Leer las etiquetas en verdad puede provocar risa o miedo, pero es hora de que todo ejecutivo comience a hacerlo y deje de ser acérrimo defensor de productos cuyos beneficios no puede comprobar.

 

Nadie debería vender, mercadear, representar, distribuir o comercializar un producto que no sabe qué contiene. Se escucha lógico, ¿no? Pues por más que se escuche lógico, una gran mayoría de ejecutivos en la industria de cosméticos, productos de higiene personal, limpiadores, alimentos, snacks, bebidas e incluso farmacéuticos no tiene ni la menor idea de lo que contiene el producto que ellos manejan o impulsan.

¡Haz la prueba! Pregúntale a un amigo o conocido que colabore en una empresa donde fabriquen cosméticos o cremas, qué ingredientes contienen sus productos, y verás que no podrá mencionar ni la mitad. Y si esto suena contradictorio, métele un poquito más de emoción y pregúntale sobre los efectos que éstos generan en el cuerpo de la persona; es seguro que menos sabrá. Es más, tal vez sabrás más tú que él.

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Resulta extraño que muchos ejecutivos se convierten en defensores acérrimos de sus productos, pero en realidad no tienen forma de comprobar sus beneficios. Si no saben de qué está hecha la salchicha, la salsa, el nugget o la bebida que promocionan, menos podrán defender objetivamente los beneficios que públicamente dicen que cumplen.

Entonces, ¿en qué basan los ejecutivos su orgullo y defensa de su producto?, ¿será que lo basan en lo que otros les dicen al interior de la empresa, en los bonos que les dan por comunicar beneficios sin comprobarlos, en la búsqueda insaciable de una promoción para ocupar un puesto mayor a costa de lo que sea? ¿Es esto ecuánime, es ético, es válido?

Es curioso: no recuerdo una sola clase en la universidad en que me hayan hablado de la importancia –tanto desde la perspectiva comercial como desde la moral– de conocer en detalle los contenidos de un producto y sus efectos en el cuerpo y/o medio ambiente.

Sin duda, lo ideal para amar a una marca –no sólo como ejecutivo, sino como consumidor o usuario– debería considerar el conocerla en detalle: sus ingredientes, su procedencia, sus efectos en el cuerpo y hasta los procesos por los cuales se integran al producto final. Pero esto no sucede así en la realidad.

¿Qué pasaría si todos los ejecutivos comenzaran a preguntar sobre los contenidos de los productos que sus jefes les piden impulsar? Con esta pregunta le apuesto a dos resultados:

  1. Tendríamos menos ejecutivos-ovejas o autómatas-ciegos haciendo sólo lo que les dicen que hagan para ganarse un bono y, en cambio, tendríamos ejecutivos más conscientes.
  2. Tendríamos a muchos ejecutivos dentro de las organizaciones presionando para que se busquen mejores ingredientes y procesos para elaborar sus productos.

Al final, con ambos habría consumidores más conscientes y enterados, con la posibilidad de tener acceso a mejores productos para ellos y sus familias.

Muchas empresas esconden el verdadero contenido de su producto a través de métodos como hablar de “fórmulas secretas” y “registradas”, conceptos como “concentrados” o “derivados”, pero la verdad es que en la mayoría de las ocasiones utilizan estas palabras para ocultar lo que les da miedo hacer público.

Me parece mediocre el esfuerzo que las autoridades competentes hacen para lograr que las empresas comuniquen claramente el contenido real de sus productos. Un claro ejemplo está en los azúcares que jugos, dulces y bebidas contienen: las empresas están obligadas a dar a conocer el porcentaje de azúcares, pero no las cantidades de cada tipo de azúcar. Sabemos que hay azúcares “no tan malos” y otros que son “pésimos”, pero en el contenido nutricional no se específica cuánto contiene de cada uno. Caso similar sucede con los colorantes y los saborizantes.

Leer las etiquetas en verdad puede provocar risa o miedo, pero es hora de que los ejecutivos comiencen a hacerlo. Celebro a aquellos empresarios que se esfuerzan no sólo por educar a sus ejecutivos en el contenido de sus productos, sino también a aquellos que hacen verdaderos esfuerzos por integrar ingredientes saludables, responsables socialmente y que cuidan el medio ambiente en sus procesos y productos.

 

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