Por Juliana Guaqueta Ospina*

La pandemia por Covid-19 ha acelerado una ola de cambios que modificarán sustancialmente la manera en que entendemos la educación universitaria en Latinoamérica y el mundo.

De acuerdo con un informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) , la suspensión de actividades presenciales ha afectado a 23,4 millones de estudiantes y 1,4 millones de docentes en América Latina y el Caribe. Alrededor de la mitad de los estudiantes de educación superior de la región asiste a universidades privadas, las cuales han adoptado medidas para posibilitar el acceso a distancia a sus programas.

Si bien muchas universidades ya contaban con programas de educación y contenidos en línea, la pandemia las ha obligado a acelerar estas iniciativas. El proceso no ha sido sencillo. La planificación de los potenciales impactos en la matrícula y los ingresos ha generado un debate profundo sobre la viabilidad de los modelos académicos, operativos y financieros que rigen la educación superior.

Las universidades, sin embargo, han reaccionado con rapidez. Con el apoyo de la Corporación Financiera Internacional (IFC, por sus siglas en inglés), Anima Educação – universidad brasileña que combina la enseñanza presencial y el aprendizaje online- transfirió temporalmente a sus 140,000 alumnos a un formato totalmente digital. Para brindar apoyo financiero, la universidad creó dos programas de ayuda en asociación con Pravaler (en portugués), el principal proveedor privado de préstamos estudiantiles de Brasil. Anima asume el riesgo derivado del préstamo estudiantil durante el primer año; Pravaler, por su parte, se hace cargo de la cartera. La contratación de una póliza de seguro mitiga el riesgo de posibles moras.

Con el fin de escalar el aprendizaje electrónico, Anima negoció un descuento especial con un proveedor de servicios de telecomunicaciones para contratar planes de Internet de mayor capacidad. Con 8,000 docentes trabajando en línea, la universidad ha creado guías para la enseñanza a distancia y reforzado la producción de contenidos y funciones de la plataforma. Los estudiantes también usan redes sociales como WhatsApp e Instagram para aportar mostrar solidaridad en esta difícil coyuntura.

En Colombia, la Universidad de Santo Tomás, también cliente de IFC, cuenta con una matrícula de 29,000 alumnos. Antes de la pandemia, 15% de los estudiantes ya estaba matriculado en programas a distancia. Para transferir al 85% restante, la universidad mejoró las funciones de videoconferencia, fortaleció el sistema de gestión del aprendizaje (LMS, por sus siglas en Inglés) y adquirió miles de licencias adicionales para que las clases continuaran en un formato sincronizado. Asimismo, la universidad creó un sistema de préstamos para facilitarle equipo a aquellos docentes y alumnos que lo necesitaran.

Otro desafío enfrentado por la Universidad de Santo Tomás es la recreación del trabajo de laboratorio para disciplinas prácticas como la medicina y la ingeniería. Si bien no todo es replicable a través de la tecnología digital, la universidad concibió una estrategia para rediseñar las actividades de laboratorio en entornos virtuales con alto grado de eficiencia.

La crisis evidencia que la educación en línea debe abarcar más que la simple reproducción de lo presencial. Las universidades han puesto en marcha cambios estructurales para que el aprendizaje online sea una experiencia más interactiva, conformada por planes personalizados con elementos de inteligencia artificial (IA), contenido interactivo, sistemas de apoyo académico más sólidos y operaciones basadas en una mayor disponibilidad de datos. Ante la crisis económica, también se pondrá más énfasis en bajos costos y facilidad de acceso.

Con frecuencia se argumenta que el aprendizaje en línea no siempre muestra resultados tan sólidos como los programas presenciales. Estudios recientes indican lo contrario: algunos modelos en línea pueden generar resultados equivalentes o incluso superiores. En un estudio aleatorio controlado en Rusia (i) se determinó que una plataforma de educación en línea brindaba la posibilidad de resolver la escasez de profesores calificados al permitir que instituciones con dificultades económicas pudieran reducir costos sin sacrificar nivel académico. Esta crisis proporciona incentivos para elaborar estrategias a largo plazo que privilegien la educación a distancia.

Las universidades están obligadas a encontrar soluciones innovadoras en lo referente a la participación de los estudiantes, el establecimiento de redes y la creación de comunidades. En los casos donde la educación en línea posea ventaja teórica sobre la presencial -flexibilidad, evaluación permanente, estudios analíticos de datos- las universidades deben elaborar planes integrales de innovación académica. Un ejemplo es el Centro para la Innovación Académica de la Universidad de Michigan (i), el cual concentra conocimientos técnicos especializados (diseño pedagógico, tecnología e investigación), proporciona apoyo a los profesores y establece alianzas con especialistas externos.

Las normas de distanciamiento social seguirán vigentes de manera aún indefinida. Las instituciones deben prosperar en esta realidad, y no solo improvisar para salir adelante. La forma en que estas instituciones responden ante la pandemia ofrece pistas sobre la mejor ruta a seguir. Prestemos atención.

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La autora es especialista en educación de la Corporación Financiera Internacional (IFC), miembro del Grupo Banco Mundial*

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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