Por Martin Schwarz*

Inversionistas de todo el mundo están buscando opciones de inversión en mercados emergentes como diversificación ante la posible desaceleración en Estados Unidos. Lamentablemente, Latinoamérica no es el primer destino en mente de estos inversionistas y esto tiene que cambiar.

Cuando uno menciona mercados emergentes la primera región que viene a la mente de muchos inversionistas es Asia. Entre principios de 2018 y los primeros meses del 2019, más del 70% de los flujos destinados a fondos de inversión cotizados (ETF por sus siglas en ingles) de mercados emergentes se destinaron a 4 países asiáticos (China, India, Corea del Sur y Taiwán). Las dos grandes economías latinoamericanas, Brasil y México recibieron apenas el 9%.

La reciente disminución en la tasa de interés de la Reserva Federal de Estados Unidos representa una excelente oportunidad para los mercados latinoamericanos de atraer más capital. Al bajar la tasa de interés la Reserva Federal manda a inversionistas a buscar mercados alternativos con retornos mas atractivos. Para que Latinoamérica sea uno de los principales destinos tanto los gobiernos como las empresas tienen un par de tareas importantes:

Los gobiernos deben enfocarse en bajar el costo de capital para empresas locales. Inversionistas asignan capital teniendo el riesgo percibido. Mientras más riesgo, mayor será la tasa de retorno que un inversionista espera recibir. El riesgo percibido tiene dos componentes principales: el riesgo del país donde opera la empresa y el riesgo de la empresa en sí. Mientras los gobiernos no infieren en el riesgo especifico de la empresa, si juegan un rol importante en determinar el riesgo del país.

El riesgo país se ve afectado por estabilidad política, fuerza/independencia de las instituciones democráticas, regulaciones, corrupción y en general lo fácil que es para una empresa operar. Muchos países necesitan cambios radicales en todas estas áreas, ejemplo claro es Venezuela. Hay países que han dado importantes pasos adelante en ciertas áreas como ser Brasil en el área de desregulación. Pero a su vez, hay otros que han dado varios pasos atrás como es el caso de México en los esfuerzos de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) de interferir en las operaciones de varias instituciones gubernamentales y democráticas con el fin de empujar una ideología personal que varios, incluyendo su ex secretario de hacienda, aseguran no tiene sustento alguno. El impacto de las políticas de AMLO es evidente cuando observamos que México obtuvo la mitad de los flujos de inversionistas que obtuvo Brasil, aun cuando México cuenta con la ventaja estratégica de ser vecino del país que ha registrado un crecimiento importante en los últimos años.

El rol de las empresas es también vital. Nuestras empresas deben venderse de manera adecuada a los inversionistas extranjeros, deben demostrar que tienen procesos corporativos orientados hacia la maximización sustentable y de largo plazo, del valor a los accionistas. Esto incluye demostrar que las empresas asignan capital a proyectos que crean valor y no crean imperios, proyectos con tasas de retorno por encima del costo de capital y no proyectos que solo aumentan ventas inflando costos y niveles de capital. A su vez deben tener sistemas de compensación variable que van muy alineados con la maximización de valor al accionista para que los empleados se beneficien cuando los accionistas se enriquecen creando un circulo virtuoso importante.

Latinoamérica tiene mucho que ofrecer. Para poder atraer capital extranjero, las empresas deben demostrar que son capaces de darle buen uso al capital, generando valor para todos mientras que los gobiernos deben establecer reglas del juego que incentiven el flujo de capital y de ahí simplemente asegurarse que las reglas se cumplan.

*Director Ejecutivo de Stern Value Management.

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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