En la última década la palabra “emprender” cobró una importante relevancia en el entorno económico mundial y en la llamada economía del conocimiento. Pasó de ser una definición (“empezar a hacer una cosa determinada”) a ser un estilo de vida y hasta una vocación de vida.

En la actualidad para emprender es necesario profesionalizarse, ya no se trata solo de abrir un local, una oficina, un taller, una fábrica, etc. Emprender ha evolucionado hasta tomar las características de una profesión. Es decir, hoy para emprender con una mayor probabilidad de éxito es necesario profesionalizar nuestro proyecto emprendedor.

En los últimos años, en México y el mundo han surgido miles de carreras, cursos y talleres en universidades, incubadoras y aceleradoras, todo dirigido a profesionalizar a los emprendedores. Esto es bueno, sin embargo, al mismo tiempo se ha desatado una guerra de metodologías de emprendimiento que está dejando emprendimientos heridos, fallecidos y hasta estafados.

En más de una década de dar seguimiento a la evolución del ecosistema emprendedor he sido testigo de un buen número de historias de emprendedores y startups que se sienten víctimas.

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Y es que cada vez son más los programas de emprendimiento en el mercado y, por su puesto, todos aseguran tener la mejor metodología jamás creada. Presumen metodologías reconocidas por el Instituto Nacional del Emprendedor (que es de gran valor) o por algunos otros organismos, universidades e instituciones nacionales e internacionales enfocadas a impulsar el emprendimiento.

Esta guerra de metodologías es fabulosa porque cada vez hay más y mejores opciones para emprender de manera más fácil y acelerada, sin embargo, esta misma beligerancia está dejando en el camino muchos emprendedores que no encuentran el centro de incubación con el valor ético de decirles que a su proyecto le iría mejor con la competencia o con otro programa más enfocado.

Y honestamente veo pocos programas de incubación que no ven al emprendedor como un número al que van a sumar a sus cifras para presumirlas, sin importar si su metodología es la adecuada para el proyecto o para la personalidad del emprendedor. Lo que importa es sumar emprendedores, ya sea para presumir las cifras o para contar con mayores recursos del gobierno o clientes que paguen sus servicios.

Ahora que cada vez son más especializados los programas de emprendimiento y con metodologías cada vez más focalizadas en un tipo de negocio o sector es importante ayudar a los emprendedores a encontrar la mejor opción para incubar su idea y que ésta no muera o quede gravemente herida en el camino.

Recordemos, además, que no todas las personas están hechas para lo mismo, por lo que un boot camp puede funcionar para cierto número de emprendedores, o una incubación tipo escolarizada puede servir a otros; pero también habrá un número de emprendedores autodidactas que pueden funcionar con programas a distancia o en línea y otros que solo se motivan con sesiones presenciales.

El objetivo, desde mi punto de vista, es saber colocar al emprendedor en el lugar más acorde para su idea o negocio y relacionar su personalidad con la metodología más adecuada para él y su proyecto; esto evitará que muchos proyectos mueran en el camino y ayudará a un número cada vez más importante de emprendedores a evitar sentirse frustrados por pagar o participar en un programa en el que no se sienten atendidos o donde piensan que pagaron en vano.

 

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