Dice la famosa frase del filósofo español José Ortega y Gasset, “yo soy yo y mi circunstancia”, con la que refiere que las condiciones que han marcado la vida de una persona –dónde, cuándo y en qué lugar nació, en qué tipo de familia, lo que ha estudiado, vivido, viajado, etc.—establecen el contexto en el que ésta existe y, en buena medida, la forma en que mira y entiende el mundo. Sin embargo, con frecuencia se olvida que, para Ortega y Gasset, la circunstancia no determina de forma absoluta la manera en que, dentro de ese contexto, se puede actuar, pues el ser humano goza de albedrío y libertad. Por tanto, las circunstancias, antes que limitativas, son posibilitadoras. Con base en ello, propongo aquí una reflexión sobre el discurso y las principales acciones de AMLO, quien recién cumplió un año de su victoria electoral.

Es claro que su discurso y acciones son resultado de su trayectoria, su circunstancia. Y sin duda, algo que la ha marcado de forma indeleble es su conocimiento cercano del México profundo. AMLO se ufana de ser el único político que ha recorrido más de una vez cada municipio del país y eso le ha dado una perspectiva acerca de los problemas cotidianos que vive la gente en los pueblos, los caseríos, las rancherías, los barrios. Ahí ha visto de primera mano que el crecimiento económico, la inversión extranjera, la globalización han generado beneficios muy desiguales en favor de cada vez menos. Ha visto el fracaso de las enormes transferencias de los programas sociales compensatorios en aliviar la pobreza que, en términos porcentuales, ha variado muy poco desde el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, con quien iniciaron. Ahí también ha visto el origen de las violencias que vive México causadas por la marginación social, la falta de oportunidades dignas y equitativas, y la discriminación. El conocimiento directo de esta realidad ha moldeado su circunstancia y, por tanto, ayuda a explicar su discurso y sus acciones.

AMLO está obcecado en cambiar esta realidad. En términos de un proyecto de nación, nadie podría cuestionar el deber del Estado de atender los problemas de pobreza, desigualdad y corrupción. En buena medida, por ello su propuesta obtuvo 30 millones de votos provenientes de sectores sociales muy diversos. De ahí su discurso repetitivo, pausado y, no pocas veces, simplón con el que busca reforzar el mensaje a estos sectores de la forma más sencilla posible. De ahí también sus acciones principales de recortar indiscriminadamente el gasto público, de repartir recursos directamente y de plantear grandes proyectos de inversión en el sureste.

El problema surge cuando esta perspectiva –derivada de su circunstancia y convertida en misión—termina por determinar todo lo demás, a cualquier costo y sobre cualquier consideración. En su misión de cambiar la realidad de los mexicanos más desfavorecidos AMLO ha ido olvidando a todos los demás sectores, muchos de los cuales también han sufrido la corrupción, los abusos de poder, la pérdida de poder adquisitivo, la falta de protección del Estado, las violencias y la criminalidad. En consecuencia, su discurso ha terminado por fomentar una división entre aquellos objetivos nobles de defender y promover y aquellos que no merecen la atención del Estado, pues se interpretan y presentan como mezquinos, abusivos y triviales. Las acciones tomadas han reforzado esta misma línea: frente a la necesidad de atender la pobreza, ¿acaso no resultan superfluas las necesidades de la cultura, el deporte, la investigación, los derechos de tercera generación (como los ambientales), o la existencia misma de ONGs?

La circunstancia de AMLO lo está determinando y, en consecuencia, su discurso cada vez tiende menos puentes con otros sectores, muchos de los cuales también lo apoyaron electoralmente. La división entre buenos y malos, AMLOvers y Haters, Chairos y Fifís, deriva naturalmente de lo anterior, pero no contribuye a cambiar hacia un país más justo, igualitario y equitativo. En consecuencia, también, sus acciones llevan prisa y sacrifican diagnóstico e institucionalidad.

La circunstancia de AMLO no debería determinarlo, sino potenciarlo para aspirar a ser un presidente que, desde su mirada de justicia social, lo sea para todos los mexicanos, en una transformación en la que son necesarios el convencimiento y la incorporación (en el discurso y en la acción) del mayor número de sectores. Ojalá lo escuche.

 

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