Siete meses han pasado desde que Andrés Manuel López Obrador tomó protesta como presidente constitucional. Y hoy, como aquella vez, el presidente eligió el mismo escenario, el Zócalo capitalino, para celebrar el triunfo electoral del 1 de julio de 2018. Un juego de fechas que comparten la forma y los símbolos que ya son característicos de la presidencia de López Obrador o el estilo personal de gobernar, en alusión al libro clásico de Cosío Villegas, cuya lectura, por cierto, hoy recobra vigencia ante un presidente con una concentración de poder político como el que no habíamos visto en décadas. Sin embargo, a diferencia de los poderosos presidentes que tuvimos en tiempos del partido hegemónico, el de hoy es un presidente que se sostiene sobre una abrumadora legitimidad democrática.

En esta ocasión no hubo rituales de purificaciones, oraciones dirigidas a cada uno de los puntos cardinales, ni la entrega de báculos por parte de las comunidades indígenas. Hubo en cambio, mucha música, vendimia y diversos grupos musicales. Al igual que el evento del 1 de diciembre, vimos al López Obrador en su mejor estado: rodeado de la gente, a quienes no se cansa de decirles que nunca defraudará. Las imágenes del Zócalo son aún más sugerentes que los miles de presentes. Una plancha abarrotada que en redes sociales se critica y se defiende con similar intensidad como ha pasado desde tiempos de la campaña de 2018.

En tiempos de posverdades, las imprecisiones, si no es que claras contradicciones del presidente pasan a segundo plano y se minimizan ante una sociedad esperanzada. Ni las crisis de seguridad, el tema migratorio, los recortes presupuestales, ni la caprichosa relación con Estados Unidos han sido temas suficientes para voltear el respaldo popular hacia López Obrador a un año de su victoria. O al menos así lo confirman encuestas publicadas en junio, algunas de las cuales indican un apoyo del 72% y del 66%

A las críticas de que López Obrador está en campaña permanente, ahora podríamos sumar la celebración de este primer año del triunfo electoral. Adicionalmente, tendremos el primer informe de labores el 1 de diciembre. Quienes han reprochado la intención de que aparezca el nombre del presidente en la boleta de las elecciones intermedias, con motivo de la revocación de mandato, ahora pueden añadir estos actos masivos que peligrosamente están en el límite de ser ejercicios de rendición de cuentas.

Como todo discurso, éste debe analizarse también por lo que no se dijo. El presidente afirmó que se han cumplido 78 de los 100 compromisos que hizo al inicio de su sexenio sin que hubiera hecho un recuento de los 22 faltantes. Más llamativo que eso es la omisión de cualquier pronóstico de crecimiento económico para este año, ni tampoco algún intento de explicación del radical cambio de política del Estado mexicano respecto a la migración de centroamericanos ante la amenaza de Donald Trump de imponer aranceles.

En el campo de la fotografía hay un término conocido como “sobreexposición” que es básicamente cuando la luz se presenta de manera excesiva y puede ser según su uso, tanto una técnica o un error. El término podría aplicarse a la presencia abrumadora del presidente de México y la atención mediática que genera. Lo que veremos en los siguientes años, al menos antes de la elección intermedia, es si ésta será una estrategia ganadora para el proyecto de la 4T, o si los resultados en el bolsillo y en la seguridad de la gente terminarán por imponerse si éstos no son positivos. Mientras tanto, el próximo 15 de septiembre tendremos otra vez, la mejor versión del presidente.

 

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