas elecciones a la Unión Europea en mayo. Un hecho que parece no preocupar demasiado al Gobierno Británico, que sigue debatiendo sobre las tres únicas soluciones aparentes para el Brexit:

  1. Extensión del Artículo 50, siempre que los 27 estados miembros estén de acuerdo.
  2. Un acuerdo negociado, que deberá ser definido, presentado y votado.
  3. Revocación del Artículo 50. Si no se da ninguna de las alternativas anteriores, el resultado será un no-deal Brexit.

También el debate público gira constantemente en torno a esas alternativas y sus consecuencias. Pero a las puertas de unas nuevas elecciones europeas, el resultado real de las negociaciones con Reino Unido puede que no importe tanto.

La explicación es sencilla: las próximas elecciones europeas podrían impactar profundamente en la última fase del proceso del Brexit y cambiarlo todo. Entre otros motivos, porque con un cambio político en el horizonte, la tercera de las alternativas – que no haya acuerdo -, podría ser un escenario satisfactorio. Sobre todo, para aquellos líderes europeos que terminen su mandato y tengan que someterse a un nuevo proceso electoral en mayo.

El populismo que se extiende por el continente puede dar paso, tras las elecciones europeas, a una nueva “cohorte de eurodiputados” en el Parlamento con ideologías más extremas, como el italiano Matteo Salvini, el húngaro Viktor Orbán o la francesa Jean-Marie Le Pen, entre otros. El miedo de los actuales líderes europeos a perder su poder de decisión puede hacerles reducir su compromiso con Reino Unido, conforme se acerquen las elecciones.

Además, cualquier negociación que dure más de tres meses hará que los eurodiputados británicos puedan presentarse de nuevo a las elecciones, convirtiéndose en un auténtico “caballo de Troya” en el seno de la propia Unión Europea y sus instituciones. Por eso es muy probable que los líderes europeos no quieran correr el riesgo de dar más prórrogas a la negociación del Brexit.

Pero, más allá de que finalmente se amplíen o no esas negociaciones y se llegue o no a un acuerdo, hay una cosa cierta: Reino Unido tendrá que refundar su relación comercial con su principal socio, la UE, a partir del 26 de mayo.

Porque mientras debatimos sobre el Brexit, asistimos al surgimiento de nuevas alianzas políticas y partidos transnacionales con programas cada vez más polarizados, como el European Spring o el Generation Identity. Y con ellos, el efecto contagio del movimiento pro-Brexit a otros países de la UE está asegurado.

Si esto ocurre, Reino Unido se encontrará en un escenario post-electoral poco favorable. Con una Unión Europea distinta, más dura y complicada para negociar y reformular sus relaciones con los británicos, a corto y largo plazo. Lo que puede poner en jaque a la estabilidad económica y política en Reino Unido.

Entender este impacto de las elecciones al Parlamento Europeo, implica tener una visión política avanzada. Y es necesario tenerla porque, tras las elecciones europeas, podemos asistir en Europa al nacimiento de una nueva democracia más “transnacional”. Una democracia aún más polarizada, aún más pro y anti–Brexit y, en definitiva, con el poder de amenazar la unidad entre los 27 estados miembros de la Unión Europea. Y eso, más allá del Brexit, no beneficiará a nadie.

*Profesor de la Cátedra Jean Monnet de Derecho de la UE en HEC Paris y fundador de la startup cívica The Good Lobby.

 

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