Nadie daba un peso (mucho menos un dólar o un euro) por sus invenciones; ahora, Mario Moretti es un reconocido empresario de la moda italiana que maneja un imperio de 30,000 empleados en un centenar de países.

 

Por Irene Savio

 

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Hasta el momento, todas las hazañas de Mario Moretti Polegato, el fundador y propietario de la empresa de zapatos Geox, han tenido fortuna y él, en un tiempo récord, se ha convertido en uno de los hombres más ricos de Italia.

Hace 20 años durante una caminata en el desierto de Nevada, en Estados Unidos, se preguntó “¿por qué cada vez que uso zapatos de goma, mis pies transpiran?”. Acto seguido, tomó una navaja y se perforó el calzado. Sintió alivio. Pero, a medida que sus extremidades se refrigeraban, a Polegato se le ocurrió una idea: transformar el viejo zapato en el primer prototipo de calzado transpirable e impermeable de la historia.

Todos, absolutamente todos, se rieron de él. No tenía experiencia alguna en el mundo del calzado. De vuelta en Italia, afinó su proyecto y se lo propuso a las grandes multinacionales del sector, incluida Nike, pero nadie le hizo caso.

Ahora, es otra historia. Lo llaman desde empresas y universidades para que recoja premios y explique una experiencia que ya trasciende el simple negocio porque se ha convertido en un concentrado de creatividad y gestión rentable. Él va y relata que para tener éxito son necesarias tres cosas: crear, innovar y patentar.

Geox, la empresa que todavía preside, es hoy un verdadero imperio. Cuenta con 30,000 empleados y dispone de una red de distribución que incluye la venta en 10,000 tiendas multimarca y 1,172 tiendas monomarca localizadas en más de 100 países diseminadas en todo el mundo.

Polegato es un verdadero jeque de los zapatos. Altivo y orgulloso, ocupa la ficha 719 de la lista de los billonarios de Forbes, con una fortuna estimada en 1.8 billones de dólares y es, según esta publicación, el décimotercero hombre más rico de Italia.

 

Objetivo: deportistas de alto nivel

 

─ Un zapato con agujeros. ¿Cómo puede convertirse en negocio?

Hay ideas que nacen en las universidades o en los centros de investigación y otras en momentos más privados e íntimos. La mía tuvo lugar mientras caminaba por el desierto y sentí una molestia en los pies. La verdad no lo pensé mucho.

 

─ ¿Fue un gesto instintivo?

Sí. En esos años no sabía nada de lo que es la industria de los zapatos. Pero, al final, mi buena estrella me ayudó. Hablé con varios investigadores y científicos, consulté libros y descubrí una pequeña membrana impermeable que me ayudó a encontrar la solución. Enseguida, fui a la oficina de patentes.

 

─ ¿Es verdad que al principio quiso vender el prototipo a otros empresarios?

Sí. Por cuatro largos años les ofrecí el prototipo a las grandes compañías del sector y siempre me respondían que era un producto invendible.

 

─ ¿Se lo propuso también a Nike?

Sí, pero tampoco me creyó.

 

─ Y pensar que ahora le pisa los talones…

Hemos crecido muchísimo. Ahora entre nuestros objetivos está conquistar el mercado de los deportistas de alto nivel. Y estamos seguros que tendremos éxito.

 

─ ¿Por qué está tan seguro de eso?

Porque 90% de la humanidad usa zapatos de goma, y tiene problemas de higiene con los zapatos tradicionales, ya que  en general huelen mal y hacen sudar. Estos problemas han sido solucionados por Geox, cuyos zapatos han hecho historia.

 

─ ¿Está hablando de una especie de revolución del zapato? ¿No está exagerando?

No soy un tipo presumido. Son los consumidores los que nos están diciendo que vamos bien.

 

─ Pero, ¿en qué se basa el éxito de Geox?

Por un lado, en nuestras tecnologías. Por el otro, tiene que ver la moda italiana. Los zapatos italianos están posicionados entre los mejores del mundo, por la calidad del cuero, el diseño y el estilo.

 

─ ¿Por qué cree que la moda italiana tiene éxito?

A los italianos nos gustan dos cosas: comer y vestirnos bien.

 

─ Lo que dice es un poco romántico, ¿no?

No. Hoy, a nivel internacional, Italia no sobresale por su política, por su fuerza militar o por el andamiaje de su economía. Por el contrario, se destaca por el diseño de interiores, la moda, la calidad de vida. Vivimos bien y nos gustan las cosas lindas.

 

─ ¿Cómo ha logrado obtener cifras récord en su empresa?

Empecé trabajando con cinco jóvenes. Gente de aquí, de Montebelluna (pueblo en las cercanías de Treviso, al norte de Italia). A estas personas luego se sumaron otras 10, 100, 1,000. Hoy en nuestra empresa trabajan más de 30,000 personas esparcidas en un centenar de países en todo el mundo.

 

─ ¿Tiene más planes de expansión?

Tenemos planes de expansión para América Latina, donde queremos entrar con más proyectos, no sólo con los zapatos que respiran, sino también con las chaquetas que respiran y con los zapatos que pueden sumergirse bajo el agua.

 

─ ¿Dónde está el cerebro de Geox?

En Montebelluna está nuestro cuartel general, donde trabajan 15 jóvenes ingenieros que estudian los movimientos de calor en el cuerpo humano y que crean los nuevos prototipos que luego salen a la venta. En paralelo, también colaboramos con varias universidades italianas y europeas involucradas en estudios de Análisis del Movimiento Humano.

 

Moda y relaciones de poder

 

─ Hoy que es rico y famoso, ¿por qué sigue en el negocio?

Uno de mis sueños es transmitir mis experiencias a los más jóvenes. Por eso trabajo con jóvenes de Cambridge, de la Columbia University y de la Bocconi de Milán, entre muchas otras universidades. Les enseño cómo hacer para transformar una idea en un producto vendible. Muchos tienen buenas ideas, pero lo más complicado es convertir esa idea en algo rentable. Yo les enseño que los pasos a seguir son: crear algo nuevo y luego patentarlo para darle un valor comercial.

 

─ Supongo que ha conocido a muchas personas famosas…

Sí, hace poco me invitó a cenar Duncan Niederauer, el presidente ejecutivo de NYSE Euronext. Quería fundar una asociación de ayuda para niños con problemas de autismo. Estas son las personas que luego se convierten en mis amigos.

 

─ ¿Qué le gana más: ser un creador o un empresario?

Quizá, un creador. Aunque hoy mi empresa es tan grande que también he tenido que desarrollar mis capacidades empresariales y financieras. Desde 2004, la empresa cotiza en la bolsa de Milán y mi familia aún posee más de 70% de las acciones de la compañía.

 

─ En su empresa existe un comité ético integrado por el ex portavoz de Juan Pablo II, el opusdeísta Joaquín Navarro Valls. ¿Por qué?

Sí, no estábamos obligados jurídicamente pero hemos elaborado un código ético para los empleados de Geox. Básicamente se trata de un documento que establece que todo lo que hacemos aquí se hace siguiendo unos códigos. Controlamos que el código se cumpla mediante la supervisión de personas como Umberto Paolucci, vicepresidente de Microsoft Europa, y Navarro Valls. La presencia de Navarro Valls, claro está, no significa que El Vaticano interfiera en nuestras actividades.

 

─ ¿Qué opina de la moda de hoy?

En sí misma, la moda es algo positivo que tiene presencia en nuestras vidas cotidianas. En este mundo no sólo necesitamos fábricas de acero o plantas nucleares.

 

─ Usted también se ha acercado al mundo de la Formula Uno. Los pilotos Sebastián Vettel y Mark Webber, del equipo de Redbull, llevan zapatillas fabricadas en exclusiva para ellos.

Sí, es nuestra última aventura. ¿Por qué lo hicimos? Hemos desarrollado nuevas tecnologías que aún no han salido a la venta y queríamos verificar el funcionamiento de estos productos, antes de sacarlos a la venta.

 

─ ¿Ha usado a Vettel y Webber como conejillos de India?

La razón es que el piloto de la Formula Uno se enfrenta a condiciones climatológicas y psicológicas extremas. Experimentar un producto de esta forma es lo mejor que le puede pasar a un empresario. Además, en general, toda la atención de los empresarios de la Formula Uno  está centrada en las mejoras que se pueden lograr para los autos. Poco o nada se destina a mejorar las condiciones de trabajo de los conductores, y aquí entramos nosotros.

 

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