Carlos Hank González está decidido a romper con la hegemonía extranjera que se registra en el sistema financiero mexicano, encabezado por BBVA Bancomer y Banamex. En entrevista exclusiva, confiesa que sería una equivocación si no se hubiera asumido como lo que es, un empresario. La generación de empleos, afirma, es parte de su responsabilidad para cambiar la suerte del país. 

 

Por Jonathán Torres y Hiroshi Takahashi

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El pleito fue tremendo. Era una lucha de gigantes. En un extremo se encontraba uno de los persona­jes más respetados en el sistema financiero mexicano, reconoci­do también por su gestión dura, crítica, sin medias tintas; en el otro aparecía un joven que de igual for­ma contaba con reconocidas cartas credenciales en la banca mexicana, con un historial sobresaliente, pero también por ser el representante de una familia que exigía el control de la institución en pugna…

Así, palabras más, palabras menos, los reportes de prensa del momento pretendían retratar el pro­ceso de transición que envolvía al principal banco en manos de mexi­canos: Grupo Financiero Banorte. Por eso, la pregunta era inevitable:

 

—¿Cuál es la historia que verdaderamente hizo que saliera Guillermo Ortiz de la presidencia del Consejo de Administra­ción? Se hablaba de rencillas. ¿Qué fue lo que en realidad pasó entre Guillermo Ortiz y Carlos Hank?

—Te lo platico abiertamente —res­ponde sin sobresaltos Carlos Hank González, nieto de un símbolo de la política nacional, Carlos Hank González, y de un icono del empre­sariado mexicano, Roberto Gonzá­lez Barrera. Y entra en materia:

“Hacia Guillermo no tengo nada más que reconocimiento y agrade­cimiento por la trayectoria que tuvo en la institución. Lo platicamos en aquellos momentos de manera muy abierta. Guillermo siempre lo sintió. Él fue una transición extraordi­naria en Banorte. Él mismo, así lo expresó, dijo que se requería ya de un relevo generacional en la insti­tución. Y creo que va muy ligado a lo que estamos buscando ser: un grupo financiero joven en su forma de pensar, actuar, gestionar, en su forma de llevar la estrategia.”

Con 44 años de edad, Carlos Hank apaga así los rumores que hablaban de una pelea por el manejo de Banorte, después de la muerte de su abuelo Roberto González Barrera; para entonces, Guillermo Ortiz se desempeñaba como presidente del Consejo de Administración de dicha institu­ción financiera.

Y, para eliminar cualquier ves­tigio de aquel supuesto episodio, añade: “Guillermo lo entendió: es un extraordinario banquero y, so­bre todo, un personaje muy impor­tante y muy relevante en la historia de nuestro país. Y creo que él tuvo la capacidad de asimilar la impor­tancia de ese relevo generacional.

“Que pudiera llegar yo a la Presidencia del grupo financie­ro era algo que se vio hasta de manera muy natural. La familia somos los principales accionistas de Grupo Financiero Banorte. Yo he estado siempre en el medio financiero, desde hace más de 20 años. Conozco a la institución exageradamente bien. Crecí con ella, viví con ella toda mi vida profesional. Entonces, el Con­sejo de Administración abrazó con gusto el relevo generacional y nos ha permitido llevar a cabo no sólo una transición bastante amable y suave, sino lograr ese giro de timón en un tiempo muy corto.

“Todo mundo estaba con expectativa: ¿Qué va a pasar? ¿Cuáles son tus planes? ¿Cómo lo quieres lograr? Nos dimos a la tarea, desde los primeros días del año, de hacer una planeación muy clara para ir a visitar a todos y cada uno de los inversionistas para transmitirles cuáles eran nuestros objetivos y compro­misos. Vino una transición con muchas expectativas, chismes y cosas. Había que ver a los inversionistas, darles la cara y decirles exactamente qué era lo que estábamos planeando, qué había pasado y cómo lo íbamos a ejecutar”, recuerda Carlos Hank González.

Por lo visto, un nuevo estilo al interior de la legendaria familia tiene forma.

* * *

El nuevo presidente del Grupo Financiero Banorte, Carlos Hank González, lleva el nombre de su abuelo paterno, pero parece seguir los pasos de su abuelo materno, Roberto Gon­zález. Durante la charla, nos dice que se hubiera equivocado si no se hubiera asumido como lo que es, un empresario.

Eso nos sorprende, pues hace aproximadamente 15 años, nos dijo durante una entrevis­ta, que sí le interesaba la política, que lo traía en la sangre, y no descartaba en un futuro meterse a ese mundo.

 

—En aquel entonces, usted tenía 29 años o 30 años, y platicamos del futu­ro. Recuerdo bien que le pregunté si le gustaría entrar a la política. Me dijo que por supuesto. Era algo de familia. Con el tiempo, fui leyendo entrevistas en las que decía que no quería estar en la política. ¿Qué le hizo cambiar de opinión?

—Pues fíjate que la verdad a mí me pasó, así como dicen los políticos, que les pica el virus y no se les quita, a mí, lo que me di cuenta, es que mi virus es éste. Mi vocación es ésta. Lo que me apasiona y en lo que deveras creo tener algo de capacidad para poder llevarlo a cabo, es esto: los negocios, el tema financiero. Si yo te hubiera podido describir cuál sería hoy mi trabajo soñado, mi responsabilidad soñada, te describo un día de mi trabajo de todos los días. Entonces, creo que me hubiera yo equivocado si hubiera tomado una vocación que no es la mía.

 

—Su abuelo paterno pensó en la Presidencia… ¿Usted no piensa en la Presidencia?

—¡Pensé en la presidencia… pero de Banorte, y aquí estamos! No. Mi pasión y mi vocación es ésta. La política es otra responsabilidad y creo que para eso se tiene que tener igual que para ésta, igual que para cualquiera, la vocación, la capacidad y la determinación de serlo, que no es la mía.

 

—¿Cómo convive con esta frase célebre de su abuelo, Carlos Hank González: “Un político pobre es un pobre políti­co”? ¿Qué le dice bajo las circunstancias en las que hoy vivimos?

—Mira, primero que nada, esa frase a mí ni me tocó escucharla. Sí, la gente dice que la dijo y si la habrá dicho o no, era mi abuelo y como persona tuve una extraordinaria relación con él. Me enseñó muchos valores como la lealtad, la ética, la amistad…

 

En aquella entrevista, 15 años atrás, el joven Hank contaba que una vez al mes su abuelo paterno invitaba a todos sus nietos a comer para platicar, a detalles, de sus andanzas. “El Profesor”, según los capítulos de la historia del México de hace más de 30 años, era consi­derado como uno de los políticos más poderosos de México.

Frente a eso, el Carlos Hank González de estos tiempos ofrece su versión de los capítulos que reseñan al Profesor: “La gente, por supuesto, juzga a veces de manera no fundamentada. Yo no dejé afec­tarme. Siempre, desde que nací, he sido parte de una familia pública. Entonces, viví acostumbrado a estar en eso. Mi objetivo es hacer que mi historia, la que yo pueda escribir, sea mi historia, de la que yo en particular me sienta orgullo­so, tranquilo, satisfecho de haber dado el 200% para contribuir a la institución en la que estoy, al lega­do que puedo dejar al país sin duda alguna y a mis hijos.”

 

—¿El apellido pesa o ayuda?

—No, en ningún momento me ha pe­sado ni me ha ayudado. El llamar­me Carlos Hank González me ha llenado de orgullo siempre.

“A lo mejor habrá gente que po­drá pensar que pesa o que ayuda. A mí me llena de orgullo, pero sobre todo algo bien importante para mí es seguir construyendo ese nom­bre, hacer mi propia historia, darle mi propio toque a ese nombre y poder dejar un nombre que tam­bién enorgullezca a mis hijos.

“Además, es una responsabi­lidad, no es una cosa nada más mía. Yo entiendo que como todos nuestros apellidos vienen de generaciones atrás, cada generación le va poniendo su toque. En lo personal, tengo un compromiso muy importante de hacer mi propia historia, de escri­bir mi propia parte en ese apellido y de poder dejarle a mis hijos un apellido que los llene de orgullo.”

 

—Usted está en nuestra lista de Forbes con su familia, en el sito 782 de los multimillonarios del mundo. Los men­cionamos, a la familia Hank encabezada por su padre, con una fortuna de 2,200 millones de dólares. Son el número 10 en nuestra lista de los millonarios mexicanos…

—Te diría que mi objetivo nunca han sido esos números. Jamás mi meta ha sido aparecer en el número tal. Jamás. Verdaderamente, para mí la parte exitosa no se define sola­mente en la parte monetaria. Tie­nes que tener clara la responsabi­lidad que te da ser empresario. Las 27,000 personas que dependen de que yo no haga una estupidez, esa responsabilidad la tiene uno que asumir correctamente para poder alcanzar las metas planteadas.

 

* * *

Carlos Hank González fue ratifi­cado presidente del Consejo de Administración de Grupo Finan­ciero Banorte en abril de este año, durante la Asamblea General Ordinaria Anual de Accionistas. El egresado de Administración de Empresas de la Ibero dice que las cosas se dieron muy rápido.

“En octubre de 2014 entro al Consejo. En noviembre me nom­bran presidente del Consejo y el primero de enero (mes y medio después), asumo el cargo. Ya en diciembre había estado en una reunión con inversionistas. Enton­ces, va uno cambiando de manera dramática en cuanto a velocidad y en cuanto a forma de pensar.

“También, en cuanto al tra­je que ponerse (me refiero, metafóricamente hablando). Y el 1 de enero ya estaba perfecta­mente ubicado y viéndome como presidente del Consejo de Grupo Financiero Banorte. Independien­temente de que había pocos días o escasos meses de esta transición.”

Grupo Financiero Banorte fue fundado en 1899 en Monterrey y, en 1992, durante la privatización de la banca, fue adquirido por un grupo de empresarios encabezados por Roberto González Barrera. Hoy, es la tercera institución en México por el tamaño de depósitos y la cuarta en crédito.

Lo cierto es que no fue tan rápi­do el proceso, si nos remontamos al pasado. En 2003, Carlos Hank González era director general adjunto a la presidencia del Con­sejo de Administración de Banorte, como parte de un proyecto para suceder a su abuelo, Roberto Gon­zález Barrera.

Se planteó entonces la fusión de Banorte y Grupo Financiero Interacciones. Pero al iniciar las pláticas preliminares, de acuerdo con los reportes de prensa de aquél entonces, ninguna de las partes logró ponerse de acuerdo y deci­dieron no continuar. Carlos Hank González se reintegró a la Direc­ción General de Interacciones en octubre de 2003.

Su ascenso no ha sido sencillo, a pesar de la herencia de sus dos po­derosos abuelos y una gran familia de políticos y empresarios con gran influencia en México. En 1997, fue nombrado director general de Interacciones Casa de Bolsa, y en 2000, director general del Grupo Financiero Interacciones.

En 2008, fue nombrado director general del Grupo Industrial Her­mes, fundado en 1978 con dife­rentes negocios en infraestructura, automotriz, transporte y turismo. Y desde diciembre de 2012 ocupa la vicepresidencia del Consejo de Administración de Gruma, la líder mundial en producción de harina de maíz y tortilla con presencia en más de 100 países, que hoy está a cargo de su tío, Juan Antonio Gon­zález Moreno.

En octubre del año pasado dejó Interacciones para aterrizar en enero de 2015 en Banorte, al pues­to que se esperaba que ocuparía hace 12 años.

 

—¿Cómo fue su primera junta al frente del Consejo de Administración de Banorte? ¿Qué dijo para disipar el enrarecido ambiente que se percibía?

—El primer Consejo que tuvimos en enero fue, la verdad, muy distinto, muy ejecutivo. Creo que a nuestros consejeros hay que transmitirles la situación del negocio. Qué estamos haciendo y cuáles son nuestras estrategias.

“Entonces, el primero fue alrededor del 22 de enero. El primer mes me dediqué a empa­parme, claramente, de qué era lo que teníamos, cuál era la situa­ción del grupo y a definir cuatro prioridades en las que debíamos enfocarnos, porque mi intención en ese primer consejo era transmi­tirles certeza, clara seguridad del rumbo que teníamos que seguir; qué teníamos que gestionar y una clara visión de que entendíamos lo que se tenía que hacer. Nos sentamos con el Consejo y les dije: ‘Oigan, esto es una nueva etapa, les agradezco mucho su apoyo y esta­mos aquí para trabajar en conjunto. Hemos definido cuatro distintos pilares, que es en lo que vamos a ba­sar el futuro de Grupo Financie­ro Banorte en el corto plazo y las gestiones que se tienen que hacer’. Se lo transmitimos con mucho detalle a los conseje­ros, cosa que creo que les gustó mucho porque por primera vez en esta nueva etapa se les involucró mucho en la estrategia.

“El trabajo en equipo no sólo es con el equipo directivo. El Consejo de Administración es parte impor­tante o debe de ser parte importan­te de cualquier empresa. Para mí era muy importante obtener retroa­limentación y sus comentarios.”

 

—Hace unos años había un círculo rojo que hablaba de resucitar la banca mexi­cana, dado que ya estaba controlada por extranjeros. ¿Usted podría per­sonificar eso? ¿Podría encabezar esta causa, quitarle el trono que hoy tiene la banca extranjera en México?

—Fíjate que más que hacerlo por quitar el trono, verdaderamente es una bandera con la que navego, a fondo, por convicción, por la importancia y la relevancia que tiene que una institución financie­ra mexicana, y su responsabilidad con su país y sus habitantes. Suena así medio romántico, medio jalado, pero más que la obsesión de “le vamos a ganar a Banamex, a Citi, a BBVA”, primero que nada, como mexicanos, tenemos la capaci­dad de sentarnos, competirles y ganarles. En ese sentido, me siento sumamente competitivo y conven­cido de que tenemos todo para ser los mejores.

“Segundo: yo creo que tenemos esa responsabilidad, sí, sin duda alguna. Como mexicanos necesita­mos tener esa capacidad de liderar la banca y ser un jugador muy relevante en el sistema financiero mexicano. No hay duda alguna. Mi convicción no es por ningún tipo de ego, ni de crecer y ser el más grande, sino porque estoy seguro y creo que lo podemos hacer.”

 

—¿Qué llamado le haría en este momento a los empresarios mexicanos?

—Necesitamos hablar bien de México, es nuestro país. Es nuestra respon­sabilidad (…) Tenemos esa respon­sabilidad, no es sólo hablar bien por hablar, no se trata de decir mentiras, sino de resaltar lo que sí estamos haciendo bien. También tenemos que tener la capacidad de reconocer lo que estamos haciendo mal y la capacidad de corregirlo. Pero lo más importante es ser realistas en ese sentido; en lo personal, siendo muy realista, me considero un optimista, pero realista, no soy un soñador. Creo que estamos haciendo cosas muy buenas en nuestro país.

 

—¿Cómo definiría a este nuevo banque­ro? Años atrás, en las caricaturas de los diarios, cuando había una referencia hacia los banqueros, aparecía la figura de un señor con bombín y la crítica giraba en torno a que los banqueros tenían un negocio fácil, porque nada más tomaban las comisiones. ¿Tiene una definición distinta?

—Totalmente distinta. Somos una nueva generación de banqueros en México, y esta nueva generación tiene la obligación de estar cerca de los clientes y entender sus ne­cesidades. En el ámbito financiero hay una competencia gigantesca.

“Esto de ponernos el bombín y nada más cobrar comisiones se acabó. Si pretendiéramos hacer esto, el banco no tendría futuro.

“Para nosotros es al revés, tenemos que voltearnos hacia el cliente, escucharlo, encontrar cómo podemos atenderlo mejor; que yo te venda el traje que te gusta, no el que yo tengo y simplemente te lo vendo, y no te queda de otra, y además te cobro cada vez que te lo pongas.

“Eso ya evolucionó, ya se trans­formó. Si no tenemos esa visión, esa capacidad de entender el futuro del sector financiero en México, esta­mos completamente perdidos.

“Entonces sí, me siento como una generación nueva de banqueros. Bueno, ya tengo 20 años en este medio, pero todavía me puedo atrever a sentirme joven y nuevo en ese sentido, porque sí tenemos la obligación y la responsabilidad de transformar a las instituciones financieras.”

 

—¿Qué sigue para Banorte?

—Uff. Banorte, vamos a ser el mejor grupo financiero de México, y verdaderamente para los mexicanos. Tenemos retos gigantescos y oportunidades. Quiero que lo digan todos los clientes. El potencial que tene­mos de crecimiento es gigan­tesco. Cuando empecé a ver los números, a ver las oportunida­des, la gestión, nunca me imagi­né tanto potencial. A Banorte le esperan épocas extraordinarias porque tenemos una base de clientes que son los que saben que los vamos a defender.

 

—¿Y los focos rojos? En un reciente re­porte financiero de Banorte se recono­ce que la alta exposición a los créditos hipotecarios es un foco de atención para el mismo banco…

—Es así, estás en lo correcto. Es un tema que, como tú sabes, Banorte tenía una exposición importante a las vivienderas; la historia ya la conocemos todos, las vivienderas más importantes están hoy en concurso mercantil. Es un proceso que lleva su tiempo, en donde no sólo depende de la gestión de Banorte y nosotros estamos de manera muy activa y muy presente revisando que el proceso llegue al mejor de los fi­nes. No se ha terminado esa película. Sí tenemos la certeza de que puede y hay oportunidades de que salga muy bien. Estamos trabajando todas las instituciones financieras de la mano. Es un fin común. Prácticamente to­dos los grupos financieros y bancos importantes en México tenemos esa exposición. Hoy es difícil predecir cuál va a ser el final, pero es un reto sin duda que hoy nos man­tiene en constante seguimiento.

 

—¿No hay otro foco rojo que le quite el sueño?

—No. Como foco amarillo que esté constantemente prendido, éste es el único. Hay muchos retos, como en tecnología y lo que ya hemos platicado. Pero un problema que tuvo Banor­te en el pasado y que hay que gestionarlo, sólo ése.

 

—La fusión Interacciones-Banorte, ¿es una jugarreta periodística?

—Mira, creo que nos encantan en México las novelas, y entre más podemos meterle temas interesantes se venden mejor o generan más exposición. Hoy, la verdad es que tanto Banorte como Interacciones han tenido un desarrollo extraordinario. Si vemos los resultados de las dos instituciones, en el corto, media­no y largo plazos, vemos carreras extraordinarias. No requieren ser fusionadas.

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Piso de operaciones de Grupo Financiero Banorte. (Foto: Ernesto Ramírez).

 

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