Por Adolfo Laborde*

La hora llegó. A partir de ya, el nuevo gobierno deberá estar planeando para luego ser ejecutados los ejes de la nueva política comercial de nuestro país, de hecho, en estos días, en el marco de la reunión anual de cónsules y embajadores del Servicio Exterior de México es factible que la nueva agenda global, ahora integrando la parte de la promoción comercial a cargo de la cancillería, se anuncie.

Si bien es cierto, existe un andamiaje sólido en la administración pública que se encargará de esta tarea, se comenzará sin un brazo importante el cual se decidió eliminar, me refiero a ProMéxico. No se aprovechó la experiencia acumulada y sus talentos fueron echados a la calle. En todo esto la subsecretaría de negociaciones económicas internacionales de la Secretaría de Economía (SE) será importante, empero a ello, dada la compleja realidad del comercio y las negociaciones económicas internacionales se requiere de un mayor dinamismo, mismo que se ve difícil de conseguir con una austeridad republicana. La pregunta es ¿Qué se puede hacer con lo que se tiene en la materia? A decir verdad, el panorama es complejo, más aún cuando los cuadros de la cancillería no están acostumbrados a trabajar en materia técnica comercial, o bien, no les ha interesado especializarse en ello. Aquí la gran discrepancia al dejar fuera a la Secretaría de Economía de las labores de promoción comercial en el exterior. Si bien es cierto se intentaba eliminar duplicidad de funciones, esto ocasionará caer en las famosas curvas de aprendizaje muy dañinas en la continuidad de las organizaciones.

Los retos son muchos: diversificación comercial, aprobación del T-MEC por parte de los congresos de Canadá, Estados Unidos y México, consolidación de las relaciones con Asia, especialmente con China, Corea y Japón, así como aprovechar la red de tratados comerciales internacionales con los que se cuenta. El canciller Marcelo Ebrard ya se ha pronunciado al respecto, enfatizando la relación estratégica con Asia.

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Esperemos que los embajadores que están por nombrarse en las distintas sedes diplomáticas logren cubrir el nuevo perfil de la promoción comercial de México. Quizá esa sea la razón por la cual hay vacantes más de 50 cargos de cónsules y embajadores. Si se está meditando en ello, ojalá y se haga con apego al interés nacional, meritocracia y trayectoria de la persona seleccionada, sin embargo, todo parece indicar que la vara con que se medirán las designaciones tendrá un componente político. En caso de que este escenario se cumpla, no queda más que esperar que el Instituto Matías Romero de la Cancillería, hecho para la formación de diplomáticos haga su trabajo orientando a los recién llegados en el arte de la diplomacia, promoción y negociaciones económicas internacionales.

*Doctor en Relaciones Internacionales. Profesor Investigador de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad Anáhuac México.

 

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