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Hay sueños grandes; luego están los sueños del tamaño de los de Trump, que exigen ser escritos en letras mayúsculas y se elevan sobre las ciudades.

Son los que empujaron al abuelo de Donald, Friedrich, de Alemania a Nueva York, durante la “fiebre del oro” de Klondike; los que impulsaron al padre del presidente, Fred, a construir un imperio de departamentos en Brooklyn y Queens; y los que empujaron a Donald a los rascacielos de Manhattan y, finalmente, a la Casa Blanca.

Cuando Donald Trump asumió el cargo y dio las riendas a la cuarta generación, sus hijos, Eric y Don Jr, también tenían grandes ambiciones. Pero su plan (irrumpir en el corazón de Estados Unidos con dos nuevas marcas de hoteles con licencia) murió a principios de este año, después de no lograr el impulso necesario.

Eso obligó a los “niños”, obstaculizados por la promesa de su padre (no expandirse internacionalmente mientras estuviera en el cargo), a seguir una estrategia muy poco “trumpiana”.

“Si tenemos que frenar nuestro crecimiento por ahora, estamos felices de hacerlo”, dijo Eric Trump, en un comunicado, cuando descartaron los planes construir el hotel, en febrero. Don Jr agregó: “Cuando la [incursión en] política termine, volveremos a hacer lo que hacemos mejor, que es construir las propiedades más lujosas del mundo”.

De alguna manera, la fortuna de Trump podría realizar una apuesta arriesgada o dos: el presidente tiene un patrimonio de 3,100 millones de dólares (mdd), muy bueno para el número 275 en la lista Forbes 400; es el mismo que hace un año, pero bajó 400 mdd desde que asumió el cargo, aunque Don Jr y Eric están jugando de manera conservadora, atendiendo sus propiedades, pagando deudas y acumulando un tesoro en efectivo.

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Desde la toma de posesión de su padre, han vendido 110 mdd de las propiedades inmobiliarias del presidente, a través de más de 100 pequeñas transacciones que, en su mayoría, han pasado inadvertidas.

En República Dominicana, los Trump más jóvenes vendieron un terreno, en enero de 2018, por 3.2 mdd. Fue la violación más clara de la promesa de su padre de no hacer nuevos acuerdos extranjeros mientras estuviera en el cargo. (La Organización Trump no hizo comentarios para este reportaje.)

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En otros casos, han hecho negocios con aspirantes a personas influyentes que, aparentemente, reconocieron la oportunidad de llenar los bolsillos del presidente. Vendieron la mansión de Trump en Beverly Hills, por 13.5 mdd, a una compañía vinculada al multimillonario indonesio (y socio comercial de Trump) Hary Tanoesoedibjo.

Además, traspasaron un penthouse de Manhattan una mujer que dirige un negocio de venta de accesos a funcionarios chinos. Otros acuerdos no llamarían la atención, si el vendedor fuera alguien más y no el presidente de Estados Unidos.

Sin embargo, con Trump en el Despacho Oval, las cosas pueden ponerse extrañas, por ejemplo, respecto a la venta de aproximadamente 900 mdd de Spring Creek Towers, el principal complejo de viviendas con subsidio federal de Estados Unidos.

Trump poseía una participación de 4%, un remanente del imperio exterior de su padre. El secretario de Vivienda y Desarrollo Urbano, Ben Carson, tuvo que dar su aprobación para que el acuerdo se realizara, según los registros de propiedad.

Eso puso al subordinado de Trump en la incómoda posición de tener que dar luz verde a una transacción que le redituó a su jefe 33 mdd.

A pesar de todas estas ventas, los hijos de Trump han invertido muy poco. Trump Tower recibió actualizaciones menores; un edificio de oficinas de cinco pisos en San Francisco recibió otros
retoques; y los Trump siguen metiendo efectivo en sus complejos de golf europeos, que pierden dinero.

Pero, en realidad, sólo hicieron una nueva compra: la de una mansión de 18.5 mdd al lado de MaraLago, de su tía, Maryanne Trump Barry. No están comprando nuevos campos de golf u hoteles, y otros titanes inmobiliarios de la ciudad de Nueva York han notado la ausencia del presidente en la Gran Manzana.

“Ya no es, realmente, un desarrollador inmobiliario”, dijo el multimillonario de Brooklyn, David Walentas, a Forbes, a principios de este año. En cambio, los “niños” Trump han ido reduciendo la deuda que ayudó a construir el imperio de su padre, pagando “en silencio” unos 60 mdd, desde el
arranque.

En Nueva York, eliminarán unos 19 mdd de pasivos en el número 40 de Wall Street, 6 East 57th Street y 502 Park Avenue. En San Francisco, donde Trump posee el 30% de los rascacielos, junto al Vornado Realty Trust (una empresa fiduciaria de inversión inmobiliaria) de Steven Roth, los hijos han borrado 8 mdd de su deuda.

A finales de 2016, Trump obtuvo un préstamo de 30 mdd, por una torre de Las Vegas que posee con el multimillonario Phil Ruffin, tal vez liberando algo de efectivo para los 12 mdd en donaciones de último minuto para la campaña.

Después de vender docenas de condominios en el edificio, los Trump pagaron ese préstamo.

 

 

 

 

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